DEBATE EN EL CAMPO PROLETARIO
Guerra imperialista o revolución proletaria:
La decadencia del capitalismo y el marxismo
IV. La teoría de la Corriente Comunista Internacional

En los tres artículos anteriores de esta serie hemos visto, a muy grandes rasgos, los jalones de importancia histórica en el desarrollo de la teoría de la decadencia dentro del campo marxista:

1. Primero, presentamos el origen de la noción de decadencia, alrededor de los debates sobre el imperialismo y la alternativa histórica de guerra o revolución, que se abrieron a finales del siglo XIX ante los profundos trastrocamientos que el capitalismo vivía en ese entonces (boletín 19);

2. enseguida, mostramos cómo la teoría de la decadencia se convirtió en un eje de la comprensión de la entrada en la fase de la revolución mundial, en el seno de la IIIª Internacional, y cómo posteriormente fue ocultada y olvidada, en el curso de la “bolchevización” de los partidos comunistas, durante el proceso de degeneración de la propia Internacional Comunista (boletín 20);

3. por último, pasamos revista a las fracciones de la izquierda comunista surgidas ante la degeneración de la IC que, a partir de la defensa de la noción de decadencia del capitalismo, lograron trazar algunos de los rasgos más importantes de la táctica revolucionaria para la época actual (boletín 22).

En este último artículo de la serie queremos enfocarnos en el significado y la importancia, tanto para la lucha del proletariado en general, como para el campo proletario actual en particular, de la teoría de la decadencia tal como fue sintetizada a principios de los años setenta, como eje de todo su cuerpo programático, por la Corriente Comunista Internacional.

1. De la contrarrevolución a la reanudación de la lucha de clases

La Corriente Comunista Internacional se constituyó a principios de los años 1970 como producto de la conjugación de dos factores históricos: Uno fue la reanudación internacional de la lucha de clase del proletariado a finales de los años 1960, que hizo brotar una joven generación de revolucionarios en búsqueda de una coherencia política; el otro fue la subsistencia de algunos elementos y agrupaciones revolucionarias herederos de las posiciones revolucionarias internacionalistas de las fracciones de izquierda comunista, capaces de transmitir estas posiciones a la nueva generación de militantes proletarios.

No pretendemos, ni podríamos en el marco de este trabajo, volver sobre la historia de las fracciones de izquierda comunista durante el obscuro periodo de la contrarrevolución que va de la segunda mitad de los años 1920 hasta finales de los años 1960, ni sobre los debates que surgieron en las diferentes corrientes alrededor de la teoría de la decadencia. Mencionemos solamente que dichas fracciones, aún en las más terribles condiciones de persecución y exilio, aislamiento y dispersión, ante una clase obrera que iba de derrota en derrota, afrontaron el reto de extraer todas las lecciones de la oleada revolucionaria pasada, así como de seguir analizando los rasgos que el capitalismo presentaba en adelante, en la perspectiva de preparar las condiciones para el renacimiento del movimiento revolucionario de la clase obrera. Respecto a la teoría de la decadencia, las cuestiones a resolver no eran menores:

- En primer lugar, ante el reflujo de la revolución mundial, había que distinguir entre los rasgos “momentáneos”, “inmediatos”, de una crisis abierta acompañada de una situación revolucionaria, de los rasgos de la época de la decadencia “generales”, “permanentes”, distinción imposible de llevar a cabo en los primeros años de la IC, cuando los revolucionarios podían considerar que el capitalismo estaba prácticamente “al final” de su existencia.

- Enseguida, se tenía que explicar el nuevo periodo de aparente “recuperación” del sistema capitalista que se produjo después de la guerra mundial, su nuevo hundimiento en la depresión de 1929-34, así como las tendencias del capitalismo de Estado, la carrera armamentista y el curso a una nueva carnicería imperialista.

- Finalmente, se requería, a la par del análisis de las nuevas condiciones, de un gran esfuerzo de síntesis para “ajustar cuentas” con los debates abiertos y las teorías surgidas en el movimiento revolucionario a la vuelta de siglo, respecto a esta nueva fase del capitalismo, y que la derrota de la revolución no había hecho sino poner a prueba.

La posición de principio de la CCI sobre la decadencia del capitalismo –como todas sus otras posiciones-, siguen el hilo de esas posiciones y debates desarrolladas entre las fracciones de la izquierda comunista, en particular las de la Fracción belga de la Izquierda comunista internacional (Communisme) y posteriormente de la Fracción francesa (Internationalisme):

Las Fracciones comunistas solo pueden forjar el arma teórica indispensable para el triunfo de la revolución a condición de comprender el mecanismo interno de la sociedad capitalista en su fase de declinación(1) histórica y de enlazar estrechamente el análisis de los acontecimientos a la significación de la época. El imperialismo o última etapa del capitalismo ha orientado la evolución social hacia un callejón sin salida. Las fuerzas productivas en su conjunto no pueden desarrollarse más en el marco del sistema capitalista porque han alcanzado el nivel máximo compatible con la naturaleza de este sistema ...

El reflujo de las fuerzas productivas plantea objetivamente la necesidad de la revolución proletaria y del advenimiento del comunismo al mismo tiempo que abre una fase decisiva de la lucha de clases: 'la época de decadencia capitalista es la época de la lucha directa por la dictadura del proletariado' (2º congreso de la IC).

El antagonismo fundamental entre la burguesía y el proletariado se convierte en el eje de la evolución histórica... en lo sucesivo la vida de la sociedad capitalista oscila entre las dos salidas abiertas por la evolución de las relaciones sociales: Guerra imperialista o Revolución proletaria. (Communisme nº 1, Boletín de la FBGCI, abril de1937, subrayados nuestros).

