SITUACIÓN INTERNACIONAL
El aguijón de la crisis económica

Las últimas semanas han estado marcadas, en el plano de los conflictos imperialistas, por la continuación y la agravación de las dificultades de las tropas de la coalición en Irak, por la “revelación” y la escenificación de las torturas hacia los prisioneros irakíes por parte de la soldadesca de esta misma coalición.

Parte de esas dificultades de los EUA y sus aliados en el país está ligada al hecho de que sectores cada vez más importantes de la burguesía local se les oponen violenta y abiertamente. Está en juego de entrada la defensa de sus propios intereses económicos y políticos pero, sobre todo, esas fracciones burguesas locales saben cómo apoyarse, para defender sus intereses, en la cólera de la inmensa mayoría de la población irakí que sufre directamente, desde hace más de un año, la ocupación militar salvaje que no aporta sino más miseria, más opresión, más masacres y persecusiones permanentes.

Está claro, además, que esas fracciones de la burguesía local no podrían, por sí solas, ofrecer una oposición por poco sólida que sea al engranaje compresor del ejército estadounidense sin el apoyo, discreto pero eficaz, de todos los que, a nivel mundial, buscan oponerse a la primera potencia mundial, y entre los cuales figuran en buen lugar los principales rivales imperialistas de los EUA (Alemania, Francia, Rusia, etc.).

Pero estas últimas semanas, es en otro terreno que ha evolucionado la situación: la crisis económica atrae la atención de la burguesía.

La llamarada del costo de las materias primas

Los medios de difusión burgueses hablan principalmente del encarecimiento del precio del petróleo. El barril ha superado los 40 dólares y nada parece indicar por el instante un vuelco de la tendencia. Los países de la OPEP han proclamado el desarrollo de la extracción, Arabia Saudita podría acrecentar su producción de 2 millones de barriles por día, Libia –vuelta recientemente dócil ante las presiones de EUA- puede hacer los esfuerzos que quiera, de nada vale, el precio del petróleo sube.

Paradoja aparente, ¡los stocks no están en el nivel más bajo, lejos de ello! Y si bien se deben tener en cuenta las dificultades -¡es un eufemismo!- para extraer el oro negro de Irak, en cuanto al aumento de las primas de seguro ligadas a los riesgos en la principal región productora, esto no es suficiente para explicar el fenómeno. Repetimos que los stocks disponibles son suficientes y que la producción es al menos igual a la de hace solamente dos o tres años. Pero sobre todo, no son solamente los precios del petróleo los que trepan; la mayor parte de las otras materias primas están en el mismo caso.(1) Tal es el caso de casi todos los metales (excepto el hierro): alumini, estaño, cobre, etc. Este fenómeno del aumento de los precios de las materias primas tiene un sentido muy particular para el marxismo ya que indica un momento crucial en la evolución de la crisis económica.

Nos detendremos esta vez en este aspecto de la cuestión, a sabiendas de que deberemos volver sobre los aspectos más políticos y “diplomáticos”, sobre las relaciones de fuerza imperialistas, en un boletín próximo.

El fin de los efectos de un relanzamiento

Ya hemos tenido la ocasión de decir en este boletín (ver por ejemplo los Nº 14, 22 o 24) que el cambio en la situación internacional subsecuente a los atentados del 11 de septiembre de 2001, no hacía más que expresar la necesidad para el capitalismo como un todo de reaccionar ante la crisis económica que, luego del estallido de la burbuja llamada “de los valores tecnológicos” hizo una reaparición estruendosa en el escenario. También hemos dicho que las medidas de relanzamiento iniciadas por los EUA se refirieron casi exclusivamente al sector militar. A diferencia de lo que se podía observar en las situaciones análogas que ocurrieron en las décadas anteriores, los países europeos (al menos los principales: Alemania, Francia, etc.) no se deslizaron en la lógica norteamericana sino que, por el contrario, adoptaron medidas del mismo tipo (y en competencia esta vez) esforzándose por integrar los sectores militares de los diferentes países del continente europeo y comprometiéndose a su vez por hacerlo con una política de endeudamiento concurrente con la del rival EUA. Así, las políticas establecidas por la burguesía para responder a los efectos de la crisis están en adelante marcadas por el sello de la oposición entre los dos grupos de potencias que se hacen frente de manera cada vez más evidente, por el sello de la bipolarización.

