LOS REVOLUCIONARIOS EN LAS LUCHAS
Huelgas de Diciembre 1995 y de Mayo-Junio 2003 en Francia:¿Qué intervención de los revolucionarios?


Publicamos a continuación varios textos que abordan la cuestión de la intervención. Por nuestra parte, volvemos sobre la intervención de la CCI en las huelgas de diciembre 1995 en Francia, que hasta la actualidad es incomprendida, si no es que ignorada, en cuanto a su contenido real y que ha sido desnaturalizada y desacreditada por la CCI actual, en particular con su intervención en las huelgas de mayo-junio 2003 en Francia. Publicamos también textos del BIPR y del NCI argentino, que plantean también la cuestión de la intervención de los revolucionarios en las luchas obreras.

Con la tendencia a la reanudación internacional de las luchas obreras que vivimos actualmente, esta cuestión no podía dejar de ponerse de actualidad y no ser el objeto de debates y confrontaciones políticas para beneficio, no lo dudamos, de todos los grupos y militantes comunistas.


En el numero anterior de este boletín, hemos publicado una carta del compañero T. (1) quien planteaba una serie de críticas sobre el análisis y la intervención de la CCI en las luchas obreras. Basándose sobre la actitud derrotista de la CCI actual durante la movilización obrera masiva de mayo-junio en Francia, y saludando nuestra intervención (2), el compañero estimaba que ésta, así como nuestro análisis, estaban en contradicción con las intervenciones y los análisis que la CCI había hecho durante las huelgas de diciembre 1995 en Francia. El compañero no es el único quien nos hace esta observación crítica. También nos la hicieron en la Reunión de lectores del PCI-Le Prolétaire en París de septiembre, así como otros militantes. En cambio, los compañeros ven una continuidad entre la intervención de la CCI en 2003 y la realizada en 1995.

"¿Por qué las movilizaciones de 2003 merecían un tratamiento diferente a las de 1995? ¿Acaso en 2003 la burguesía se confío y no actuó con la misma capacidad de manipulación que en 1995? ¿Fueron las maniobras orquestadas por la burguesía en 1995 las que le iban permitir controlar los movimientos posteriores? Entonces, ¿Fue 1995 la preparación de 2003? Y si fue así ¿Qué fue lo que falló ochos años después? Pero sobre todo, ¿Por qué ahora no deberíamos tener la misma cautela que prescribió la CCI en 1995 y prescribe en 2003?" (Carta de T., boletín 21).

A partir de este primer nivel de pregunta, sobre el análisis de los acontecimientos, se añade un segundo nivel, "¿Qué lecciones deja esto respecto a la intervención de los comunistas en las luchas obreras y de frente a los sindicatos? (...) ¿Cuál fue el llamado concreto de la CCI a los trabajadores durante las movilizaciones en Francia de 1995? (...)

¿Qué debía hacer la clase obrera según la CCI? Si la postura de la CCI fue la de participar en el movimiento para radicalizarlo y romper con las ataduras sindicales, los lectores, al menos yo, no lo entendimos así. Si la postura de la CCI fue la de evitar la provocación y mantener la calma, regresando a los lugares de trabajo, tampoco quedó claro en la prensa. Si la participación de la CCI por la vía de los hechos fue la de intervenir activamente aunque ello no se expresará en la prensa ¿Dónde se expresó? ¿En volantes solamente? Si la participación de la CCI se llevó a cabo mediante la intervención de ciertos militantes pero sin que ello se manifestara abiertamente en la prensa ¡peor aún!" (ídem).

Tenemos, pues, varios niveles de cuestionamiento:

- en el marco del combate histórico que libran permanentemente la burguesía y el proletariado, ¿pueden existir circunstancias -y si así es, se las puede ignorar- en las cuales movimientos sociales, luchas que impliquen a la clase obrera, sean provocadas de manera voluntaria por la burguesía en un momento en que la relación de fuerzas le sea enteramente favorable? ¿Pueden existir “luchas” amañadas, manipuladas, en las cuales la clase obrera nunca tiene realmente la iniciativa? ¿Pueden existir luchas en las cuales la clase esté entrampada y que solamente la conduzcan a una derrota vergonzosa, duradera y en ocasiones incluso decisiva?

- ¿Era Diciembre 1995 un movimiento de ese tipo? ¿era Mayo-Junio 2003 un movimiento de ese tipo?

- ¿En movimientos provocados por la burguesía, cuyo resultado no puede ser sino una derrota, deben y pueden tener una intervención los revolucionarios? ¿Deben lavarse las manos de tal movimiento y apartarse de él? ¿Deben implicarse e intervenir? ¿ Y si intervienen, qué tipo de intervención? ¿Qué orientación trazar y defender?

- Si 1995 era tal tipo de movimiento, ¿ha sido adaptada a la situación y justa la intervención de la CCI? Si 2003 hubiera sido este tipo de movimiento, lo que nosotros no consideramos, aunque tal es el "análisis" de la CCI actual, ¿ha sido adaptada y justa la intervención de la CCI de los liquidacionistas?

¿Cuál es la experiencia del movimiento obrero sobre el asunto?

Obviamente, es en la historia y en la experiencia de su clase que los revolucionarios deben buscar los primeros elementos de respuestas políticas y de principio a estas cuestiones. En particular, en dos acontecimientos históricos de primera importancia se ha visto a la burguesía preparar y organizar provocaciones contra la clase obrera con el fin de llevarla a comprometerse en una lucha insurreccional frontal de manera prematura. Se trata de las Jornadas de Julio 1917, en las que el partido bolchevique participó plenamente a la vez que intentaba impedir que los obreros y los soldados fuesen demasiado lejos y cayeran en la provocación. Y Enero 1919, en Berlín, que fue una verdadera provocación contra el proletariado, en la cual los revolucionarios, apenas constituidos en partido, fueron incapaces de tomar una decisión y una orientación dejando así que la provocación fuera hasta su término, hasta la derrota y la represión sangrienta.