Sin embargo la CCI no podía limitarse a repetir las posiciones de sus antecesores. Con la reanudación histórica de la lucha de clases surgía la necesidad de un nuevo programa que, a la vez de sintetizar las lecciones trazadas por las fracciones de izquierda comunista en el periodo anterior, planteara también las nuevas perspectivas del capitalismo y la lucha de clases. Así, en los debates entre los grupos que estaban alrededor de la fundación de la CCI había diversos frentes de combate:

- Por una parte, era necesario ajustar cuentas con el “consejismo” (del cual provenían algunos de los grupos que originalmente la constituyeron). Entre las agrupaciones de los comunistas de consejos se había mantenido vivo el debate alrededor de la decadencia del capitalismo, el cual, a partir de las teorías que trataron de explicar la depresión de los años 30 había derivado hacia el debate de cómo habría de terminar el capitalismo: debido únicamente a sus contradicciones económicas –la famosa teoría del “derrumbe económico” de Grossmann-, o bien si el capitalismo podría subsistir indefinidamente hasta que el proletariado no le pusiera fin con su revolución –Pannekoek, quien por contra rechazaba la noción de decadencia. Paul Mattick sintetizaba los términos del problema, subrayando que, para el marxismo, detrás del análisis económico se encontraba el análisis de las relaciones de clase y que, por tanto detrás del análisis de la decadencia se encontraba, en última instancia, el análisis de las condiciones en las cuales el proletariado habría de poner fin al capitalismo:

En último análisis, no puede haber un hundimiento “puramente económico” o “automático”... esto es una cuestión de la lucha de clases y no de la teoría económica, la que solamente puede sacar a la luz las condiciones objetivas bajo las cuales se desarrolla la lucha de clases y que determinan su dirección ... Los más diversos análisis de la crisis se planteaban para explicar la inevitabilidad de la decadencia del capitalismo y la abolición del sistema mediante movimientos políticos provocados por dicha decadencia ...

Que las condiciones económicas durante y después de la primera guerra mundial dieran apoyo a la idea de la decadencia capitalista no es sorprendente. Incluso en el campo burgués este periodo produjo no solamente un profundo pesimismo, sino que también minó la convicción anterior de que la sociedad podría controlar sus crisis... Ya que para el marxismo no es la economía la que condiciona las relaciones de clase establecidas, sino que, por el contrario, son las relaciones capitalistas de producción, esto es, las relaciones de clase, las que bajo las condiciones de la economía de mercado toman la forma fetichista de relaciones económicas, toda concepción ‘puramente económica’ del capital y de las leyes que determinan su movimiento es de entrada inapropiada. Sin embargo, aunque para Marx ‘toda la mierda económica desemboca en la lucha de clases’, pasó décadas trabajando para demostrar la naturaleza transitoria del capitalismo, incluso desde el punto de vista de sus propias categorías económicas...” (Economic Crisis and Crisis Theory -Paul Mattick).

Sin embargo, si bien la CCI retomaría algunos aspectos del análisis y debates sobre la decadencia y la crisis que tuvieron lugar dentro de la corriente “consejista”, tenía que combatir todo tipo de ambigüedades que se habían desarrollado en ella: rechazando en particular los términos falsos del debate entre, por un lado, la noción del “derrumbe económico”, precisando que las contradicciones del capitalismo en la decadencia solamente pueden encontrar una solución de clase, en la alternativa histórica de guerra o revolución y por otro, la noción opuesta desarrollada por el propio Mattick que tendía a reducir la decadencia a los fenómenos cíclicos de la recesión y la guerra, con lo que abría la puerta a la idea de que aún eran posibles revoluciones “nacionales” o “coloniales” en el marco de la decadencia del capitalismo. Asimismo, la CCI tenía que combatir con todas sus fuerzas, a la vez, las tendencias a la aversión a la organización política, y a toda forma de disciplina organizativa, producto del rechazo a las organizaciones de la izquierda del capital (estalinistas y demás), que encontraban una justificación en las posiciones y teorías provenientes de las agrupaciones de comunistas de consejos, las que habían llegado a teorizar que la clase obrera no requería de una organización de la vanguardia del proletariado en partido político, pues éste sería un obstáculo, incluso la causa de la derrota de la revolución de octubre (a la que habían llegado a considerar como burguesa). La ruptura orgánica producto de la contrarrevolución, la pérdida de las tradiciones organizativas de la clase obrera, fue una de las mayores debilidades que hubo de afrontar el movimiento renaciente, en particular la Corriente.

- Por otra parte, la CCI también tenía que confrontar sus posiciones con las de las agrupaciones conocidas como “bordiguistas”, que se reclamaban heredera de la izquierda del Partido Comunista de Italia. La Izquierda comunista “italiana”, al contrario de los “consejistas”, defendió todas las lecciones de la revolución de Octubre, así como la necesidad del partido como el órgano indispensable de dirección política de la clase obrera. En el periodo de entreguerras esta corriente llevó a cabo una labor fundamental de fracción, de puente político y teórico que permitió la sobrevivencia de las posiciones revolucionarias internacionalistas(2). Después de la segunda guerra mundial, dio lugar a la formación del Partido Comunista Internacional, el cual sin embargo poco después se fraccionaría nuevamente en varias agrupaciones. Entre éstas últimas, con excepción de la corriente reunida alrededor de Damen que fundaría el PCInt publicando Prometeo y Battaglia Comunista (en la actualidad uno de los grupos del BIPR), se desarrollaría la noción de la “invariabilidad” del marxismo. Esta concepción, en aras de mantener la defensa intransigente de las posturas revolucionarias contra el revisionismo y reformismo, caería por contra en una tendencia al acartonamiento teórico, es decir al dogmatismo, a rechazar el análisis de las nuevas condiciones del capitalismo. Es en este sentido que Bordiga rechaza en los años 50 la noción de decadencia:

