En un primer artículo, mostramos cómo se construyó la CCI, y cómo llevó a cabo un combate permanente con miras a reagrupar las energías revolucionarias, grupos o elementos aislados, alrededor de las posiciones comunistas.
Ante los primeros signos de aceleración brutal de la crisis económica (1967-68) el pequeño grupo que daría nacimiento a Internacionalismo (Venezuela) y luego a Révolution Internationale analiza que un cambio de periodo está en curso y las primeras luchas que estallan en Francia en 1968 inauguran un trastocamiento en la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado.
Esta situación exigía que se estableciera un proceso que permitiera iniciar la discusión, confrontar las posiciones y desacuerdos alrededor de las cuestiones fundamentales que surgían a favor de esta situación y que requerían de un posicionamiento claro, especialmente por parte de los grupos que habían sobrevivido en un terreno revolucionario al largo periodo de contrarrevolución. Estas cuestiones eran múltiples: naturaleza de la revolución de 1917, naturaleza de los países del Este, naturaleza de la crisis económica, responsabilidades de los revolucionarios, necesidad del Partido. Pero su denominador común era este: hemos entrado en un nuevo periodo en el que la alternativa de guerra o revolución vuelve al frente del escenario.
Además, esta situación implicaba un combate decidido contra todas las viejas desviaciones que la burguesía ponía de moda y detrás de las cuales buscaba implicar al proletariado: luchas de “liberaciones nacionales”, luchas “parcelarias” (liberación de la mujer, de las costumbres...) vía pacifista y reformista (parlamentarismo) como única posibilidad de pasar del sistema capitalista a uno comunista, además desnaturalizado.
Finalmente, y sobre todo, el combate contra las concepciones antipartido y antiorganización que se multiplicaban supuestamente para asegurar una ruptura con el stalinismo.
Desde entonces Révolution internationale se dedicaría a establecer o renovar los contactos a nivel internacional teniendo como primer objetivo el lanzar esta discusión, integrar e implicar las energías revolucionarias en este proceso, para permitir por este medio que se hiciera una selección de las fuerzas auténticamente revolucionarias, que se demarcaran así claramente las diferentes corrientes para permitir la creación de un verdadero polo de referencia de las posiciones de la Izquierda comunista.
Y efectivamente, en los años 1970-1980 se desarrollan los debates más ricos entre las organizaciones revolucionarias y en el interior de ellas: bajo el doble efecto de la evolución de la situación general y del desarrollo del debate (encuentros, conferencias, polémicas en la prensa, reuniones públicas comunes), el medio político evoluciona. Las organizaciones ligadas con la tradición política y organizativa de la Izquierda comunista afirman sus posiciones y logran constituir un real polo de referencia sobre las posiciones esenciales y vitales a la vez que mantienen su diversidad. A pesar de sus diferencias y de discusiones ásperas y frecuentemente virulentas, éstas no dejan de ser un punto de apoyo esencial para la orientación política de la reflexión, un punto de respiro vital para todas las energías que surgen en el seno de la clase, en búsqueda de las posiciones comunistas.
Paralelamente, con el tiempo se va operando una decantación. Es así como progresivamente los grupos y elementos fuertemente marcados por la ruptura orgánica ligada a cincuenta años de contrarrevolución, así como por el medio estudiantil del que con frecuencia han surgido, transportan la más terrible confusión sobre las cuestiones de la hora, preconizando la mayor de las veces la dispersión en nombre de la originalidad, volviéndose promotores del no debate con el argumento de que “todo eso no hará avanzar la historia”, todos ellos desaparecen unos tras otros. La primera parte de nuestro artículo evoca así una multitud de grupos y grupúsculos surgidos en este periodo y que no resistieron al viento de la historia.
Al inscribirse en ese proceso de reagrupamiento, al utilizar para esto medios y métodos tomados de la historia, de toda la historia del movimiento obrero, la CCI no se ilusionaba sin embargo sobre un resultado inmediato. Era en un proceso en lo que se comprometía, en un combate que podría ver resultados solamente a largo plazo. Y si por ventura este proceso podría traducirse en una obtención inmediata de fuerzas militantes (ampliación de la CCI a varios continentes) esto no era despreciable, pero después de todo relativamente secundario en relación a la prioridad que constituía la creación y sistematización de un lugar de debate, confrontación y defensa de las posiciones comunistas, y la constitución de un verdadero polo internacional de la Izquierda comunista.
Es completamente diferente la política que sigue la actual CCI casi exclusivamente vuelta hacia un rechazo a la discusión, un desprecio total en relación a las posiciones y análisis planteados por los otros grupos del campo proletario tal como éste se afirma en la actualidad. El peligro de sectarismo que combatió durante treinta años es en el que ahora se sumerge, y peor aún, lo eleva como medio de supuesta resistencia, como supuesto remedio, como receta establecida, ante las crisis internas que encuentra necesariamente toda organización revolucionaria.