La crisis económica que ha entrañado el compromiso de los EUA en la política guerrera a marchas forzadas, en Afganistán y luego en Irak, ha desembocado en una diferenciación por parte de los principales competidores imperialistas ante la primera potencia mundial. Alemania, Francia en un primer momento, después un número creciente de otras potencias, han sido llevadas a oponerse al patrón EUA en el plano militar y, lógicamente, en el plano económico. El plan de relanzamiento de los EUA se quema porque el frente imperialista resultante del final de la segunda guerra mundial está roto. Dos hechos, dos situaciones ilustran esto de manera explícita: la cuestión de la “competencia” euro-dólar y la actitud frente a China (y en menor medida ante la India).

Deslocalizaciones y dominio regional

Las deslocalizaciones (esto es, la transferencia de algunas producciones hacia regiones con costos de mano de obra menores) no son una novedad. Desde hace muchos años, las grandes empresas capitalistas se han vuelto multinacionales y tienden, lógicamente, a instalar sus unidades de producción en las regiones del mundo donde los beneficios son mayores. Lo que cambia es que la importancia de las reservas de algunos países basadas en bonos del tesoro de EU pone a esos países (China, India, por ejemplo) en posición de fuerza relativa respecto a los EUA. Al mismo tiempo que el capital estadounidense tiene necesidad de apropiarse del trabajo vivo, de explotar la mano de obra local, esos países detentan un medio para aprovechar su alianza. Si bien una parte de la deuda EUA que detentan se transformara en la moneda concurrente, el euro, la potencia americana se vería ampliamente debilitada. Se ve, pues, una convergencia entre los aspectos estrictamente económicos y los aspectos imperialistas en sentido militar. Las potencias europeas, cada vez más abiertamente opuestas a su antiguo patrón americano tienen, también, necesidad de la mano de obra barata de esos países para mantenerse competitivas en el mercado mundial, al mismo tiempo que les hace falta desarrollar su dominio imperialista para poder pretender jugar un rol actualmente, y más aún, mañana. Es en adelante la competencia abierta entre los dos “polos”, el de EUA de un lado, y el europeo del otro(2), la que da la posibilidad a algunos países de defender sus intereses lo mejor posibles, en el mismo sentido en que esta competencia y esta bipolarización obligan a cada burguesía nacional a situarse en relación a uno u el otro. Así, una de las causas de la llamarada de los precios de las materias primas está ligada a las enormes necesidades de energía, metales, etc., que aparecen actualmente en los países llamados emergentes, y que son ahora zonas de expansión y de delocalización de la producción capitalista, a la vez que retos geoestratégicos e imperialistas de primer plano. Es nuevamente la bipolarización la que da un giro particularmente agudo a la crisis que, en este sentido, “vuelve por Asia”.