La teoría de la curva descendente compara el desarrollo histórico con una sinusoide: todo régimen, el régimen burgués por ejemplo, empieza por una fase de ascenso, alcanza su máximo, comienza a declinar hasta su mínimo, tras el cual otro régimen emprende su ascenso. Esta visión es la del reformismo gradualista: niega que haya una sacudida, un salto. La visión marxista puede representarse ... en ramas de curva todas ascendentes hasta su cumbre ... a los que sucede una violenta caída brusca casi vertical, y al fondo un nuevo régimen social surge, tenemos así una nueva rama histórica ascendente. La afirmación corriente de que el capitalismo está en su rama descendente contiene dos errores: uno gradualista y otro fatalista.” (Bordiga, Teoría y acción en la doctrina marxista, Reunión de Roma, 1951).

Es evidente aquí el combate a las teorías en boga que desarmaban al proletariado, que le invitaban a mantenerse inactivo, tanto sobre el “derrumbe” automático del capitalismo (fatalismo), como a las que planteaban la superación de las condiciones de miseria y explotación como producto de las medidas del capitalismo de Estado (gradualismo). Sin embargo del planteamiento de Bordiga, llevado al extremo, puede deducirse exactamente lo mismo que trata de combatir: las curvas siempre ascendentes podrían llevar a la conclusión de una transición pacífica del capitalismo al comunismo o de una atenuación de sus contradicciones (teoría del ultraimperialismo); asimismo, la violenta caída casi vertical podría interpretarse como una teoría del derrumbe. Para la CCI, por el contrario la teoría de la decadencia es la teoría de las condiciones de la lucha de clase, así como de las condiciones que vuelven posible el triunfo del movimiento revolucionario del proletariado:

“Saber si la revolución socialista es hoy posible y necesaria, definir las bases históricas del programa y la estrategia del proletariado en nuestra época, implica plantearse el problema de la decadencia del capitalismo. Los problemas referentes al contenido del socialismo, la naturaleza de los sindicatos, de la política de ‘frentes’, de las luchas de liberación nacional, todo eso está íntimamente ligado al análisis de la decadencia del capitalismo”. (La decadencia del capitalismo. – World Revolution / Internationalism, 1975. En el folleto de la CCI: La decadencia del capitalismo, pág. 6).

Pero el problema principal, en relación a las agrupaciones “bordiguistas”, es que su noción de “invariabilidad” del marxismo les llevaba de hecho a un retroceso político, en relación a las posiciones avanzadas por las fracciones de izquierda comunista, en particular hacia las posiciones de Lenin ya rebasadas históricamente, y especialmente a la defensa de las “luchas de liberación nacional” y la “autodeterminación de los pueblos”. Pero es precisamente la noción de decadencia del capitalismo la base que permite comprender con claridad el cambio de carácter de dichos movimientos, de ser, en la época de ascenso del capitalismo, progresistas, por estar enfocados a liquidar las formas antiguas de producción y abrir paso al desarrollo del capitalismo –y con él al del proletariado-, a volverse, en la decadencia, no otra cosa sino momentos de las pugnas imperialistas entre los diferentes Estados por “débiles” o “sometidos” que estos sean.

“...la noción de la decadencia es decisiva para negar toda posibilidad de una ‘revolución burguesa’ en este periodo. Se trata de dos nociones que se excluyen categóricamente. Un sistema económico mundial no puede ser al mismo tiempo decadente y progresivo... En el periodo de decadencia, no puede haber ‘revoluciones burguesas’ ni ‘liberaciones nacionales’ progresistas sino solamente convulsiones contrarrevolucionarias, por la conservación y sobrevivencia de un sistema históricamente condenado a desaparecer... (Bulletin d’étude et de discussion, Supplement a Revolution Internationale.- Nº 5, feb 1974, p. 15).

Sería precisamente la confusión sobre la defensa de las luchas de “liberación nacional” y el coqueteo con el izquierdismo que de allí se derivaría lo que estaría en el fondo del estallido en pedazos, a principios de los 80, de la agrupación del campo proletario que era en aquel momento la más importante numéricamente, el Partido Comunista Internacional con la revista Programme communiste y sus publicaciones territoriales, entre ellas Il Programma comunista en Italia y Le Prolétaire en Francia.

- Finalmente, la CCI tenía que enfrentar también las diferentes teorías “izquierdistas” o “modernistas” que influían en los jóvenes militantes, las que, detrás de un lenguaje aparentemente radical, negaban en realidad la revolución proletaria para sustituirla con todo tipo de movimientos alternativos que en realidad expresaban la revuelta de la pequeñaburguesía:

“Desde nuestra perspectiva, las manifestaciones de la crisis actual confirman la tesis marxista contra las diversas teorías sobre la eliminación de las contradicciones económicas en el capitalismo moderno (Cardan, Socialisme ou Barbarie), el aburguesamiento del proletariado (Marcuse), las guerrillas del tercer mundo o la revuelta de los estudiantes e intelectuales que desencadenarían la revolución en los países desarrollados.” (Supplement a Revolution Internationale.- Nº 5, feb 1974, p. 3).

En fin. Fue en el crisol de la lucha de clases, en el análisis de las condiciones de la vuelta de la crisis capitalista y la reanudación histórica del movimiento obrero, en la síntesis de las aportaciones de las fracciones de izquierda comunista, en la confrontación con las diferentes agrupaciones de la izquierda comunista subsistentes, así como también en el combate contra la influencia de la ideología burguesa, que la Corriente Comunista Internacional, poniendo como eje central de su visión la clara comprensión de la decadencia del capitalismo, forjó sus puntos programáticos: el papel de los sindicatos como instrumentos del Estado; la mistificación de las elecciones; la mistificación de las “luchas de liberación nacional”, en realidad parte de las pugnas imperialistas; la noción del capitalismo de Estado y la comprensión de los antiguos países llamados socialistas como otra variante de ese capitalismo de Estado; la posibilidad y necesidad del proletariado de elevar, extender y radicalizar su lucha de clase hasta la revolución mundial.