Toda su práctica anterior, sus análisis, sus posiciones programáticas son actualmente revisadas una por una a la luz de su nueva visión del periodo, en la cual la descomposición se ha vuelto el eje determinante de la situación, visión que va en el sentido de enterrar definitivamente la alternativa histórica planteada y defendida por los revolucionarios: la de guerra o revolución.
Lógica en su deriva, pero terriblemente gangrenada por su sometimiento a esta nueva teoría destructiva y ahistórica, llega a renunciar a su práctica anterior, si no es que a condenarla sin por ello juzgar necesario defender pública y seriamente su nueva orientación, a pesar de las interpelaciones constantes que le son hechas (por lectores, grupos revolucionarios, sin olvidar nuestra fracción). Etapa decisiva en esta trayectoria es la renuncia, reivindicada como prueba de lucidez política, a la intervención sobre y en la situación que se desarrolla ante nuestros ojos: sobre la guerra y los preparativos para ésta por la burguesía, sobre la reanudación de las luchas obreras. Y hecho también significativo, la CCI actual ha terminado por abandonar toda política de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias alrededor de las posiciones comunistas. Es lo que ilustraremos en este texto.
Por primera vez en toda su historia, se ve a la CCI acumular súbitamente, en algunos años, todo un conjunto de prácticas que están en completa contradicción con los principios y prácticas defendidos durante más de treinta años, sin que aparezca nunca una traza de explicación política seria.
Descartemos de entrada el falso proceso (uno más) que se nos podría hacer, según el cual tendríamos una concepción puramente democrática del programa comunista. Lejos de nosotros la idea de que toda cuestión, toda idea surgida del primer llegado debe ser sin retraso el objeto de una movilización de todo el medio proletario; aún menos que toda cuestión zanjada por la historia de la clase obrera misma debe sistemática, imperativamente y dejando todo lo demás de lado, ser objeto de cuestionamiento. Este método que es expresión del inmediatismo pequeñoburgués, lo dejamos a todos los innovadores tan frecuente e implacablemente combatidos por los marxistas, y cuyo porvenir nos lo indica la quiebra vergonzosa de todos los grupúsculos e individuos que, por haber preconizado este tipo de método, se asfixiaron a sí mismos en los años 1970-80.
Pero las cuestiones contenidas en un periodo dado, que requieren se descifre los acontecimientos sobresalientes en una situación dada, la tendencia dominante, determinante que estos indiquen, y para hablar más concretamente, acontecimientos tales como una sucesión de luchas obreras a nivel internacional, o también una sucesión de situaciones de crisis en una organización revolucionaria, todas estas cuestiones deben considerarse a fondo, ser examinadas con las armas de la crítica por el conjunto de las fuerzas revolucionarias.
Durante más de treinta años, la CCI desarrolló un esfuerzo constante y obstinado para organizar lugares de discusión abiertos a todos, grupos proletarios y elementos aislados. Los extractos de prensa dan testimonio del esfuerzo constante por animar la confrontación de las posiciones en sus propias reuniones públicas. Igualmente, la CCI siempre ha tenido el honor de participar activamente en las reuniones organizadas por los otros grupos, como ha sido siempre la tradición en el movimiento obrero.
Hemos visto que, hasta hace poco, frente a sus oposiciones y en particular los que desertaban del terreno del combate en el interior, la CCI siempre tuvo como política tratar por todos los medios de continuar (o iniciar) el debate abiertamente y si era posible públicamente, para que todas las cuestiones políticas en divergencia fueran planteadas, clarificadas hasta el fondo y finalmente zanjadas organizativamente en un sentido u otro, para impedir que los reproches personales contaminaran la discusión estrictamente política. Los ejemplos significativos de esta voluntad son múltiples, pero el más patentes es el de la invitación hecha al PIC (Pour une Intervention Communiste) fresca y altivamente constituido, para que debatiera públicamente las divergencias que le oponían a la CCI(1). El PIC rechazaba en aquélla época este campo de expresión argumentando para ello con los motivos más estúpidos. Ahora, es la CCI actual la que se encuentra en el pellejo del PIC, es ella la que adopta y musicaliza la huída ante el debate. ¿Es porque está consciente de nuestra determinación que la CCI no se aventura a reiterar esta propuesta? No. La simple exposición cronológica del comportamiento de la nueva CCI estos últimos años es suficiente para verificar que se trata de otra línea política que ha terminado por vencer, poniendo final a la orientación hacia la apertura y el debate político.