Los límites del rey dólar

La crisis de las materias primas nos es presentada como una crisis del petróleo. Al mismo tiempo que esto es terriblemente reductor, hay algo justo en esta presentación. Si bien el alza de los precios de las materias primas no afecta solamente al petróleo y afecta también a muchos otros productos, una cosa particularmente significativa de esta situación es que los países de la zona euro son, relativamente y por el momento, menos afectados que los EUA y los países dependientes del dólar. Debido a que el mercado del petróleo, entre otros, está basado en la moneda de EUA, y que baja el curso de ésta en relación a la moneda europea, los efectos del encarecimiento del petróleo se sienten menos en los países bajo el euro. Esto puede durar algún tiempo, pero debe encontrar una salida de una manera u otra. Los EUA tienen todo el interés de que su moneda siga dominando y continúe siendo la referencia para los intercambios de energía, mientras los europeos no tienen inconveniente de que su factura petrolera sea más ligera debido a la ventaja del cambio. Pero los países productores, a plazo, no pueden aceptar cobrar en una moneda que, en el mercado mundia, se desmorona frente a la moneda concurrente. Primero porque sus haberes etiquetados en dólares pierden valor y, luego, porque las mercancías que requieren y deben encontrarlas en el mercado y en moneda europea les resultan más caras. Sin contar que, mientras el petróleo se venda en dólares –y solamente en dólares- están prisioneros de la potencia norteamericana. Se podría, pues, apostar a que algunos países productores de petróleo sean llevados a actuar de tal modo que sus ventas de petróleo sean giradas en euros, lo que implicaría, por parte de los países europeos exigencias acrecentadas en cuanto a la influencia que ejercer en los mercados locales. Una vez más se encuentra en la base de estas cuestiones la oposición entre los intereses imperialistas de los diferentes países y, a fin de cuentas, la bipolarización creciente del mundo capitalista.

No hay ni que mencionar que esas tendencias, esta dinámica, son solamente una línea de fuerza, poco visible y dependiente de numerosos factores que todavía no se cumplen. Sin embargo, la situación en Asia viene a dar cuerpo a esas tendencias ya que, allí también, las tensiones entre imperialismos rivales se exacerban.

Los retos chino e indio

Estos dos grandes países de Asia representan casi un tercio de la población mundial al mismo tiempo que son, hasta el presente, potencias de segundo o tercer orden a nivel económico y político en el escenario mundial. Sin embargo, la “mundialización”, la “globalización”, las “deslocalizaciones” de empresas de los países centrales del capitalismo hacia esas regiones, si bien han podido, durante un tiempo, retardar y amortizar los efectos más terribles de la crisis económica para las potencias dominantes, llegan en la actualidad a un punto de ruptura. No solamente por el hecho de que las industrias de esos países funcionando plenamente ejercen una presión al alza de los precios de las materias primas de las que tienen una necesidad imperiosa para poder seguir funcionando; no solamente por el hecho de que el inicio de modernización de la estructura de esas empresas implica ya, en el lugar, un desempleo que afecta a decenas de millones de proletarios; no solamente por el hecho de que las “deslocalizaciones” de las fábricas europeas y norteamericanas hacia esos países conducen a agotar la demanda y los mercados de los países desarrollados en proa al desempleo masivo y permanente; sino que también la restructuración y el redespliegue del capital con los cuales la burguesía veía con esperanza el freno (si no la detención) de la baja de las tasas de ganancia, este redespliegue y esta restructuración llegan a su límite. (3). La enorme demanda de materias primas y energía por parte de países como China e India –demanda que es una de las causas fundamentales del encarecimiento de estos productos- es el signo precursos de que los aparatos productivos de estos países están acercándose a los de los países centrales del capitalismo de Europa o de América del Norte. Es el signo de que el próximo episodio de la crisis afectará también a esta región del mundo. Y que el plazo se aproxima.

Pero esto no excluye en nada el hecho de que la lógica del modo de producción capitalista no puede más que empujar a los capitales a invertirse en esas regiones, a las empresas “deslocalizar” su producción en Asia y, por tanto, de que la contradicción se agudice.