Por supuesto, lejos de nosotros la idea de colocar en el mismo plano 1917-1919 y 1995. Pero los principios que deben de guiar a los revolucionarios son los mismos en una situación de "provocación", con miras a engañar a la clase obrera y a infligirle una derrota, cualquiera que sea su grado. Si en una situación "fácil", es decir, que corresponda a un grado débil de la lucha de clases, los revolucionarios dan la espalda a sus responsabilidades, entonces les resultará aún más difícil enfrentarla cuando se trate de vida o muerte para la clase obrera y sus minorías de vanguardia.

¿Qué dice Trotski sobre el tema en su Historia de la Revolución Rusa?

"En todas las antiguas revoluciones se halla el prototipo de las "jornadas de julio", por regla general, con un resultado distinto, desfavorable, muchas veces catastrófico (...). La semana espartaquista, en Enero 1919, en Berlín, pertenece al tipo de semi-revoluciones intermedias como las Jornadas de Julio en Petrogrado (...)" [3].

¿Qué actitud deben adoptar, y cuál es la responsabilidad de los comunistas en este tipo de situación?

"En esas circunstancias, el partido no se atrevió a quedarse al margen. Lavarse las manos en el agua de las reflexiones estratégicas (4) hubiera equivalido a entregar a los obreros y soldados a merced de sus enemigos (...). El partido, al ponerse audazmente al frente del movimiento, tuvo la posibilidad de detener a las masas en el momento en que la manifestación empezaba a convertirse en colisión en la cual los contrincantes iban a medir sus fuerzas con las armas (...).La importancia de una vanguardia compacta aparece por primera vez con toda su fuerza durante las jornadas de julio, cuando el partido evita, a un precio muy elevado, la derrota del proletariado y garantiza el porvenir de la revolución y el propio" (Trotski, Historia de la Revolución Rusa, capitulo ¿Podían los bolcheviques tomar el poder en julio?, subrayado por nosotros).

Así pues, la historia nos muestra que pueden existir provocaciones por parte de la burguesía que solamente pueden llevar a la derrota. Nos muestra también que los revolucionarios no se mantienen pasivos, ni indiferentes, ni tampoco "se lavan las manos" ante tales movimientos. Por el contrario, intentan intervenir activamente en su seno, incluso sabiendo que se trata de una provocación que casi ciertamente acabará con una derrota, pero intentando limitar su amplitud al máximo.

¿Hay una diferencia entre Mayo-Junio 2003 y Diciembre 1995?

Para la actual CCI, no hay diferencia. Para ésta organización, en 2003 la burguesía ha maniobrado para llevar a cabo un ataque contra la clase obrera -¿será preciso volver a afirmar que la burguesía siempre intenta maniobrar?- en particular provocando de nuevo a un sector particular, los profesores en 2003, tal como lo había hecho con los ferrocarrileros en 1995. Pero lo que hay que destacar sobre todo, por la intervención que se desprende de allí, es que la CCI actual estima que en 2003, al igual que en 1995, la burguesía logró controlar completamente cada movimiento desde sus inicios hasta el punto de no ver ninguna posibilidad real, concreta, de desarrollo "positivo" de la lucha, así como ningún reto real, ni inmediato, ni a mediano o largo plazo, para la clase obrera; lo único que podía ocurrir era el dejarse arrastrar en la maniobra e ir hacia al inevitable fracaso.

No habría ninguna diferencia fundamental, en términos de potencialidades, en términos de dinámica, en términos de enfrentamiento político, en términos de conciencia obrera, entre las huelgas de 1995 y las de 2003. Por nuestra parte, afirmamos que la dinámica y las potencialidades de 1995 y las de 2003 eran completamente diferentes, incluso opuestas.

¿Cuál fue la dinámica de diciembre 1995?

Recordemos aquí, de manera general y rápidamente lo que fue 1995. Precisemos que este recordatorio no tiene como objetivo argumentar sobre el análisis de 1995, sino solamente reafirmar una posición y un análisis que seguimos defendiendo, con miras a plantear la cuestión de la intervención de los revolucionarios en una situación particular, lo que nos parece que es el tema principal.

A partir de septiembre 1995, el conjunto del aparato estatal burgués, gobierno, partidos de derecha e izquierda, medios de difusión (prensa, televisión, radio), todos los aparatos sindicales, desde las direcciones, pasando por las federaciones, secciones locales y de base, hasta los izquierdistas, se organiza y acuerda para llevar un ataque económico real en diferentes planos, y una política amplia contra la clase obrera : "Todas estas medidas fueron discutidas con los sindicatos como lo reconocieron ellos mismos, algunos ministros y algunos dirigentes sindicales como lo atestigua la «Declaración común sobre el porvenir del Seguro Social» firmada el 30 de octubre por TODOS los sindicatos (FO y CGT incluidos). Según Le Monde del 23 de noviembre, los encuentros secretos entre el gobierno y los dirigentes sindicales se multiplicaron : «Marc Blondel [el Jefe de FO] ha tenido dos o tres encuentros con el jefe del Estado durante el otoño»" (Suplemento a Révolution internationale 251, 6 de diciembre 1995, traducido del francés por nosotros).

Una vez dispuestas y listas las fuerzas políticas y sindicales, el ritmo y plazos de los acontecimientos también es preparado de antemano. Las fechas de entrada en huelga de los diferentes sectores, enseñanza por ejemplo, y de su retorno al trabajo son previstas y espaciadas con cuidado, para imponer una dinámica en un sentido que diera la impresión de un movimiento que se extendía y luego en el de un movimiento que se iría deteniendo. La manifestación callejera del sábado 16 de diciembre que clausuró el movimiento estaba anunciada ya desde finales de noviembre, o sea desde antes del inicio de la huelga. El éxito de la extensión de la huelga en algunos lugares de trabajo precisos y centrales se anunciaba con anticipación; antes de que ocurriera, en periódicos tan famosos como Le Monde fechado 30 de noviembre. Sin ningún precedente, los telediarios del 29 de noviembre comenzaban con notas sobre las asambleas de los ferrocarrileros y de los trabajadores de los centros de clasificación de cartas del correo, a las que cámaras y periodistas acudían provocando gran sorpresa y confusión entre los trabajadores presentes.