- Durante la reunión pública en París del 19 de enero de 2002 cada uno de nosotros (futuros miembros de la fracción) recibió discretamente un pequeño mensaje en un papel arrugado demandándonos “comunicar al presidium nuestra eventual intención de intervenir, así como los ejes de esta intervención”. En esa época, hay que señalarlo, todavía éramos militantes de la CCI y no éramos objeto de ninguna prohibición oficial de intervenir públicamente. Este pequeño hecho puede parecer benigno pero tal práctica no había tenido ciudadanía en la CCI hasta entonces; además era ya significativo del grado de renuncia al combate político que se instalaría rápidamente.
- Algunos meses más tarde, una reunión pública en México es pura y simplemente anulada por la sección local porque los militantes de nuestra fracción están presentes y quieren defender su punto de vista sobre el tema de la reunión. A la cobardía política se suma, en este caso, la irresponsabilidad y el desprecio hacia todo elemento aislado que tuviera la idea (¿descabellada?) de buscar un lugar de discusión y reflexión política ante la CCI actual.
- En París de nuevo, se intenta (marzo 16, 2002) prohibirnos la palabra, y no es más que ante la insistencia de algunos simpatizantes que logramos exponer nuestro punto de vista sobre la situación internacional y los preparativos guerreros (véase nuestro informe sobre esta reunión en el boletín 8). Nuestra intervención y los puntos de vista diferentes que oponemos al análisis desarrollado por la CCI, todo esto será voluntariamente ignorado, manifiestamente bajo la orden de la dirección “liquidadora”, y poco importa la gravedad de la situación y la importancia de las cuestiones planteadas.
- Un paso decisivo se da durante la Reunión pública en París el 29 de junio de 2002, cuando la CCI nos prohíbe la palabra refiriéndose a una supuesta “moción” (¡por supuesto nunca publicada y que jamás nos fue comunicada!) emanada de no se sabe dónde, vagamente balbuceada por el presidium de esta reunión que “mandataba” a la CCI y sus militantes, no solamente a prohibirnos la palabra en las reuniones públicas sino también a “romper toda relación política, personal, amistosa... con los miembros de nuestra fracción” (ver nuestro texto ”Hasta dónde irá la ‘nueva’ CCI en el abandono de sus principios” en el boletín 12). Frente a esta actitud que confirmaba la deriva sectaria que habíamos identificado desde antes, escribíamos en el mismo texto: “Lanzamos este llamado a todos los grupos, a todos los militantes (incluidos sobre todo a los de la CCI) y a todos los simpatizantes de la Izquierda comunista: ¡no ignoren lo que pasa con la CCI actualmente! Intervengan en sus publicaciones, en los encuentros que puedan tener, con los contactos, etc... Un número importante –a la escala de las débiles fuerzas revolucionarias actuales- de militantes son arrastrados a un atolladero político y, a plazo, en la desesperanza y el abandono del combate de clase. La deriva actual de la CCI –cualesquiera que sean nuestros desacuerdos políticos- solamente puede perjudicar y desacreditar al conjunto de la tradición de la Izquierda comunista. De polo de reagrupamiento y referencia política, la CCI se está volviendo –es ineluctable si el proceso actual llega a su término- en un obstáculo para el reagrupamiento, reagrupamiento comprendido en el sentido de discusión y clarificación políticas, de las fuerzas revolucionarias. Se vuelve el parásito de la Izquierda comunista. Su repelente”. (subrayado por nosotros)
El proceso no podía sino ser impulsado más lejos, en dirección de los grupos del campo proletario sobre los cuales la CCI hará insistentes presiones con el fin de que rompan a su vez toda relación con nuestra fracción. El objetivo es simple: consiste menos, en verdad, en aislar a nuestra fracción, que en intentar por todos los medios impulsar en el seno de los grupos de la Izquierda comunista, un ambiente de desconfianza recíproca, de encerramiento, de sectarismo. Fracaso. Porque los grupos del campo proletario dieron prueba en este plano de una madurez y experiencia que la nueva CCI no podía prever: en adelante son los retos de la situación los que orientan su intervención y no las maniobras groseras y mezquinas de una CCI paranoica.
- Un camarada de la fracción (militante de la CCI hasta 1995) tiene aún la posibilidad de intervenir porque no se le reprocha ningún hecho. Al que no tenga, se le inventa una nueva regla: antes de poder intervenir sobre el tema al orden del día, se le conmina a pronunciarse previa y públicamente “sobre el caso Jonás”, y como rechaza aceptar las infamias que la CCI dirige contra este camarada, entonces se le indica que en adelante tendrá que callarse.
- Algunas reuniones más tarde, como persistimos en estar presentes y querer defender nuestros puntos de vista sobre las cuestiones de análisis político (ver en nuestros boletines los diferentes informes y proyectos de intervención), públicamente y “sin discusión posible” (¡sic!) se nos prohíbe la presencia y se nos declara también públicamente persona non grata.
Allí donde la verdadera CCI habría impulsado, provocado la discusión pública sobre un terreno político, la CCI actual recurre a los más vergonzosos motivos para justificar su huída ante el debate y la confrontación de los desacuerdos.