Si a esto se añade que la lógica imperialista obliga a las potencias de primero y segundo orden a tomar posición en esta región por razones directamente económicas y a la vez más claramente estratégicas, no se puede uno hacer ilusiones sobre el porvenir de las relaciones entre China e India, entre esta última y Pakistán, entre las repúblicas del sur de la antigua URSS (Afganistán, Uzbekistán, Kazajastán, Kirgijistán, ...) y Rusia, etc. Todo el juego de las principales poetencias mundiales consiste, como en un juego de ajedrez (o para el caso como en un juego de go) en ocupar posiciones locales y reducir el margen de maniobra de los adversarios. Por supuesto, algunos países pueden pretender a un papel de potencia regional (China o Pakistán, por ejemplo) pero sólo algunas potencias tienen la envergadura suficiente como para poder acceder a un rol mundial en el plano imperialista. Las potencias “regionales” no tienen otra elección que inscribirse en el juego de esas potencias “globales”, mercadear su participación en función de su control real, de su capacidad para dominar una región.

Paroxismo de las contradicciones

Hasta el presente (desde el hundimiento del bloque soviético, de hecho) los EUA han sido el único país que ha podido pretender a un rol global en el plano imperialista. Pero desde hace más de un año y medio ya, Alemania y Francia se han puesto a la cabeza de un “polo” imperialistas cuyas ambiciones son también globales y están en contradicción con las de los EUA (ver nuestro texto Un nuevo periodo se abre, boletín Nº 14, noviembre 2002). La agravación de las tensiones entre los EUA y algunos de sus antiguos aliados europeos, la tendencia a la bipolarización del mundo que se desprende de allí, la obligación para cada burguesía nacional de situarse en relación a esta configuración imperialista, todo ello se elevará a un nivel todavía más agudo con la agravación de la crisis económica.

La crisis económica, cuya reemergencia a principios del año 2001 provocó el enrolamiento de las grandes y medianas potencias imperialistas en la lógica guerrera, hace pues su reaparición luego de dos o tres años de nuevos aumentos militares y de fuga hacia adelante en el endeudamiento. Pero, según la lógica dialéctica enunciada por Marx y Engels, ésta se manifiesta en un nivel superior ante una burguesía enredada en contradicciones cada vez más insuperables. Porque, si la crisis vuelve con fuerza, las tensiones guerreras que ha provocado no disminuyen, ¡sino al contrario!

Crisis económica cada vez más profunda y sin salida, tensiones imperialistas y engranaje guerrero en África (Costa de Marfil), Irak y, de manera amenazante, en varios países del Cercano Oriente, en el sur de Asia; el mundo capitalista de este inicio del siglo XXI ofrece una imagen contundente de su realidad profunda.

La fuga hacia adelente en el sector armamentista

Esta realidad profunda se vuelve del todo visible si uno se detiene un poco sobre la evolución de los gastos militares de loss principales países en los dos o tres últimos años. Las muestras de elementos que damos aquí no necesitan grandes desarrollos, son por ellos mismos suficientemente explícitos. Los retomamos tal cual de los despachos de la AFP del 11 de junio de 2004:

Los gastos militares en el mundo han progresado 11% en 2003, arrastrados por el esfuerzo de guerra americano, según el último informe, publicado el miércoles, del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI). Los gastos militares mundiales, que habían bajado fuertemente en la década 1989-1999 luego del fin de la guerra fría, han aumentado en 2003 por quinto año consecutivo, volviéndose más pesadas la facturas cada vez más rápido.

Según estima el SIPRI, éstas se han elevado –en términos reales- en 11% en 2003, es decir en 956 mil millones de dólares (777 mil millones de euros), esto es el 2.7% del producto interno bruto mundial, y 152 dólares por habitante. Si se toma en cuenta el debilitamiento del dólar, el alza es de 3.5% en términos brutos.”

Así, el mundo ha gastado, en 2003, 18% más por sus armas que dos años antes, mientras que 2002 había sido ya un “buen año” en materia de armamento (aumento de 6.5% en ese año), anota finalmente el Instituto de Estocolmo.

Y si se tomaen cuenta una tasa de cambio del dólar a precio de mercado, los Estados Unidos han representado el año pasado el 47% de los gastos militares mundiales ellos solos. Los cinco primeros países que han gastado –Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Francia y China, en ese orden- llegan juntos al 65% del total.