"No es la clase obrera que ha entablado este combate. En efecto, desde el inicio, en ningún momento, ha tenido la iniciativa" (ídem). Esta característica, que destacamos desde el inicio -el texto está fechado 6 de diciembre- no sería sobrepasada, ni desmentida, en las tres semanas siguientes hasta el fin de las huelgas. Esta ausencia de iniciativa por parte de la clase obrera es un elemento importante para entender la dinámica real de los acontecimientos. "En efecto, ante esto [la amplitud de los ataques], los proletarios no pueden mantenerse pasivos. No tienen otra salida que lanzarse a la lucha. Pero (...), la burguesía ha tomado la delantera y le ha empujado a iniciar prematuramente la lucha, bajo el control total de los sindicatos. No ha dado tiempo a los obreros para que se movilizaran a su ritmo y con sus medios" (Revista internacional 84, 23 de diciembre 1995, traducido del francés por nosotros).

Una de las características del ataque recibido fue el anuncio de medidas extremamente severas y provocadoras especialmente contra los ferrocarrileros de la SNCF; además de las medidas generales que golpeaban a toda la clase obrera, los que trabajaban en los trenes tendrían que trabajar ochos años adicionales para poder jubilarse y se les anunciaba un "Contrato de plan" con su empresa. Ante esta provocación, los ferrocarrileros no tenían otra elección que lanzarse a la lucha.

"Es solamente al cabo de tres semanas que [el gobierno] anuncia el retiro de algunas medidas que habían prendido el fuego: retiro del “contrato de plan” en los ferrocarriles (...). Sin embargo, lo esencial de su política se mantiene: los aumentos de impuestos, el bloqueo a los salarios de los empleados estatales y, sobre todo, los ataques contra la seguridad social" (ídem).

Al igual que el anuncio de 10,000 despidos cuando nada más están previstos 2,000 da un margen de maniobra y "negociación", ofreciendo así la eventualidad de una supuesta "victoria sindical", las medidas "provocadoras" lanzadas contra los ferrocarrileros daban un margen de maniobra a la burguesía con el cual jugó hasta llegar a retirarlas. Los anuncios supuestamente torpes dados por el altivo primer ministro Juppé, después su afirmación firme y arrogante de mantenerlas mientras la huelga se desarrollaba, posteriormente su retiro presentado como una victoria sindical, todo esto fue parte de la definición, de la impresión de las diferentes "dinámicas", desde la "extensión" hasta el retorno al trabajo. El retiro del «Contrato de plan», el llamado de los sindicatos a los ferrocarrileros para que retornaran al trabajo, el 15 de diciembre, impuso el retorno en todos los otros sectores sin ninguna impugnación o resistencia. La provocación contra el sector de los ferrocarrileros fue controlada y manejada muy bien desde el inicio hasta el fin por la burguesía.

En consecuencia; es desde el inicio de las huelgas, o sea desde la "jornada de lucha" del 28 de noviembre y las delegaciones de ferrocarrileros enviadas principalmente hacia los centros de clasificación del correo que siguieron aquel día, que los sindicatos lograron controlar de manera irrevocable, definitiva, -en todo caso así lo juzgamos entonces, y la realidad no nos desmintió- todas las dimensiones, asambleas, extensión, manifestaciones, de este movimiento. La extensión -no volvemos aquí sobre la realidad extremadamente minoritaria de ésta - y las asambleas generales fueron convocadas, dirigidas, controladas, sin ninguna alternativa, sin ningún combate real, ni enfrentamiento, sin ningún reto inmediato potencial. Fue con mucha dificultad y de manera minoritaria que la huelga "se extendió" en el correo, en el sector de la salud y los hospitales. No hubo ninguna extensión, ni siquiera intentos, hacia el sector privado. Solamente los transportes urbanos, autobuses y metro, estuvieron algunas veces, en unos lugares, masivamente en huelga. Pero muchos depósitos de autobuses fueron bloqueados por minorías de huelguistas sindicales. Fue después de una semana que los profesores y maestros entraron en huelga, ante el llamado de los sindicatos, solo unos días y sobre reivindicaciones corporativistas. Volvieron rápidamente al trabajo, también ante el llamado de los sindicatos. En las manifestaciones callejeras, los trabajadores desfilaban en las comitivas sindicales, "en orden", y retomando las consignas sindicales. Éstas no fueron tampoco, en ningún momento, objeto de un combate, de una oposición (5), de un enfrentamiento real. A partir del día 15, los sindicatos llamaron a volver al trabajo a los ferrocarrileros y entonces el conjunto del movimiento se detuvo sin ninguna oposición, casi de un día para otro.

Desde el principio, y cuando la huelga aún no comenzaba, los medios de difusión franceses, periódicos, canales de televisión, hicieron una increíble publicidad a la huelga y su extensión (véase los periódicos y telediarios del 29 de noviembre por ejemplo). Nunca antes una huelga que "apenas empieza", así como los huelguistas, habían sido presentados de manera tan favorable. Asimismo, las huelgas de diciembre 1995 en Francia tuvieron una cobertura mediática internacional, al menos a nivel europeo, sin comparación hasta la fecha. El mismo tipo de movimientos, si bien a escala menor, pero con las mismas características generales, -dejando aparte las particularidades históricas "francesas"-, avanzada de los sindicatos empujando a la lucha, publicidad mediática, ocurrieron, en particular en Bélgica y Alemania en las semanas siguientes.

El resultado político para la burguesía fue extremadamente positivo. En particular, los sindicatos salieron de este movimiento reforzados, con nueva credibilidad, con la ilusión ampliamente extendida de que los sindicatos unidos, que la unidad sindical, son una garantía de victoria y unidad obreras. Para los obreros, par su gran masa, la unidad sindical se volvió la garantía de asambleas generales y de lucha unida y extensa. Todas las adquisiciones de las luchas de los años 1970 y 1980, que habían destacado que la unidad obrera debía afirmarse contra los sindicatos, que su unidad significaba por el contrario la división de los obreros, eran así borradas, tendían a desaparecer. Sin duda es aquí donde se ubica la derrota política de 1995. Fue principalmente esa "lección", la nueva credibilidad que adquirieron los sindicatos ante los ojos de los obreros, lo que definió, determinó, el estado general de la relación de fuerzas entre las clases, al menos en Francia, y a nuestro parecer en Europa, hasta... mayo-junio 2003.