La CCI siempre ha defendido este otro principio que consiste en informar sobre estas reuniones en su prensa, con el fin de informar a los lectores, dar cuenta de las posiciones que se confrontaban, comentarlas, enriquecerlas o criticarlas. No es una casualidad que las diferentes prensas territoriales de la CCI consagraran una rúbrica específica, con frecuencia sustanciosa a estos informes de reuniones públicas. Esta orientación destaca igualmente de manera clara de los extractos de prensa que hemos reproducido.
La CCI actual ha terminado por renunciar igualmente a la defensa de este principio. Peor que ello, ahora afirma, al contrario, que esta práctica es contraria a la tradición comunista. Es así como la publicación de tales informes se asimila a un “acto de espionaje”, “¡un trabajo digno de los agentes de información!”, “una ilustración irrefutable de una actitud policíaca” y los militantes que “vienen a nuestros reuniones llenando sus libretas de copiosas notas” son denunciados como “soplones abiertos y probados” que “chivatean gratis y por su propia voluntad”. (RI 338 – septiembre 2003. Las reuniones públicas de la CCI prohibidas a los soplones).
En cuanto a las reuniones públicas de los otros grupos del medio, la CCI, en este plano también, da completamente la espalda a la política que siempre había sido la suya. En tanto que siempre combatió en el pasado, incluido en sus propias filas, contra las vacilaciones a afirmar una presencia política regular en todos los lugares de discusión y en particular en las reuniones celebradas por los grupos del campo proletario, actualmente deserta de esas mismas reuniones, también “regularmente”, en particular de donde su nueva política tiene el riesgo de ser denunciada concretamente... en nombre de los principios mismos de la CCI y de donde la puesta en evidencia de la traición de estos últimos no podrá ser desmentida por sus miembros actuales.
Estos diferentes ejemplos, por su repetición sistemática, son sintomáticos de una política consciente y deliberada, de una orientación que busca evacuar el combate por la defensa de sus posiciones políticas, el ABC para una organización revolucionaria. La intervención en las reuniones públicas constituye una dimensión particular de la intervención en la clase obrera. El abandono de este terreno de intervención va a la par con la política de ignorancia deliberada y de desprecio ostentado por la CCI especialmente ante las últimas luchas obreras en Francia, Gran Bretaña o Italia.
En cuanto a los pretextos esgrimidos por la CCI para justificar su nueva política, estos aparecen por lo que son: argumentos fabricados, ridículos y profundamente anticomunistas. La CCI tendría un nuevo principio: el rechazo a encontrarse ante la fracción. En múltiples ocasiones nosotros hemos combatido (y lo seguiremos haciendo cada vez que sea necesario) esta actitud justificada mediante las peores calumnias, en particular la de ser agentes del Estado. Pero más allá de estos discursos que muestran más una paranoia que una sana confrontación política, una cuestión evidente requiere una respuesta por parte de la CCI: ¿es la sola presencia de representantes patentados y comprobados del Estado burgués, como lo son por ejemplo los sindicatos en las luchas y manifestaciones lo que explica también la naturaleza de la intervención (o, más bien, la no intervención) que ha elegido adoptar la CCI? ¿Es que la sola presencia de informadores de la policía en las manifestaciones prohíbe a la CCI de estar presente en éstas y defender alto y fuerte sus posturas? Desde cuándo las reuniones públicas “secretas” en las cuales el no debate sería visto como un signo de alta vitalidad. Y el juicio unilateral –jamás apoyado en hechos concretos y además impugnado por el conjunto del medio proletario- de la CCI contra nosotros es suficiente para justificar la prohibición a nuestra fracción de intervenir en las reuniones públicas, mientras que nunca hemos hecho otra cosa que expresarnos cuando lo podíamos hacer todavía, sobre un terreno estrictamente político, respetando el marco de éstas y sin que nunca la CCI pudiera acusarnos de haber intentado sabotearlas.
Tales prácticas dan resueltamente la espalda a la política de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias tal como la CCI lo ha defendido y aplicado durante sus treinta años de existencia.
Y véase cuando la CCI tiene la presunción de invocar a la historia para justificar sus contorsiones actuales: “Hoy como ayer, las organizaciones revolucionarias se deben aplicar algunas reglas elementales de ‘higiene política’ si se puede decir de este modo. Y una de estas reglas consiste precisamente en echar a los soplones de sus lugares de reunión.” (RI 338 ya citado). Denunciamos enérgicamente la falsificación escandalosa de la historia del movimiento obrero que se hace. Es totalmente falso pretender que tales concepciones formarían parte del patrimonio del movimiento obrero y de las organizaciones revolucionarias. Por el contrario, es Stalin quien proponía una “medicina preventiva” basada en la prohibición mediante la fuerza de los opositores en las reuniones públicas del Partido.