2. La teoría de la decadencia de la CCI

Veamos ahora algunos de los rasgos principales de la teoría de la decadencia tal como fue sintetizada y desarrollada por la CCI.


a) El origen de la decadencia del capitalismo

En primer lugar, la teoría de la CCI sobre la decadencia del capitalismo no pretende aportar ningún “descubrimiento genial”. A diferencia de algunos “innovadores” que creen descubrir la decadencia del capitalismo en un fenómeno reciente, particular o novedoso (la inflación permanente, la subsunción real del capital, etc.) la CCI retoma el desarrollo teórico anterior en el campo marxista, el que fue capaz de aprehender, en la noción de decadencia, el significado de los trastornos históricos ocurrido en la vuelta del siglo XIX al XX.

“Para que la revolución proletaria pueda pasar del estadio de un simple deseo o de una simple potencialidad y perspectiva histórica al estadio de una posibilidad concreta es preciso que se haya convertido en una necesidad objetiva para el desarrollo de la humanidad. Tal situación histórica prevalece desde la primera guerra mundial: desde esta fecha termina la fase ascendente del modo de producción capitalista que comienza en el siglo XVI y que alcanza su apogeo a finales del siglo XIX. La nueva fase abierta desde entonces es la de la decadencia del capitalismo” (Plataforma de la CCI).

Siguiendo los fundamentos del marxismo, la CCI plantea que la decadencia del capitalismo y con ésta el surgimiento de las condiciones históricas en las que la revolución proletaria se ha vuelto una posibilidad concreta, son producto de las propias contradicciones fundamentales del capitalismo

La decadencia del capitalismo es el producto del desarrollo de las contradicciones internas inherentes a ese modo de producción...

... En particular, la realización de la plusvalía producida por la explotación de la clase obrera es indispensable para la acumulación de capital... [Pero] ... la producción capitalista no crea automáticamente y a voluntad los mercados necesarios para su crecimiento... al generalizar sus relaciones al conjunto del planeta y al unificar el mercado mundial, alcanza un grado crítico de saturación de esos mismos mercados que le habían permitido la formidable expansión del siglo XIX. Además, la dificultad creciente que tiene el capital para encontrar los mercados donde realizar su plusvalía, acentúa la presión a la baja que ejerce sobre la tasa de ganancia el crecimiento constante de la proporción entre el valor de los medios de producción y el de la fuerza de trabajo que los pone en funcionamiento. Esta baja de la tasa de ganancia, en un principio tendencial, deviene cada vez más efectiva, lo cual traba poderosamente el proceso de acumulación del capital y, en consecuencia, el funcionamiento de las estructuras del sistema.

Después de haber unificado y universalizado el cambio mercantil dando un impulso decisivo al desarrollo de la humanidad, el capitalismo ha puesto a la orden del día la desaparición de las relaciones de producción fundadas en el cambio mercantil. Pero hasta que el proletariado no se haya dado los medios para imponer esta desaparición, estas relaciones de producción se mantienen y arrastran a la humanidad hacia contradicciones cada vez más monstruosas” (Plataforma de la CCI).

Hay que subrayar cómo, en esta apretada síntesis se condensan los aspectos fundamentales de la crítica marxista al capital. En primer lugar, que es el propio motor del funcionamiento del capitalismo, la extracción de plusvalor y la acumulación ampliada de capital el que conduce de una fase de ascenso y expansión a otra de decadencia y traba constante de la producción e intercambio. Que es la creación del mercado mundial, la terminación del reparto del mundo entre las grandes potencias –como diría Lenin-, la que marca históricamente el fin de la fase de ascenso del capitalismo, es ésta la expresión de que la envoltura de las relaciones capitalistas de producción es ya demasiado estrecha como para enmarcar el desarrollo –que tiende a ser ilimitado- de las fuerzas productivas. La primera guerra imperialista mundial, cuyo objetivo era un “nuevo reparto”, es la señal histórica inequívoca de que el capitalismo ha terminado su papel “progresivo” en la historia y que en adelante su supervivencia conduce a una barbarie creciente que pone en peligro la supervivencia misma de la humanidad.

Asimismo subrayemos cómo, a pesar de que se piensa con frecuencia que la teoría de la CCI sobre las crisis y la decadencia se reduce a la “saturación de los mercados”; ésta no solamente no niega, sino que siempre ha integrado en su análisis la cuestión fundamental de la producción y la caída de la tasa de ganancia. Siguiendo a Marx, la CCI plantea que, en la época de ascenso del capitalismo la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es contrarrestada constantemente por la expansión del “comercio exterior” hacia los países más atrasados -gracias al abaratamiento de parte de los elementos del capital constante, y de los medios de subsistencia en que se transforma el variable; así como por la posibilidad de obtener una plusganancia, ya que el país avanzado vende sus mercancías por encima de su valor-. Sin embargo, ese mismo comercio exterior conduce, a la larga, a la réplica de las condiciones de producción en los países atrasados, crea nuevos competidores y reduce el margen para una nueva expansión del mercado. “... La expansión del comercio exterior, aunque en la infancia de la producción capitalista constituye la base de ésta, se ha convertido, en el curso de su evolución, en su propio producto, en virtud de la necesidad intrínseca de ese modo de producción, de su necesidad de un mercado cada vez más extenso. En este caso vuelve a revelarse el mismo carácter bifacético del efecto” (Marx, El Capital; T. 3, cap. XIV, apdo. V El comercio exterior, p. 303 – Siglo XXI Editores).