¿Cuál fue la dinámica de las huelgas de Mayo-Junio 2003?

¿Y 2003? ¿Es preciso volver sobre los acontecimientos y su dinámica para destacar que el movimiento de Mayo-Junio 2003 llevaba justamente una dinámica opuesta y lecciones muy diferentes (6)?

En primer lugar, es importante destacar que esta lucha se ubicaba en un contexto histórico e internacional completamente diferente. Ya los obreros argentinos habían anunciado en 2001-2002 la indispensable reanudación internacional de las luchas obreras que imponía la situación abierta después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y la agravación de la crisis económica. Que en mayo 2003, apenas unas semanas, unos días, después del fin de la guerra en Irak, después de las masivas manifestaciones pacifistas internacionales, después del golpeteo propagandístico sobre la unidad nacional francesa alrededor del "pacifista" presidente Chirac, después de una campaña antiamericana sin precedentes, que después de todo esto la "concordia nacional" estallara es para nosotros altamente significativo del periodo.

Por supuesto, la burguesía, como siempre, ha "maniobrado" y preparado su ataque. Sin duda alguna, ha juzgado que el periodo posterior a la guerra en Irak y las grandes manifestaciones pacifistas, que había conocido un clima de unidad nacional, era favorable para tal ataque. Sin duda alguna, ha hecho actuar a todas sus fuerzas políticas, mediáticas y sindicales contra la clase obrera. Sin duda alguna, ha preparado de antemano, con los dirigentes sindicales, CFDT, CGT y FO (7), el ataque contra la clase obrera. Pero, al contrario de 1995, todas esas fuerzas tuvieron que intervenir abiertamente contra la huelga, contra su estallido, contra su extensión, contra su unidad. La postura de las fuerzas burguesas ante la reacción obrera no ha sido la de adelantarse, sino al contrario, la de frenar por todos los medios posibles y demorar la entrada en lucha de los diferentes sectores. Porque en esta ocasión los obreros intentaban y lograban en varios lugares y sectores tomar la iniciativa y defenderla, disputarla, contra la burguesía y sus sindicatos. Esta vez, fueron los sindicatos los obligados a adaptar constantemente su política ante el desarrollo de la lucha. El mejor ejemplo lo constituye el que, en varias ocasiones, tuvieron que adelantar las fechas de las "jornadas de acción" sindicales, o intercalar otras nuevas entre los ya anunciadas, o bien de "demorarlas" en unos sectores tales como los ferrocarrileros, precisamente. El ritmo de la movilización no estaba completamente controlado y manejado por la burguesía. Era objeto de un reto, de un combate, ante las iniciativas obreras, maestros en primer lugar, tanto a nivel nacional hasta el 13 de mayo, como a nivel local, departamental [pequeña división administrativa geográfica], regional, luego del fracaso del 14 y 15 de mayo para realizar la "huelga general" de todos los sectores.

Hubo aquí realmente un reto, la posibilidad para la clase obrera, el peligro para la burguesía, de que la iniciativa y la dinámica de la lucha escapara al control de los sindicatos. Le Monde del 16 de junio lo reconoce, cuando ya la suerte estaba echada, cuando no había ya ningún riesgo para la burguesía : "Mientras que, tanto en la mayoría como en la oposición [parlamentaria], así como en el gobierno, se reconoce que «la suerte está echada». François Fillon [Ministro del trabajo, o sea responsable de la "reforma"] ha querido rendir homenaje a la CGT y a su secretario general, Bernard Thilbault, por su ‘actitud responsable’. Subrayando así la ‘oposición razonable’ de la CGT, ‘incluso en los momentos de tensión’, el ministro del trabajo agradece a la central sindical de Montreuil [la CGT] por haberse afanado en impedir la generalización de un movimiento que llevaba el riesgo de escapar de su control".

Es conveniente subrayar la dinámica misma del movimiento de mayo-junio. Los maestros tuvieron que batallar durante meses en el silencio y ante la censura generalizada de la prensa, contra la oposición y los sabotajes sindicales para desarrollar su lucha en el sector y más allá de éste. Las asambleas de ferrocarrileros y de los transportes parisinos se opusieron a la CGT principalmente para poder imponer de antemano la continuación de la huelga en los días anteriores a la jornada de acción del 13 de mayo. Luego, el 14 y 15, fue un verdadero enfrentamiento político entre los obreros de estos sectores, en el correo, electricidad, salud, todavía en la enseñanza, en algunas ramas del sector privado (Renault, en las ciudades industriales de Roanne, de Saint Nazaire [véase Le Prolétaire 469, órgano del PCInt-Programme communiste], en Marseille, etc...); enfrentamiento en las asambleas en particular, que termina con el fracaso de la extensión generalizada. Este enfrentamiento se reproduciría, claro, cada vez con menos potencialidades de "éxito", en cada jornada de acción al menos hasta el 10 de junio. Los sindicatos requirieron de más de un mes, hasta el 19 de junio, para lograr acabar con esta lucha y agotar la combatividad expresada en innumerables iniciativas locales y regionales que reagrupaban a diferentes sectores, tanto del sector público como del privado. El cuestionamiento contra los "jefes" y los aparatos sindicales se expresaba en las consignas, los enfrentamientos por el "liderazgo" de las manifestaciones callejeras y en las consignas en su seno -miles de trabajadores se negaban de manera consciente a desfilar detrás de los sindicatos y se reagrupaban para imponerse al frente de las manifestaciones con sus propias consignas (8)-, en la aparición de coordinaciones y de otras asambleas "interprofesionales", comités, delegaciones, etc...