En total oposición a tales prácticas, se encuentra por el contrario un combate permanente y la denuncia de éstas como signo de una degeneración de las organizaciones de la clase obrera. Citemos a Trotsky quien, en respuesta a una carta de Rosmer en la que le informaba sobre un grupo de opositores húngaros que había sido apaleado copiosamente por los stalinistas en una de sus reuniones, cuando trataban de distribuir un volante para dar a conocer su existencia, proponía, en diciembre de 1919 que:
“Haría falta comenzar una campaña contra los procedimientos brutales que emplea el partido oficial, no solamente hacia los comunistas de la oposición sino incluso hacia las reuniones obreras socialistas. Durante los años de la emigración, la lucha entre los bolcheviques, los mencheviques y los eseristas era implacable, pero al mismo tiempo jamás se impidieron las reuniones mediante la fuerza, ni se cazaba a los vendedores de la prensa adversaria, en suma nunca se aplicaron procedimientos físicos.. hay que ganar el derecho sobre la violencia. Solamente su puede ganar esta mayoría mediante la persuasión, no mediante las piedras, puñetazos y palos.” (Correspondencia Trotsky – A y M Rosmer; 1929-1939).
Asumir el combate político, abierta, públicamente y sin concesiones con miras a ganar la convicción, y no huir (y esta deserción puede tomar diferentes formas) ante las dificultades del debate, tal es la única verdadera regla elemental que se ha defendido siempre en el seno del movimiento obrero.
A los criterios políticos, históricos, “objetivos” de “fronteras de clase” y de “medio proletario” fundados históricamente en una tradición, un programa y posiciones políticas, en un intervención y una experiencia, criterios que la CCI ha contribuido a desarrollar y hacer vivir durante más de treinta años, la actual CCI los sustituye por otros criterios, subjetivos y claramente marcados por la pequeñaburguesía, tales como el clanismo y el parasitismo, conceptos que se reducen a características y capacidades personales, individuales, psicológicas, tales como la ambición, los celos, el odio personal o colectivo, para determinar quién es “digno”, según ella, de pertenecer o no al campo proletario.
En coherencia con esta postura, al debate y la confrontación de los criterios políticos, la CCI opone ahora las condenas individuales. Se ata así las manos y se corta a sí misma toda posibilidad de real defensa política, la que vale verdaderamente para los comunistas, tanto en el plano de la clarificación política –porque no hay peor respuesta que la ignorancia y el silencio ante las críticas políticas(2)-, como en el plano militante, en el que los miembros de la CCI se encuentran obligados a ignorar y rechazar a los raros internacionalistas fuera de ellos mismos (lo que conduce a situaciones que serían chuscas si no fueran, históricamente, dramáticas) como por ejemplo en las manifestaciones de calle en medio de miles de pacifistas y nacionalistas.
Asimismo, a los grupos hasta ahora reconocidos como parte del campo proletario, de la Izquierda comunista, tales como el BIPR y el PCI-Le Prolétaire se les asimila súbitamente y de manera tan tosca como gratuita al ambiente altermundialista(3).
La realización concreta, inmediata, de esta política, hace que el nuevo y principal “criterio”, el que determina la pertenencia o no al medio político proletario, e incluso la adhesión a la CCI, se vuelva el posicionamiento político contra nuestra fracción. Todo elemento o grupo, para ser reconocido por la CCI y admitido en su mesa de discusión debe imperativamente participar activamente en la edificación de un muro de calumnias elevado contra la fracción (4). Tal es el mensaje insinuado pero no por ello menos claramente indicado en las columnas de sus publicaciones: “La CCI ha tomado la decisión de prohibir la presencia en sus reuniones públicas y permanencias a los miembros de la pretendida ‘Fracción interna’ de la CCI”. Bien comprendido, se prohíbe (a los militantes, simpatizantes...) encontrarse en presencia de miembros de la Fracción. Este requerimiento es seguido por una nota, la cual precisa que “se trata de los siguientes elementos (...) y eventualmente de otros, miembros de la FICCI que hubieren adherido recientemente y que apoyen los comportamientos de los anteriores”. ¿Y qué con todos aquellos que se arriesguen a defender alguna posición defendida por nuestra fracción, o estén tentados a cuestionar o a querer impugnar la política de la CCI contra nuestra fracción desde hace dos años? Es así como la CCI da una publicidad internacional, en sus columnas, a los correos de simpatizantes que denuncian a la fracción basados tan sólo en la fe a lo que la CCI actual tiene ganas de decirles; ¡estos “simpatizantes políticos llegan hasta el ridículo de reconocer orgullosamente que nunca han leído una línea de nuestros boletines!