De allí que la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en la época de la decadencia se vuelve cada vez más efectiva; de allí que las crisis momentáneas y cíclicas del periodo ascendente se convierten en las depresiones y crisis crónicas de la época decadente, las cuales además no pueden desembocar ya en una nueva expansión geográfica del capitalismo, sino que conducen a una nueva carnicería imperialista mundial.


b) El ciclo de la decadencia del capitalismo: crisis – guerra – reconstrucción – nueva crisis...

Uno de los aspectos centrales en la teoría de la decadencia, tal como ha sido formulada por la CCI, es la del trastocamiento que sufre el “ciclo” de la producción capitalista. Aquí, la CCI no hace sino seguir nuevamente el hilo del análisis de los revolucionarios que vivieron la víspera de la primera y segunda guerra mundiales y que fueron capaces de prever que la única solución desde el punto de vista capitalista a la crisis sería esa: la de un “ajuste de cuentas general” que hundiría a toda la “civilización” en la barbarie de la guerra imperialista generalizada.

Mientras que en el siglo XIX las crisis económicas de sobreproducción abrían paso, de manera cíclica, a un nuevo periodo de auge de la producción y expansión de los mercados, las crisis en el siglo XX encuentran como salida la guerra imperialista generalizada, pues con el inmenso nivel de destrucción que acarrea,

por un lado, elimina a los países capitalistas destruidos de la competencia ...” a la vez que “... los transforma momentáneamente en mercados para las mercancías de los vencedores, contribuyendo éstos en la reconstrucción de aquellos”. Por eso, desde 1914, el capitalismo en declive vive siguiendo el ciclo de crisis, guerra, reconstrucción...

-1914-1918: primera guerra mundial. Duración: 4 años. 24 millones de muertos

-1919-1929: reconstrucción. Los EUA se convierten en primera potencia mundial a expensas de los países europeos...

-1929-1938: ... Es ahora la crisis económica sin precedentes en la historia del capitalismo... se refuerza la tendencia al capitalismo de Estado...

-1939-1945: segunda guerra mundial. Duración: 6 años. 50 millones de muertos. Salvo los EUA, todos los centros industriales del mundo quedan muy destrozados...

-1945-1967: reconstrucción. Tras la guerra el mundo queda organizado en dos bloques hegemónicos. La guerra entre las dos potencias dominantes se convierte en algo permanente a través de conflictos locales en los países subdesarrollados...”

(“¿Por qué y cómo deben los revolucionarios analizar la crisis?” Texto preparatorio para la Segunda conferencia internacional de los grupos de la izquierda comunista, noviembre 1978, reproducido en “La decadencia del capitalismo”, p.3)

-1968-1989: Crisis crónica, “guerra fría” y lucha de clases. Estas dos décadas, el capitalismo en decadencia vivirá una situación inédita. Por un lado, existen ya formados dos bloques imperialistas enemigos encabezados por los EUA y la URSS respectivamente, los cuales, si bien no llegan a un enfrentamiento generalizado –ante una clase obrera no derrotada, que se levanta en oleadas internacionales de luchas cada vez más importantes con lo que logra impedir que se abra un curso a una tercera guerra mundial- llevan a cabo, sin embargo, una frenética carrera armamentista que alcanza niveles nunca vistos, a la vez que provocan permanentemente múltiples guerras y conflictos regionales que ponen a la humanidad constantemente al borde de un holocausto nuclear definitivo.

Simultáneamente, el capitalismo entra en una especie de sobreproducción crónica –tal como la predecía Engels- (3), en una crisis crónica, “permanente”, por decirlo así, que no encuentra una salida definitiva, de clase, ni en una guerra imperialista generalizada, ni en una revolución proletaria. Aparece entonces una caricatura de “ciclo”, -que los economistas pretenden comparar con los del siglo XIX- pero que no es en realidad sino la forma en que se expresa la profundización de la misma crisis en el marco de todas las medidas de política económica de las grandes potencias, que tratan de frenarla o “arrojarla” hacia la periferia del capitalismo. Éste “ciclo” consiste en recesiones cada vez más amplias y duraderas con recuperaciones cada vez más limitadas y cortas, basadas ante todo en un endeudamiento monstruoso –es decir en la creación de mercados puramente ilusorios-, que conduce únicamente al hundimiento económico de una región del mundo tras otra (África, América Latina...). Así, hasta que, a finales de los años 1980 es todo el bloque imperialista oriental el que se ve incapaz de resistir ya la crisis, abrumado por la hipertrofia armamentista y burocrática de los Estados, incapaz de seguir burlando la ley del valor mediante los atrofiados monopolios estatales, se hunde estrepitosamente país por país, hasta la misma URSS, la cual estalla en pedazos. Como consecuencia, poco después el bloque occidental también se desintegraría prácticamente. La lucha de clase y la conciencia del proletariado sufre un profundo retroceso, como consecuencia de la confusión producida por la caída del bloque del Este y las campañas sobre “la muerte del comunismo” y de la “entrada en una era de paz y democracia”.

