Al saber de la muerte del camarada Mauro, queremos ante todo expresar, como militantes comunistas que compartimos con él los objetivos esenciales de la clase obrera, nuestra pena y solidaridad hacia los compañeros de su organización, el BIPR.
Comprendemos la pérdida que representa la desaparición de un militante de este temple para Battaglia Comunista, para el BIPR y, más allá, para la clase obrera en su conjunto y sus minorías revolucionarias.
El combate de nuestra clase, la lucha incesante y frecuentemente discreta por la liberación de la humanidad, ha visto emerger y extenderse muchas generaciones de militantes que consagraron su vida y toda su energía a la emancipación del proletariado.
Cada una de estas generaciones habrá aportado su contribución a nuestro objetivo común. Y, probablemente, cada una habrá creído, concebido, esperado -y sin duda terminado por “creer”- que sería la que vería y estaría en los combates decisivos que verían derrumbarse al orden burgués mediante la insurrección obrera victoriosa que conducente a la dictadura proletaria.
Pero raros son los periodos históricos que abren tales perspectivas catárticas. Raros son los momentos, en la historia, en que las condiciones objetivas llegan al grado de que las fuerzas de clase opuestas y enemigas están en situación de enfrentarse de manera claramente definida, en que nuestra clase, el proletariado, esté a la altura de erguirse en la totalidad de su potencia y de su ser; especialmente ser capaz de hacer emerger su propia organización de clase: su Partido.
La sucesión de generaciones, una cierta “transmisión” política que fue una constante en el movimiento obrero durante décadas, fue cuestionada y reducida a poco debido a la terrible derrota que sufrió nuestra clase con el fracaso de la oleada revolucionaria que triunfara –por un tiempo- tan magníficamente en el Octubre Rojo.
¡Tuvo que ser ardiente, este “asalto al cielo” del proletariado en la oleada revolucionaria de 1917-23, para que algunos militantes, templados en su fuego, tuvieran la fuerza para mantenerse fieles a su ideal, a su clase, a sus principios, a todo lo largo de décadas de contrarrevolución!
La historia quiso que fuera la Izquierda Comunista salida –especialmente- del Partido Comunista de Italia, la que perdurara y enjambrara; la que preservara e hiciera vivir de manera colectiva y organizada las lecciones de la oleada revolucionaria de los años 1920. Esas lecciones preciosas pudieron transmitirse a las generaciones de militantes obreros que surgieron, a su vez, en los años 1950, 1960 y posteriormente. Es de ese patrimonio que extraemos nuestra fuerza; es de la convicción y sencillez de los camaradas a través de quienes nos fue transmitido, que extraemos nuestra confianza en la clase.
El camarada Mauro fue de los muy raros militantes que tuvieron el privilegio de haber sido nutridos, por decirlo así, por el seno de la experiencia comunista de nuestra clase.
De los que, como él, son los descendientes directos de los combatientes de los terribles años de 1920 a 1960, de los Damen, de los Fortichiari, de los Stefanini, y supieron mantenerse en la vía trazada por la generación precedente, que aportaron, y aportan, una experiencia y una riqueza indispensable a nuestra generación y a las siguientes. Estamos conscientes de lo que debemos a estos camaradas que supieron trasmitir y hacer vivir el “patrimonio” de nuestra clase y de sus organizaciones, estamos conscientes de nuestra propia responsabilidad de mantener una observancia crítica intransigente hacia estas lecciones y esta herencia.
Perdimos al camarada Mauro Jr en una situación que, desde hace algunos años, parece abrirse hacia nuevas perspectivas para el proletariado. ¡Es una de las terribles ironías de la historia!
Tenemos la convicción de que Mauro habría sabido aportar luces sobre las orientaciones a tomar. Pero tenemos también la convicción de que la fuerza colectiva de su organización y de los grupos del campo proletario sabrán paliar esta pérdida.
Perdemos también a un camarada cálido, seguro de sí mismo y de sus posiciones, sin esa fanfarronería o autosuficiencia que su pasado podría haberle conferido, pero que su experiencia le había enseñado a rechazar. En suma, ¡perdemos también a un amigo!
Para terminar, queremos volver sobre el hombre que conocíamos muy poco, sin duda, pero suficientemente como para haberle escuchado burlarse de la enfermedad que debía llevárselo, al hablar de la “pluma” que le irritaba la garganta. Cuando le daba un acceso de tos durante una discusión ¡Ma! E la piuma! decía sonriendo.
¡Hasta luego, la Piuma!
Proseguiremos tu combate y nos esforzaremos de estar a la altura de esta “línea” de militantes que, como tú, lograron trasmitir su pasión del combate por el comunismo y hacer vivir, a través de las generaciones sucesivas, la experiencia de las generaciones pasadas.
La fracción interna de la CCI.
Fracción interna de la CCI - Boletín 31