Son estas concepciones y estado de espíritu las que divulga a su alrededor la CCI actualmente, típicas del sectarismo más abyecto en el cual se hunde. Estas concepciones y estado de espíritu se manifiestan finalmente en su política global que busca impulsar activamente la dispersión, la división y, como consecuencia, el descrédito del campo proletario mientras que el periodo actual apela más que nunca a un esfuerzo en el sentido del reagrupamiento y de la unidad de las fuerzas revolucionarias.
Deserción del debate y la confrontación de las posiciones políticas y como consecuencia deserción ante la necesidad de enriquecer, hacer vivir y defender las posiciones y análisis comunistas, rechazo a tratar las divergencias (tanto en el plano interno, como en el exterior de la organización), rechazo al debate con las organizaciones del campo proletario, deserción ante los cuestionamientos planteados por sus propios lectores y simpatizantes, sabotaje de los pocos lugares regulares de debate aún existentes (incluidos los suyos propios), tales son las características principales que han terminado por imponerse en el interior de la actual CCI. En este sentido, constituye el principal instrumento de destrucción de su propia historia, en particular la que ha contribuido a construir con miras a reagrupar a las fuerzas revolucionarias.
Pero es también y sobre todo una verdadera traición a los principios y reglas elementales del movimiento obrero a la cual se libra actualmente la CCI.
Esta obra destructiva, la ha desarrollado en un periodo que precisamente apela a los revolucionarios a tomar todas sus responsabilidades y les incita a concentrar su actividad y reunir sus fuerzas al servicio de la clase obrera.
En el momento en que los retos históricos se precisan, en que la alternativa de guerra o revolución se vuelve más palpable cada día, la intervención de los revolucionarios, su combate, son factores determinantes para que pueda lograrse la perspectiva comunista.
La cuestión del reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias jamás ha sido tan actual, no en el sentido de reagrupar en un mismo marco organizativo todas las energías que se reivindican del comunismo, sino como un proceso con miras a:
- combatir los efectos perniciosos de la contrarrevolución y el impacto del hundimiento de los países del Este que perduran aún bajo la forma de ideologías y campañas ideológicas orquestadas por la burguesía y que obscurecen aún hasta nuestros días la perspectiva revolucionaria;
- combatir la dispersión de las energías militantes respondiendo a las cuestiones que resurgen bajo el efecto de la aceleración de la situación;
- hacer que vuelvan al primer plano todas las cuestiones vitales a las cuales será y es ya confrontado el proletariado, entre ellas: la dictadura del proletariado, la cuestión del Partido y su función...
- renovar para ello una experiencia práctica de debate, confrontación permanente de las posiciones y análisis, desarrollando verdaderas polémicas constructivas, estableciendo claramente una jerarquía entre las cuestiones prioritarias y las más secundarias, y enfocando el debate más particularmente sobre las primeras;
- llevar a cabo el necesario combate contra todo lo que tienda a oponerse, desnaturalizar u obstaculizar el carácter necesariamente colectivo de la reflexión comunista y especialmente todas las formas de individualismo pequeñoburgués y comportamientos individualistas que se opones a la construcción de verdaderos órganos políticos proletarios.
Es pues, en primer lugar, el contexto objetivo de la situación el que impone una política resueltamente dirigida hacia el reagrupamiento. Y es en este momento en el que la CCI actual ha tomado la opción no solamente de desertar del combate que se impone, sino de dar la espalda a toda la política y experiencia de reagrupamiento que ha defendido incansablemente hasta entonces, y de sabotear los esfuerzos que van en este sentido.
Pero es también, hecho agravante, en un contexto en que este combate comienza a dar sus frutos que ha escogido cambiar de rumbo. Al mismo tiempo que se operaba la “selección” de las fuerzas revolucionarias durante los años 1970-80 que evocamos en el artículo anterior –sin que ello significara mecánicamente la desaparición de las ideologías y posiciones que transportaban-, las posiciones políticas defendidas por los grupos constitutivos de la Izquierda comunista han tendido a imponerse como referencia central.
Fenómeno más positivo aún, los grupos del campo proletario, y principalmente los grupos de la Izquierda comunista han comenzado a reapropiarse de la necesidad de reagrupamiento, a inscribirse de manera más consecuente en este proceso. Esta constatación, la había hecho la CCI misma desde septiembre de 1991. Así, cuando la guerra del Golfo, la CCI, en un “Llamado al medio político proletario” afirmaba:
“En lugar del total aislamiento sectario, encontramos actualmente en los diferentes grupos una mayor disposición a exponer sus críticas recíprocas en la prensa o en las reuniones públicas. Existe además un llamado explícito de los camaradas de “Battaglia Comunista” a superar la dispersión actual, llamado del que compartimos en gran parte los argumentos y objetivos. Existe finalmente –y esto debe ser impulsado al máximo- un impulso contra el aislamiento sectario, que proviene de una nueva generación de elementos a quienes el terremoto de estos dos últimos años impulsa hacia las posiciones de la izquierda comunista y que se mantienen atónitos ante la extrema dispersión de la que no logran comprender las razones políticas. Sabemos bien que las dificultades son enormes y que, por el momento, la disposición a la discusión –cuando ésta existe- es muy limitada... Las raíces del sectarismo son demasiado profundas como para que actualmente sea posible hacer propuestas muy ambiciosas, tanto en su contenido (trabajo por la reconstrucción del partido) como en su forma (por ejemplo una conferencia internacional). ¿Qué hacer entonces para superar concretamente este estado actual de dispersión? Hace falta favorecer todo lo que va en el sentido de la multiplicación de los contactos y debates entre internacionalistas(5). No se trata de ocultar las divergencias para hacer posible un “matrimonio” entre grupos, sino de comenzar a exponer y discutir abiertamente las divergencias que están en el origen de la existencia de los diferentes grupos.