- 1990-2000: Crisis crónica, “caos” y nuevas alianzas en las relaciones imperialistas. El peligro de guerra mundial se aleja momentáneamente, pero solamente para profundizar aún más la crisis crónica. El inicio de la década parece un periodo de “posguerra”. Los países de Europa Oriental, quedan arrasados, y registran una caída en picada de sus índices de producción. Los del exbloque occidental, con Estados Unidos a la cabeza, se lanzan a la conquista de los supuestos “nuevos mercados” que representarían aquellos, pero muy pronto se dan cuenta que se trata de un barril sin fondo, que los préstamos se diluyen en la especulación, y que no habrá una verdadera “reconstrucción”. Japón entra en una larga recesión, Alemania tiene que cargar con la unificación, EU se convierte en el país más endeudado del mundo. El sistema financiero mundial entra en una fase de convulsiones agudas, en las que la quiebra de un país, ante su incapacidad de pagar la deuda vencida, amenaza constantemente con desencadenar un dislocamiento generalizado, el que solamente puede ser evitado mediante... ¡una nueva inyección de deuda! (México, los dragones orientales...), o bien mediante un “cerco sanitario”, un aislamiento que le deja arruinado y abandonado a su suerte (Argentina); A la vez, grandes consorcios y bancos empiezan a cimbrarse y derrumbarse dando lugar a absorciones y fusiones de carácter transnacional.

Los conflictos y guerras imperialistas tampoco cesan, como lo prometía la propaganda burguesa, solamente toman otro cariz. Ante la dislocación de los anteriores bloques imperialistas aparece una tendencia de los países a “irse por su lado”, a buscar la satisfacción de sus propios apetitos imperialistas saltándose cualquier orden o subordinación. Esta tendencia es frenada por la primera potencia mundial que en adelante se abroga el papel de policía del mundo y que trata de imponer sus intereses por encima de todos los demás países; la primera guerra de EU contra Irak, en la que los primeros logran todavía arrastrar tras de sí a una coalición de “aliados” es una lección en este sentido. Sin embargo un montón de conflictos regionales “sin control” surgen o se agudizan, en los cuales las grandes potencias intervienen ejerciendo su fuerza, la mayor parte del tiempo para contrarrestar a sus adversarios más poderosos.

Paralelamente, de manera soterrada, trabajaba otra tendencia natural de las relaciones imperialistas: la tendencia a la formación de un nuevo juego de alianzas imperialistas. Luego de unos años de alianzas momentáneas y fallidas con otras grandes potencias, y de intervenciones menores en algunos conflictos, que no hacían sino fortalecer la imagen del “caos”, poco a poco, discretamente, Alemania iba ocupando el lugar que por “naturaleza” (como potencia económica y política) le correspondía, como eje de una posible alianza de países imperialistas que rivalizara con otra encabezada por los Estados Unidos. La “unidad europea” aparece inicialmente como un proyecto para unificar el comercio entre los países europeos, en particular mediante la adopción de un moneda común y no parece chocar con los intereses de Estados Unidos, quienes buscan también mecanismos de control y orden en las relaciones internacionales. Sin embargo, una vez establecida la zona del euro, esta moneda empieza a funcionar en los intercambios internacionales y, automáticamente, empieza a rivalizar con el dólar –hasta entonces la única moneda mundial; esto representa una amenaza para los Estados Unidos, quienes tienen un sostén fundamental en su monopolio de fabricación de billetes, que le permite comprar mercancías de todo el mundo. Los países que aceptan el euro, y que incluso cambian sus reservas de dólares a euros retan a los Estados Unidos, automáticamente pasan a formar parte del “eje del mal”. Esta rivalidad naciente entre el euro y el dólar no es –otra vez- sino una expresión de la lucha por los mercados para realizar las ganancias, de la ausencia de una posibilidad de expansión de éstos, lo que deja como única salida una “nueva repartición” de los ya existentes. Tenemos pues ya aquí, el caldo de cultivo para un nuevo conflicto mundial.


c) Digresión. El abandono por parte de la CCI de la teoría de la decadencia

Desde finales de los años 80, a la luz de los trastocamientos internacionales, particularmente el derrumbe del bloque del Este, la implosión de la URSS, y el freno de las luchas de clase, la CCI empezó a elaborar la teoría de que la decadencia del capitalismo había llegado a una fase final que se podía llamar de “descomposición”. Con la década de los 90 se reforzó(4) aún más esa teoría de la fase de descomposición, caracterizada por la “tendencia al cada uno para sí” en primer lugar en relación a las relaciones imperialistas, es decir como un caos creciente expresado en conflictos cada vez más fuera de control y cada vez más “irracionales”; pero también como tendencia “al cada uno para sí” entre la clase obrera, como tendencia a perder su “identidad de clase” y como dificultades crecientes para reencontrar el camino de la lucha y organizarse (de allí por ejemplo, también, el “clanismo” y el “parasitismo” organizativos). Esta teoría, que pretendía reflejar la realidad de los años 90, contenía en sí misma, en germen, la negación de la alternativa histórica de guerra o revolución, es decir, la negación de la esencia de la teoría de la decadencia.

En efecto. Por un lado, la noción del “caos creciente” conducía a la conclusión de que el peligro de una guerra imperialista generalizada se alejaba cada vez más, debido a la incapacidad de los países para aliarse, precisamente por su tendencia “al cada uno para sí”, a la “irracionalidad” y al “caos”. Por el otro, la “pérdida de identidad” de la clase obrera abría las puertas a la noción de que ésta pudiera perder definitivamente la capacidad de responder ante el reto de la revolución y que esta alternativa también se diluyera. El motor de la historia, la lucha de clases, se diluía así en un marasmo hasta la llegada de los jinetes del apocalipsis (hambrunas, enfermedades, polución, guerras localizadas, etc, etc) que terminarían con la humanidad. A esta “tercera alternativa” arribó la CCI explícita y oficialmente en su 15º congreso de la primavera de 2003.

"La crisis económica ... sigue profundizándose, pero contrariamente al periodo de 1968 a 1989, cuando la salida a las contradicciones de clase solamente podía ser la de la guerra o la revolución, el nuevo periodo abre la vía a una tercera posibilidad: la destrucción de la humanidad, no mediante una guerra apocalíptica, sino mediante un avance gradual de la descomposición ...