Si en cambio se toma en cuenta el poder de compra de las monedas locales y no solamente su tasa de conversión frente al billete verde, los Estados Unidos siguen siendo el número uno en presupuesto militar delante de China, India y Rusia.

Son, como en los años anteriores, además de los Estados Unidos, Europa Central y Oriental (en el marco de la integración de la OTAN), Rusia (+14%) y Asia los que han aumentado más sus esfuerzos en materia de armamente el año pasado.

En Medio Oriente, los presupuestos han aumentado 10% el año pasado: la guerra en Irak ha empujado a los vecinos rearmarse, especialmente Irán y Kuwait.

El gasto militar en cambio se ha mantenido estable en Europa Occidental, si bien se han notado aumentos en Gran Bretaña y Francia”.

Cada información citada aquí contribuye a dar una imagen clara y explícita de la “marcha hacia la guerra” que nuestra fracción viene analizando desde hace ya casi dos años. También según la AFP, la contrapartida de esos “esfuerzos de guerra” y de este despegue de los presupuestos militares, son las “difíciles reformas estructurales”, que nuestra clase sabe que significan ataques contra sus condiciones de vida, desempleo, golpes claros en los presupuestos sociales, etc.

Savannah (Estados Unidos), 11 de junio: Los dirigentes del G8 han saludado el fuerte crecimiento mundial durante su cumbre de Sea Island pero, para cuidarla, han prometido difíceles reformas estructurales con el fin de evitar que, como ha sucedido frecuentemente en el pasado, no se caiga como un suflé. En ausencia de un crisis mayor o inminente, el expediente económico fue uno de los menos espinosos de la cumbre”.

Que las medidas contra la clase obrera, púdicamente bautizadas como “reformas estructurales”, no constituyan un “expediente espinoso” para la burguesía, lo dudamos un poco. Siempre ha estado claro para los marxistas que los diferentes sectores nacionales de la burguesía, cualesquiera que sean por otro lado los conflictos de intereses que les dividen, saben unirse para combatir a nuestra clase. ¡Gracias a estos señores de por lo menos poner los puntos sobre las “i”!

La fración, junio 9, 2004.


Notas:

1. Nos referimos aquí a las materias primas industriales, como por ejemplo los metales. Los productos agrícolas no están, por lo pronto, sujetos a la misma lógica.

2. Repitamos que, cuando decimos, para abreviar, “europeo”, entendemos de entrada la pareja germana-francesa, la que no identificamos con la Unión Europea, estructura que remite al periodo anterior a 1989 y que, actualmente, tiende a no ser ya más que un campo cercado que se disputan los dos principales polos imperialistas actuales.

3. Sin extendernos aquí sobre el tema, notemos solamente que, si bien la deslocalización de unidades de producción hacia regiones donde el costo de la mano de obra es menos elevado permite al capitalismo producir a menor costo, esto no es más que anecdótico desde el estricto punto de vista marxista. En efecto, lo que importa, desde este punto de vista, es que en las zonas en que los medios de producción (máquinas, etc.) son relativamente arcaicos, la relación entre el capital constante y el capital variable (C/V) es débil, y la composición orgánica del capital también. Es decir, que en una cantidad de mercancías producidas con un capital dado, la parte del trabajo vivo (los salarios) es proporcionalmente más importante que la parte del capital constante (las máquinas, materias primas, etc.) y la tasa de plusvalor, así como la tasa de ganancia, más importantes. Ver al respecto las demostraciones de Marx en “El Capital”, Libro primero, cap. 4, 5 y 6 y Libro tercero cap 6. Marx muestra también que la ecuación de la tasa de ganancia regula, a plazo, el desfase entre los capitales más “modernos” y los más “arcaicos” mediante el juego de la masa de ganancias engendrada por una producción más amplia.

Boletín Comunista Nº 26 - Fracción Interna de la CCI