“El punto de partida, es sistematizar la crítica recíproca de las posiciones en la prensa... Otro paso que puede darse inmediatamente es sistematizar la presencia y la intervención en las reuniones públicas de los otros grupos. Un paso más importante es la confrontación de las posiciones en las reuniones públicas, convocadas conjuntamente por varios grupos, ante acontecimientos de una importancia particular como la guerra del Golfo. Es claro que todo esto, y en particular este último punto, no será inmediatamente realizables en todas partes y entre todos los grupos. Incluso si no hay más que dos organizaciones que logren discutir públicamente sobre sus desacuerdos y divergencias, esto será ya un paso adelante para el medio político internacionalista entero, y la CCI apoyará con convicción tales iniciativas, incluso si no está entre los participantes directos de esta discusión particular.
Nuestras propuestas pueden parecer modestas, y de hecho lo son. Ante décadas de sectarismo desatado, es ya ambicioso querer solamente contribuir a engranar un proceso de confrontación y reagrupamiento entre internacionalistas, pero este es el único camino para que se lleve a cabo el proceso de decantación política y demarcación programática que conducirá a las minorías comunista a jugar plenamente su papel esencial en las batallas de clase que se preparan.” (Révolution internationale n° 204 – septiembre 1991).
Tales eran las propuestas defendidas por la CCI hace poco más de diez años. Estas propuestas, nuestra fracción las reivindica totalmente. Apoya el análisis, defiende la validez del estado de espíritu que subyace tras ellas, los principios sobre los cuales están fundadas. Lleva a cabo el combate en este sentido incluido y sobre todo contra la traición evidente que hace la CCI actual. Revelemos brevemente los signos patentes de esta traición:
- Hace tan sólo diez años, la CCI constataba una mayor madurez de los grupos del medio proletario, “una mayor disposición a exponer sus críticas recíprocas en la prensa o en las reuniones públicas”. Actualmente la CCI no ve en la prensa de las otras organizaciones más que un flirteo con la burguesía a la vez que desprecia los análisis que plantean.
- Hace tan sólo diez años, la CCI se comprometía “incluso si no hay más que dos organizaciones que logren discutir públicamente sobre sus desacuerdos y divergencias, esto será ya un paso adelante para el medio político internacionalista entero, y la CCI apoyará con convicción tales iniciativas, incluso si no está entre los participantes directos de esta discusión particular”. Pero cuando nuestra fracción decidía, en enero de 2002, dirigirse a los grupos del medio proletario para alertarlos sobre la situación de crisis que disimulaba la CCI (no sin previamente haber avisado a los órganos de decisión de la CCI mediante una carta que se quedó sin respuesta)6 ), esta postura fue interpretada como una traición y fue motivo de nuevas sanciones contra nosotros. Esto no era, por lo demás, más que el preludio de una nueva política que se desplegaría, a partir de entonces, en todos los sentidos. Actualmente la CCI huye regularmente de las reuniones organizadas por los grupos del medio, lo esencial de sus esfuerzos se concentran en la orquestación de golpes espectaculares destinados a dar semblantes de justificaciones para su deserción. Anula sus propias reuniones cuando los participantes no le convienen, en lugar de afrontar la discusión.
Sobre todos estos planos la CCI ha cambiado de chaqueta frente a estos compromisos, tiende a volverse un obstáculo para la política de reagrupamiento.
Hemos querido mostrar, en este texto, que la CCI actual está no solamente abandonando las posiciones y la política que le caracterizan desde hace más de treinta años sobre la cuestión de las relaciones entre organizaciones comunistas, sino también que, al darle la espalda a esta práctica, está metida en una espiral que tiende a transformarla en un pesado obstáculo para el necesario debate entre grupos revolucionarios.
La deriva oportunista, que se manifestó primero “en el interior” contra los militantes y ante todo contra los que constituyeron más tarde la fracción, solamente podía conducir (como nuestra fracción lo ha señalado desde el principio a cortar a esta organización de sus fundamentos políticos.