... La descomposición ... podría, a plazo, minar la capacidad del proletariado para responder como clase... En el nuevo escenario, la clase obrera podría ser batida de una manera más o menos abierta y menos directa, simplemente si no logra responder a la crisis del sistema y se deja arrastrar cada vez más en la espiral de la decadencia.” (15º Congreso de la CCI. Resolución sobre la situación internacional, punto 17, Revista Internacional 113, subrayado por nosotros).(5)

Es posible seguir la evolución de esta teoría de la descomposición a través de las publicaciones de la CCI. Primero, se trataba únicamente de la “agudización extrema de las contradicciones propias de la decadencia”. Posteriormente aparecían, en un mismo artículo, tanto la “tendencia al cada uno para sí” como la “contratendencia natural a la formación de bloques” . Finalmente, esta última contratendencia va desapareciendo de los escritos, hasta llegar a las expresiones recientes tales como la de que ahora vivimos ya en el “reino del caos”. Y lo peor, es que esta “profundización” teórica se iba dando en la misma medida en que precisamente la “contratendencia” empezaba a expresarse cada vez con más fuerza, dando un mentís a la teoría del “reino del caos”. Y otro tanto sucedió con la noción de “pérdida de identidad de la clase obrera”; mientras la CCI retomaba los viejos temas ideológicos que había combatido en sus orígenes –sobre el fin de la clase obrera-, la clase obrera misma empezaba a reanudar su combate después de diez años quietud. Y ahora, para no estropear la teoría, la actual CCI prefiere negar, subestimar u ¡ocultar la existencia de esas luchas! Evidentemente, este dogmatismo, esta incapacidad de reconocer que la “descomposición” no cubría una fase histórica nueva, sino que solamente expresaba una situación temporal (en tanto las clases “asimilaban” el trastocamiento del derrumbe del Este, lo que llamamos “bloqueo histórico” y que la burguesía ha comenzado a “desbloquear” como lo mostró dramáticamente el 11 de septiembre de 2001) no se explica por sí mismo, sino que encuentra sus causas en una involución política de la CCI, la cual está fuera del objeto de este trabajo.

Aquí solamente debemos remarcar que, al contrario de las afirmaciones de la actual CCI, acerca de que la teoría de la descomposición estaría en continuidad, o sería un complemento de la teoría de la decadencia, una profundización para la época actual, al contrario de todo ello, la teoría de la descomposición rompe, en lo fundamental, con el hilo de la teoría de la decadencia, tal como ha sido desarrollada por los revolucionarios del pasado, y tal como había sido sintetizada por la CCI.

Mientras la teoría de la decadencia explica las causas de la alternativa histórica de guerra o revolución, la de la descomposición pretende explicar la difuminación de esa alternativa; mientras la teoría de la decadencia explica las condiciones que vuelven posible la revolución, la de la descomposición explica las condiciones que la alejan para siempre. Finalmente, la “teoría de la descomposición” choca cada vez más con la situación real y actual del capitalismo y la lucha de clases, y por ello encontramos cada vez más contrasentidos y barbaridades en las publicaciones de la actual CCI. Por nuestra parte, nos parece indispensable un trabajo que retome en todos sus aspectos la teoría de la decadencia, la reapertura del debate sobre la decadencia en el campo proletario, y la profundización y clarificación de todos los aspectos de la situación actual en relación con ésta.


d) La vuelta de la alternativa histórica: guerra o revolución

-2001 en adelante. Remitiremos al lector a los análisis de nuestra fracción sobre el periodo abierto a partir del 2001(6). Mencionemos solamente que son precisamente los acontecimientos de los últimos años, en particular a partir del derrumbe de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, los que vuelven a traer a la escena de manera concreta y evidente la alternativa histórica de la época de la decadencia.

Con la declaración de guerra de Bush a todos los países que se atraviesen en los intereses de los Estados Unidos, declaración enmascarada tras el “combate al terrorismo”, se vuelve a plantear en términos concretos que la única salida a la crisis crónica es la guerra imperialista. EUA invade inmediatamente Afganistán y enseguida se lanza contra Irak, pero aquí se manifiesta ya un vuelco en la situación: mientras en la primera guerra contra Irak, Estados Unidos había impuesto a las otras grandes potencias marchar detrás suyo, en esta ocasión se expresa abiertamente el rechazo de Francia, Alemania, Rusia y otros países a la invasión de Estados Unidos. En adelante Alemania y Francia expresarán abiertamente su alianza política, y no dejará de expresarse en diferentes planos la tendencia a la “bipolarización”, (choques diplomáticos; estertores agónicos de los organismos internacionales controlados por los Estados Unidos; creación de cuerpos militares independientes de los controlados por EUA...), provocando violentos vaivenes en el plano de las relaciones internacionales y pugnas en el seno de las burguesías “indecisas”. Los recientes atentados de Madrid son otra muestra elocuente y brutal de estas tendencias. Evidentemente, estamos aún lejos de la formación de un bloque capaz de rivalizar con los Estados Unidos, en particular, el eje alrededor de Alemania tendrá que recorrer un largo camino para poder llegar a enfrentar la potencia militar norteamericana; pero no por ello las tendencias son reales y resultan a cada paso reafirmadas.