Esta vez, la cobertura de televisión y prensa no fue favorable; en un primer tiempo mantuvieron silencio, luego, con la entrada en lucha de varios sectores, ante la extensión en curso, los medios de comunicación no tuvieron "simpatía" por los huelguistas. Como corolario de esta postura completamente diferente a la de 1995, la prensa europea se mantuvo muy silenciosa y discreta sobre las huelgas que ocurrían en Francia. Tal como han permanecido muy discretos los medios franceses respecto a las huelgas y manifestaciones obreras en Alemania, Italia, y últimamente ante la huelga "salvaje" del correo en Gran Bretaña.

Uno de los elementos de balance de las luchas de mayo-junio es precisamente que los sindicatos no salen reforzados, con nueva credibilidad ante los ojos de los obreros, lo contrario de 1995. El fracaso de la "huelga general, sector público-sector privado", se debe esencialmente al sabotaje de los sindicatos, sobre todo en los días siguientes al 13 de mayo, en primer lugar de la CGT. La acción sindical, unida o no, no aparece ya como garantía de la unidad obrera sino como su opositor principal. La cuestión de tomar en manos las luchas(9), hacerse cargo de ellas, de su control, del respeto a las decisiones tomadas por las asambleas y los trabajadores mismos, es también una de las enseñanzas que miles de trabajadores han planteado de manera concreta, de manera militante, a lo largo de todos esos meses de mayo y junio, incluso desde febrero por una minoría. En fin, la cuestión de la extensión, sobre todo después del sabotaje sindical del 14 y 15 de mayo, fue planteada claramente en términos geográficos, locales, e "interprofesionales", o sea contra todo corporativismo, y mediante delegaciones y asambleas masivas e "interprofesionales". Esto se desarrolló particularmente en algunas regiones y ciudades de provincia y de los suburbios parisinos, si bien existieron grandes diferencias entre las regiones y las ciudades y aun cuando el movimiento fue también muy heterogéneo.

La dinámica de oposición, de enfrentamiento, las líneas de fractura, son totalmente diferentes de las de 1995. En particular, la confrontación política ya no ha sido entre una muy pequeña, insignificante, minoría de revolucionarios y las fuerzas burguesas presentes en el medio obrero, sino entre fracciones masivas e importantes de obreros -aún cuando todavía "históricamente" minoritarias- y las fuerzas de encuadramiento del Estado capitalista -aún cuando el nivel de enfrentamiento está lejos, muy lejos, de las necesidades históricas.

Seamos claros y lo más precisos posible: no decimos que la burguesía no logró controlar de manera global las huelgas de mayo-junio 2003. Logró controlar y manejar la situación. Pero no determinó, definió, la dinámica ni los medios de estas luchas, los cuales fueron objeto de un combate y un enfrentamiento entre las clases. Si bien el ataque contra las pensiones de jubilación se logró, el costo político resultó elevado para la burguesía, y la experiencia política es importante para la clase obrera.

Es también en este sentido que 2003 no solamente se ubica, a nuestro parecer, en una dinámica de reanudación internacional de las luchas obreras, en su inicio, sino que es un elemento activo, dinámico, de dicha reanudación.

En lo que se refiere a nuestra organización, la CCI de 2003 reprodujo simplemente el esquema de 1995. En cuanto al análisis de las situaciones, la CCI actual, la del liquidacionismo, no vive más que mediante esquemas estereotipados vinculados con el pasado y que reproduce de forma idéntica. Es incapaz entender la evolución y los cambios en la situación histórica actual. También esto es, a la vez, resultado de su creciente encerramiento sectario, como una manifestación de este "espíritu de fortaleza asediada" aterrorizado ante la aceleración de la historia y la confrontación política. Esto era también inevitable ante la apertura del curso oportunista del 14º congreso internacional de mayo 2001. Lo único que realmente nos sorprende, es la rapidez de este proceso...

¿Cuál fue la intervención de la CCI en 1995?

Una vez reconocidas las diferencias entre los dos movimientos, es conveniente volver sobre lo que la CCI dijo y defendió realmente en 1995, ya que persisten muchos malentendidos y confusiones. En aquel momento dijo palabras fuertes, sobre cuyo contenido hay que ponerse de acuerdo. Habló de "provocación" y "maniobra" por parte de la burguesía en el sentido en que ésta había "provocado la lucha" y "maniobrado con éxito para controlarla desde el principio hasta el fin". ¿ Cómo había calificado al movimiento desde el inicio? ¿ En qué marco había ubicado, desde el inicio, tal "provocación" y de allí su intervención?

"El gobierno de Juppé [primer ministro de aquel entonces con el presidente Chirac] lanza hoy un ataque de gran envergadura contra el conjunto de la clase obrera (...). Ante este ataque generalizado que hoy golpea a todos los sectores (sector público, sector privado, desempleados, jubilados...), la respuesta de los obreros es completamente legítima. Los proletarios no pueden permanecer pasivos. Deben defenderse, luchar (...)" (suplemento de Révolution internationale 251, 6 de diciembre 1995, traducido por nosotros).

En primer lugar, conviene destacar aquí que la CCI llamaba a los obreros a luchar. Así era en su prensa. Y esta era también la orientación dada a sus militantes obreros -sin prejuzgar aquí de su capacidad para realizarla. Así que, al contrario de una falsa idea recibida, la CCI no llamó a no-luchar, todo lo contrario como lo veremos enseguida. Pero además, cabe reafirmar aquí que toda la organización, y en primer lugar su sección en Francia, así como todos sus militantes, por supuesto, se movilizó para el seguimiento de la situación y sobre todo para la intervención.

Venía enseguida una denuncia a los sindicatos y la táctica utilizada por la burguesía, táctica presentada como una "provocación". ¿Por qué? Porque "son los sindicatos los que han ‘lanzado el movimiento’ para poder controlarlo desde el comienzo; se ha impulsado a los obreros (...) para que se movilizarán tras las consignas y acciones reivindicativas de los sindicatos (...) ; para que se lanzaran sin pensarlo en un combate precipitado, en una lucha que no controlan (...). No es la clase obrera quien ha entablado este combate. En efecto, desde el inicio (...) no ha tenido la iniciativa" (ídem). Hoy en día, y para cualquier observador objetivo y que disponga de los elementos de información concretos, estos hechos señalados no son cuestionables. Podríamos dar más elementos al respecto, si así fuera necesario.