Es, para nosotros, primordial salvar de este desastre las bases políticas que presidieron la constitución de la CCI, su desarrollo que pasó –y no podía sino pasar- por el debate y la confrontación política con los otros grupos y elementos del campo proletario.
Así, es la forma transitoria de la organización “CCI” la que se “descompone” actualmente y se ve amenazada por la ruina, no el cuerpo político que le ha sostenido, si bien éste debe corregirse allí donde ha sido mellado y distorsionado o traicionado.
En un contexto histórico que muestra evidentemente la necesidad de las minorías comunistas, nuestra fracción busca retomar por su cuenta los fundamentos políticos y las orientaciones originales que la dirección oportunista de la CCI pisotea, los fundamentos y orientaciones que le permitieron trabajar útil y eficazmente durante varias décadas por el reagrupamiento de las fuerzas comunistas. Y una cosa nos parece más que evidente, que llevar a cabo esta tarea solamente puede hacerse precisamente en relación con los grupos de la Izquierda comunista, en el debate y la confrontación con los grupos y elementos aislados del campo proletario.
La fracción, desde su surgimiento, se ha dirigido a los grupos de la Izquierda comunista porque sabía que una crisis de la amplitud de la que conoce nuestra organización tendrá un impacto sobre el conjunto del campo proletario, porque implica, el compromiso y riesgo de obstaculizarlo en su dinámica de alzarse a la altura de sus responsabilidades históricas. ¡Continuaremos por esta vía!
Notas:
1. Hemos evocado esta postura de la CCI que, en aquélla época, no vacilaba en establecer todos los medios posibles para favorecer la expresión pública y abierta de divergencias y provocar la confrontación de las posiciones. Postura que aplicaba particularmente a los elementos que habían roto prematuramente con nuestra organización. Véase Boletín 23.
2. Contrariamente a lo que tratan de autoconvencerse los militantes de la CCI con los que hemos tenido la ocasión de atravesarnos, la ignorancia y el silencio son respuestas políticas, tal como nuestra exclusión de la CCI y nuestra prohibición a participar en sus reuniones públicas. Pero además que éstas amordazan a la CCI y sus militantes en el plano político, este tipo de respuesta únicamente acelera a su vez la deriva oportunista y la impotencia política... desde el punto de vista proletario y comunista.
3. La elevada cantidad de alusiones con miras a asimilar a estos dos grupos al altermunudialismo es estremecedora. Ejemplos: “Así, el BIPR prefiere abandonar el concepto clave de decadencia que fundaba sus propias posiciones para sustituirlo por los conceptos en boga en el medio altermundialista...”, “Al retomar trozos enteros de la argumentación altermundialista, estos dos grupos de la Izquierda Comunista dejan la puerta abierta al oportunismo teórico hacia los análisis izquierdistas.”, “Desafortunadamente, al observar los análisis de la crisis propuestos por los grupos del medio político proletario como el PCInt-Programme Communiste o el BIPR por fuerza hay que constatar que están lejos de tal reafirmación y especialmente de ser capaces de desmarcarse de la ideología ambiente transportada por el altermundialismo. Cierto, estos dos grupos pertenecen incontestablemente al campo proletario y se distinguen fundamentalmente del ambiente altermundialista por sus denuncias de las ilusiones reformistas y por la defensa de la perspectiva de la revolución comunista. Sin embargo, su propio análisis de la crisis está ampliamente marcado por el izquierdismo salido de este ambiente.” Citando a Programme Communiste n°98, le inspira a la CCI esta reflexión cargada de significado: “Tenemos aquí de nuevo una denuncia implacable del capital financiero parasitario que podría satisfacer al más radical de los altermundialistas” (Revista Internacional 115). ... Se podría, no es este el objetivo, prolongar la colección de pequeños pinchazos con miras a caricaturizar para descalificar las posiciones auténticas y verdaderamente defendidas por estos dos grupos.
4. Para ilustrar estas declaraciones remitimos al lector a la carta enviada por la CCI al camarada LL (Boletín 22, carta del 1 oct 2003) en la cual dirige una negativa de recepción a este camarada que ha osado hacer alusión a las posiciones políticas defendidas por nuestra fracción.
5. "Es evidente que los grupos residuales y organizaciones de tipo izquierdista (trotskistas, maoístas, anarquistas) no son para nosotros internacionalistas. En cuanto a la miríada de grupúsculos que gravitan como parásitos alrededor de las principales corrientes del medio proletario, por la dispersión militante y la confusión que alimentan, no pueden contribuir en nada en un debate tal” (nota del artículo de 1991 de la Revista Internacional). Planteemos esta cuestión: ¿quién, actualmente, organiza la dispersión militante y la confusión, si no es la CCI misma?
6. Véase los intercambios de correo a este respecto en el boletín 6 de la fracción.
Fracción interna de la CCI -- Boletín 24