Sin embargo, paralelamente, luego de más de una década de permanecer fuera del escenario histórico, el proletariado vuelve a manifestarse en su terreno de clase. Producto de la crisis y el empeoramiento de sus condiciones de vida y trabajo, la clase obrera vuelve a la lucha. Este cambio se veía germinar ya desde las luchas de 2001 en Argentina

Los acontecimientos de Argentina que estallaron al terminar este terrible año de 2001, responden como un eco a la aceleración brutal de la situación mundial abierta por el 11 de septiembre y por el desencadenamiento militarista capitalista al cual han dado la señal. Frente a la fuga hacia adelante hacia la guerra del capital mundial en crisis, las luchas en Argentina revelan que esta misma crisis al profundizarse conlleva, aún intacta y llena de potencialidades, otra dinámica, otra perspectiva además de la de la guerra. Y esta dinámica no es otra que el segundo término de la alternativa histórica: la del desarrollo de las luchas obreras, la de la radicalización de la conciencia en nuestra clase, la de la revolución proletaria.” (Toma de posición sobre los acontecimientos en Argentina – Boletín Nº 5 – ene 2002)

Posteriormente, las luchas de la primavera de 2003 en Francia y otras partes, apenas consumada la invasión de Irak por los EUA, venían a marcar precisamente la alternativa proletaria ante la marcha a la guerra.“Con las luchas emprendidas actualmente en Francia y en Europa, se puede decir que la clase obrera comienza a dar su respuesta a la situación abierta por la clase capitalista a partir del 11 de septiembre de 2001” (Comunicado sobre las luchas en Francia, Boletín Nº 19- junio 2003)

Finalmente, con las huelgas en Europa de finales de 2003, en particular la huelgas “salvajes” del correo en Inglaterra y de los transportes en Italia, se confirma la reanudación de la lucha de clase del proletariado internacional.

Si la brutal aceleración mundial de la situación ... revela y confirma algo, es de entrada y ante todo: la naturaleza imperialista de todos los Estados, la quiebra del modo de producción capitalista, su caída en una crisis mortal ante la cual la burguesía solamente tiene una respuesta, una política posible: la marcha hacia la guerra, y finalmente el hecho de que para imponer la guerra a la sociedad, especialmente en los países centrales, la clase dominante debe enfrentar a su enemigo mortal: la clase obrera. Todos estos elementos están presentes en la situación como puede ser nunca antes la generación actual de revolucionarios lo pudo haber vivido. Todos estos elementos no son particularmente manifestaciones de la descomposición, son manifestaciones de algo que ha sido desde siempre una base de granito en los análisis de la CCI, de la Izquierda comunista, y de la corriente marxista en el seno del movimiento obrero, pero que desafortunadamente la CCI actual tiende a olvidar: la decadencia del modo de producción capitalista. (Boletín de la fracción Nº 4, dic 2001).

1º de abril de 2004.


Notas:

1 Déclin en el original en francés. La traducción según el Larousse es: decadencia, ocaso, declinación.

2 La historia y el trabajo político de esta corriente son de importancia primordial. Se puede decir que ha dado las bases para todos los grupos y tendencias políticas que se sitúan actualmente en el campo proletario, incluida la CCI. Al respecto, véase, entre otros, el libro de la CCI sobre el tema: La izquierda italiana.

3 “Porque si hay tres países (digamos Inglaterra, Norteamérica y Alemania) que compiten comparativamente en un pie de igualdad por la posesión del mercado mundial, no hay otro remedio que una sobreproducción crónica, al suplir uno de los tres toda la cantidad requerida”. Carta de Engels a Florence K. Wischnewtsky (3 febrero 1886).

4 Esto no sucedió del día a la mañana, ni tampoco sin una “resistencia” interna. De hecho, sobre esta cuestión como sobre muchas otras, dos tendencias políticas, de las cuales una mayoritaria y que recibía votaciones unánimes, existía aunque de manera no afirmada, no declarada, no consciente de la profundidad de las divergencias, mientras la otra, minoritaria, secreta, familiar, maniobraba tratando de introducir sus posiciones por la banda, entre ellas la de la descomposición, rehusando sistemáticamente asumir sus posiciones cuando éstas asomaban la nariz por aquí o por allá, en particular precisamente sobre la descomposición (véase nuestros informes de actividades alternativos para la CCI publicados en nuestros boletines). Una vez más, precisemos aquí que la causa fundamental de la crisis de la CCI y de su deriva actual no es la existencia de maniobras, reales, ni la presencia de un verdadero caballo de Troya, también real, en nuestra organización, sino precisamente el debilitamiento político de toda la organización y sus militantes sobre el cual un elemento turbio –tendremos la ocasión de volver al respecto- y una camarilla familiar pudieron jugar.

5 Ver: Toma de posición sobre la resolución acerca de la situación internacional... Boletín Nº 21 – oct 2003 en la cual afirmamos que la introducción de una “tercera vía” liquida la posición clásica del movimiento obrero al respecto. Recordemos ésta de nuevo: “En la fase imperialista del capitalismo, desde un punto de vista general, no existen más que dos salidas: una capitalista, la guerra; la otra proletaria, la revolución. Es solamente la insurrección de los trabajadores lo que puede impedir el desencadenamiento de la guerra (Bilan Nº 2, “Una victoria de la contrarrevolución: los Estados Unidos reconocen a la URSS”, diciembre 1933, subrayado nuestro). Es toda la tradición y la continuidad de principios y política que va de Lenin y Rosa Luxemburg, pasando por la IC, las fracciones de izquierda, en primer lugar la izquierda italiana como lo muestra Bilan, luego la izquierda comunista antes durante y después de la segunda guerra mundial, hasta nuestros días y hasta las organizaciones comunistas actuales, incluida la “verdadera CCI”, de lo que la actual Corriente liquidacionista reniega y con lo cual rompe.

6 Véase por ejemplo los siguientes artículos de nuestro boletín: La nueva situación mundial y las tareas de la hora para los revolucionarios, Nº4 - dic 2001; Un nuevo periodo se abre, Nº 14 - nov 2002; Alineamientos imperialistas, campañas pacifistas Nº 18, marzo 2003; Preparación guerrera, reanudación de las luchas obreras..., Nº 22 – dic 2003.

Fracción interna de la CCI -- Boletín 24