Tomando en cuenta la realidad muy minoritaria de la huelga, con excepción de los ferrocarrileros y transportes urbanos, el suplemento de RI afirmaba que "la huelga larga, ‘hasta las últimas consecuencias’, divide también a los obreros en lucha entre los que siguen a los sindicatos sobre este terreno, y los que no quieren dejarse arrastrar ciegamente, que vacilan para lanzarse a un combate sobre el cual no tienen ningún control, ninguno dominio" (ídem).

A partir de este análisis del movimiento, de su dinámica y sus características -necesidad de la lucha, carácter vacilante y minoritario de la huelga, control completo de los sindicatos sobre las asambleas, sobre la extensión y sobre las manifestaciones callejeras planificadas de antemano, ausencia de cualquier manejo o iniciativa obrera-, ¿cuál era la orientación que se daba?

"Para luchar eficazmente, los obreros no deben dudar en disputar, desde el inicio, el control de la lucha a los sindicatos (...) ; es en primer lugar con la celebración y la participación de todos los obreros en las asambleas generales masivas y soberanas, que pueden realmente controlar su lucha, hacer fracasar las maniobras de sabotaje sindical, imponer sus propias decisiones en la discusión la más amplia posible (...) ; es en las asambleas generales soberanas que los obreros pueden realmente tomar sus luchas en las manos, controlarlas eligiendo delegados responsables ante el conjunto de los trabajadores en lucha, y por tanto revocables en cualquier momento; cuando, en el seno de estas asambleas generales, los obreros deciden entablar el combate, inmediatamente deben darse la perspectiva de extender la lucha sobre una base geográfica (...). Únicamente tomando ellos mismos, rápidamente, esta decisión, podrán impedir que los sindicatos (o su base izquierdista) les tome la delantera haciendo suya la consigna de ‘extensión’ para desnaturalizarla y sabotearla como es el caso hoy" (ídem).

Tales eran las orientaciones generales planteadas por la prensa de la CCI en 1995: un llamado al enfrentamiento político por el control y las iniciativas de lucha contra los sabotajes sindicales; en la situación concreta, inmediata, contra el control y el dominio sindical sobre la lucha, su dinámica y sus formas. Desde el inicio del movimiento la CCI intervino de manera activa, no para denunciar al movimiento en sí, sino para disputar el control y la dirección de las asambleas y de la lucha a los sindicatos. Evidentemente, dado el dominio casi completo de los sindicatos sobre aquella lucha, la dimensión "denuncia de los sindicatos y de la dinámica de la lucha" de la intervención general y de la orientación dada a los militantes tendió, con el paso de los días, a ganar sobre la intervención "positiva". Evidentemente, aquella orientación general tenía que encontrar también sus orientaciones concretas, prácticas, según los lugares y las relaciones de fuerza locales, sobre las cuales no podemos volver en el marco de este texto.

Por nuestra parte, hoy seguimos pensando, sobre la base del análisis de la situación política de aquel periodo y de la dinámica inmediata de la huelga del 28 de noviembre hasta el 15-18 de diciembre, fechas del retorno al trabajo, que dichas orientaciones eran correctas. De paso, recordemos que aquellas orientaciones ya defendidas, normalmente, por los militantes en sus intervenciones, fueron redactadas el 6 de diciembre y difundidas desde el día siguiente. O sea sin esperar.

Para responder al compañero T., y para concluir sobre el tema, hubo, pues, una política, una orientación, de intervención activa de la CCI y de todos sus militantes en 1995 -una vez más dejando de lado por el momento el que pudieran expresarse dificultades políticas o resistencias militantes para poner en práctica esta orientación- que "se expresó en la prensa" y que "se llevó a cabo mediante la intervención de ciertos militantes (...) con llamados concretos [a] romper con las ataduras sindicales. Si bien la postura de la CCI fue la de evitar la provocación" [más exactamente hacerla fracasar], no fue la de "mantener la calma, regresando a los lugares de trabajo".

¿Cuál fue la intervención de la CCI en mayo-junio 2003?

Contrariamente a lo que puede parecer superficialmente, fue todo lo contrario lo que hizo la CCI en mayo-junio 2003. Es preciso decirlo alto y fuertemente: la intervención de la CCI actual en mayo-junio 2003 es la negación de la intervención de la CCI en 1995. Veamos:

-Retraso en la intervención general. El suplemento, fechado 23 de mayo, no ha sido difundido sino a partir del 27 de mayo – mientras que ya el 1º de mayo cualquier revolucionario presente en la manifestación parisina, por ejemplo, podía darse cuenta de que una movilización "particular" se estaba desarrollando- con la condición, claro, de no estar prisionero de un "predicado estratégico" como decía Trotsky.

- Derrotismo ante el movimiento. Los "proletarios están dominados todavía por un sentimiento de impotencia y resignación (...). De manera inevitable, esta experiencia [la lucha de Mayo] va a dejar profundas marcas y el sabor amargo de la derrota entre decenas de miles de proletarios. También esto es inevitable. Sin embargo, el periodo que se abre es tal, que la clase obrera será llevada cada vez más a comprender que no tiene otra elección que luchar, a reencontrar y reafirmar su camino de clase ante la aceleración de los ataques masivos que la burguesía le dirige" (suplemento de RI ¡fechado 23 de mayo!, traducido por nosotros) – mientras que en ese mismo momento cientos de miles se hallan en lucha, los que van a desarrollar en los días y semanas siguientes cientos de iniciativas locales, regionales, nacionales, al servicio de la generalización a todos los sectores.

- Ausencia total de orientación de combate y de lucha para los militantes y los obreros. "El sentido de nuestra intervención [por medio de un suplemento fechado 23 de mayo] tenía el objetivo de permitir a la clase obrera llevar a cabo una reflexión sobre la profundidad de la crisis del capitalismo y sobre la necesidad de esta experiencia de lucha para permitirle retomar la confianza en sí misma y recobrar su identidad de clase" (Révolution internationale 337, julio 2003, La intervención de la CCI en las luchas) –remitiendo al porvenir la lucha, concreta, inmediata, que sin embargo se desarrollaba ante sus ojos (10).

- Desmovilización de la mayor parte de la secciones locales. París, Toulouse, principalmente, a pesar de ser las más numerosas en militantes,  se mantuvieron particularmente discretas en algunas manifestaciones (11) en las cuales participaron; y desmovilización de la mayor parte de los militantes quienes estuvieron ausentes en las asambleas de sus propios lugares y sectores de trabajo.

- Confusión primero, y finalmente actitud de esquiroles, de rompehuelgas, de los pocos y pobres militantes realmente activos en el movimiento, visiblemente dejados a su suerte, como lo muestra la lectura cuidadosa del artículo sobre la intervención de la CCI en RI de julio. Este artículo se apoya esencialmente, casi únicamente, sobre su experiencia en la ciudad de Lyon (lo cual viene a confirmar la ausencia de intervención significativa de las demás secciones): el artículo revela en una frase que los militantes no estaban en huelga el 13 de mayo (12) ; que después, el 22 de mayo, "en un segundo tiempo y bastante rápidamente [subrayado por nosotros] cuando se había comprobado que cualquier posibilidad de desarrollo masivo de la lucha estaba bloqueada por las fuerzas de encuadramiento sindical, nuestros compañeros han reorientado entonces claramente su intervención" (13) y han impulsado la reanudación del trabajo, como lo reconoce implícitamente y de manera vergonzosa el artículo, (14) y como nos comentaron y confirmaron varios militantes individuales, e incluso los militantes del PCI-Le Prolétaire.

En 1995, intervenimos desde el inicio, el 28 de noviembre, con nuestros militantes, y desde el 6 de diciembre con la prensa. En 1995, llamamos a los obreros a luchar contra el ataque y a evitar la derrota. En 1995, teníamos orientaciones precisas e inmediatas de intervención y de combate. En 1995, todas las secciones se movilizaron, en primer lugar las dos más importantes, París y Toulouse. En 1995, la orientación dada a los militantes era la de participar en las asambleas de manera activa y, por supuesto -no debería ser preciso recordarlo-, el estar en huelga al lado de los trabajadores hasta el final de la huelga.

La intervención de los comunistas es también un combate político

Queda una última cuestión. Ese llamado a detener la huelga, esa actitud de esquiroles, de rompehuelgas, en 2003, no se debe al análisis de la lucha, como lo muestra la intervención activa, de combate, llevada a cabo por la CCI en 1995. Se debe, en cambio, a una comprensión falsa y a una dimisión ante la función de los comunistas en este preciso momento, en este preciso movimiento. Pero más grave aún, ya que se relaciona con una cuestión de principio, es que los militantes, después de haber llamado a volver al trabajo, ¡hayan reanudado efectivamente el trabajo en tanto que la huelga continuaba, incluso en sus sectores!

He aquí una posición de principio del movimiento obrero que la CCI, la verdadera CCI, siempre defendió e intentó poner en práctica: los comunistas se mantienen en la lucha con los obreros, aún cuando estimen que su dirección es errónea. En el pasado, los militantes de la verdadera CCI fueron llevados en varias ocasiones a ir a la huelga aunque se hubieran pronunciado en contra de ella, aunque su propio servicio, o taller, estuviera de manera muy minoritaria en huelga, pero mientras una gran parte de los obreros, local o nacionalmente, se hallaban en huelga. En 1995, para dar un solo ejemplo, los militantes de la CCI que trabajaban en el Correo en Francia, estaban en huelga mientras esta última era muy minoritaria en sus puestos de trabajo, desde el 28 de noviembre hasta el 19 de diciembre. Incluso, en aquel entonces hubo una discusión interna en la CCI en relación a un militante ferrocarrilero, aislado, quien no estaba en huelga -mientras todo su taller integrado por 300 obreros sí lo estaba- y cuya actitud había sido criticada con justeza. (15). Pues no se trata aquí solamente de un "olvido" de la posición de la CCI como lo recordábamos más arriba, sino de algo gravísimo desde el punto de vista de la militancia comunista, que corresponde a una verdadera deserción de la lucha, a una visión individualista del "sálvese quien pueda", que da la espalda a las responsabilidades históricas e inmediatas de los militantes comunistas (16).

La minoría de militantes que intervinieron en 2003 y que "fueron silbados" van a escandalizar por calificar su intervención como actitud de esquiroles y desertores. El valor personal, individual, de enfrentarse con asambleas hostiles no le quita nada al hecho de que la orientación política planteada y defendida era derrotista y digna de rompehuelgas. Una vez más, el uso del escándalo, los gritos “contra la calumnia” del "parasitismo" (véase la polémica contra Le Prolétaire ya citada) solamente sirve finalmente para evitar la confrontación con la crítica política. Esa actitud de indignación -¿No acaso fue elevada la "indignación revolucionaria" a nivel de principio político (17)? - es digna, una vez más, del oportunismo más clásico, si no es que del izquierdismo. Oculta la deserción militante detrás de los pocos miembros de la CCI que intentaron, de manera honesta y valerosa, mantenerse fieles a sus adquisiciones y experiencia militantes. Desgraciadamente estuvieron al servicio de una orientación peor que errónea, derrotista. Los pocos militantes de la ciudad de Lyon sirven de coartada para la política liquidacionista de dimisión y deserción militantes del conjunto de la sección francesa de la CCI.

Como lo hemos señalado, esta cuestión ya zanjada a nivel teórico y político había sido sin embargo tema de una discusión crítica, o más bien de una crítica política, en relación a confusiones y vacilaciones de militantes individuales. Esto significa que la cuestión de la intervención colectiva e individual es completamente una cuestión política, y que es objeto de un combate sin cesar renovado para su realización. La intervención militante no se da por sí sola, automáticamente, y no se desprende mecánicamente de tal o cual análisis, aún cuando, por supuesto, hay un vínculo entre los dos. En particular, una de las dimensiones necesarias, incluso indispensable, es la convicción política -mucho más que la disciplina "proletaria", necesaria, en el seno de la organización (18)- sobre el análisis si es posible, ya que resulta obvio que militantes sin convicción serán aun menos determinados y... convincentes hacia los obreros, y sobre todo sobre la validez de los principios de la militancia comunista.

Ésta es una cuestión permanente en cualquier organización revolucionaria viva, que vuelve a plantearse con agudeza en cada nueva experiencia intensa de lucha de clases. La intervención colectiva o individual nunca es fácil, por claras y desarrolladas que puedan ser las posiciones programáticas y políticas. Desde su constitución, a lo largo de su vida, tanto en los años 1970 como 1980 y 1990, la CCI se confrontó con esta cuestión. Se planteó de nuevo en la CCI desde 1995.

Esta organización se dotó entonces, sin discontinuidad y de manera unánime hasta el 14º congreso de mayo 2001, de una orientación de actividades que incluía el debate y la discusión internos sobre las cuestiones de "apertura" en general, de la intervención en las luchas obreras, y de los militantes en sus lugares de trabajo en particular. El debate, la discusión, en el marco de aquella orientación que hoy nuestra fracción sigue encarnando, y que ha sido rechazada desde entonces de manera silenciosa y vergonzosa por la CCI actual, nunca fue realmente discutida y fue pocas veces planteada. Solo el antiguo Secretariado Internacional y los militantes de nuestra fracción habían intentado de manera tímida, demasiado tímida, hacerlo. Desgraciadamente sobre ese nivel también, el viejo SI, el antiguo Buró Internacional -el mismo que dio un viraje de 180 grados del día a la mañana sobre su propia política renegando de ésta de manera lamentable y sin ninguna explicación- no fueron capaces de asumir su responsabilidad.

También es significativo que hayamos conocido apenas últimamente, mientras la mayor parte de los miembros de nuestra fracción formaban parte de los órganos centrales, que esta tendencia hacia la deserción de la lucha, hacia el abandono de los obreros en huelga, hacia la vuelta individual al trabajo por los militantes de la CCI, no había afectado a solo un militante ferrocarrilero de la sección de París, sino a cierto número de militantes -maestros por ejemplo- de provincia en 1995. Estos se habían mantenido silenciosos, en vez de plantear abiertamente la cuestión en la organización. Esta ignorancia por un lado, y esta ausencia de debate, o más bien esta "deserción" del debate, por el otro, son una indicación complementaria de la enfermedad oportunista y tendiente a la dimisión que gangrenaba ya de manera subterránea a nuestra organización en aquel entonces, a pesar de los votos unánimes, y finalmente de fachada, sobre la intervención determinada y "el espíritu de partido".

Hay, pues, diferentes niveles de cuestiones, si bien vinculados entre ellos, que hay que distinguir en la intervención. En primer lugar, hay que ubicar esta cuestión general en la situación histórica actual. En efecto, no estamos en los años 1930, durante los cuales el proletariado fue derrotado políticamente con miras a la preparación y alistamiento para la segunda guerra mundial, y que en gran parte imponía a los revolucionarios el ir a contracorriente de la situación. Aún cuando no todo el mundo esté de acuerdo con nuestro análisis, el de la CCI, según la cual "el curso histórico es hacia los enfrentamientos de clases", pensamos que todo el mundo estará de acuerdo en que las luchas obreras y la intervención de los comunistas en estas luchas no se colocan en la misma dinámica histórica que la de los años 1930.

En estas condiciones históricas, el primer nivel de cuestión es la capacidad de analizar una lucha, o dinámica de lucha, sabiendo que las luchas "puras" -tal como la huelga de masas de agosto 1980 en Polonia-, o sea sin la intervención e "influencia" significativas de las fuerzas burguesas opuestas a la lucha y saboteándolas, son extremamente raras y tienen poca probabilidad de reproducirse. Sobre todo en los países industrializados con tradición democrática.

Otra cuestión: ¿pueden existir movimientos que la burguesía "provoca" y controla completamente desde el inicio?

Enseguida, y en el caso muy particular de una lucha "provocada y controlada por la burguesía", ¿cuál puede ser la orientación política general de la organización comunista y de sus militantes? ¿No tener en cuenta el control burgués y apoyar sin reserva la "dinámica" de lucha, o sea ir en el sentido de la "mayoría" en las asambleas y las manifestaciones, lo que conduce ineluctablemente a la derrota? ¿O bien intentar, siendo parte activa y militante de la lucha, y a riesgo de estar en "minoría" en la lucha, disputar la dirección política - "hacia dónde ir"- y luchar por alternativas, por otro camino? ¿O bien, aún, dejar que pase, abandonar la lucha, con la seguridad de que ésta va hacia el fracaso, y contentarse con denunciar el movimiento mientras se libera colectiva e individualmente del compromiso del combate, abandonando, por ejemplo, a los huelguistas y reanudando sólo, sin los demás, el trabajo?

La CCI de 1995 había escogido la segunda vía y había intentado ponerla en práctica. La CCI de 2003 ha escogido la tercera vía, la de la deserción y del abandono, y la ha puesto en práctica.

Y, finalmente, ¿cuál es el combate organizativo que hay que llevar a cabo para ganar a los militantes a la intervención convencida, determinada, y militante?

Tal es, a nuestro parecer, el interés político particular que tiene el defender hoy en día el análisis y la intervención de la CCI en las huelgas de diciembre 1995. Obviamente, nuestra lucha como "fracción interna" nos impone defender las posiciones de la verdadera CCI, incluso de manera crítica si es necesario, y de subrayar la traición que está ocurriendo ante nuestros ojos. Nos corresponde revelar la diferencia entre la CCI de ayer y la de hoy. Pero es conveniente también, sobre todo para el conjunto de las fuerzas comunistas, destacar los verdaderos problemas y cuestiones políticas concretas, reales, que no dejarán de encontrar -por supuesto bajo otras formas- en las movilizaciones obreras por venir y en su intervención.

Con excepción de la CCI actual, los otros grupos comunistas han intervenido de manera positiva y dinámica, en función de sus fuerzas y en base a su experiencia y posiciones propias, en las huelgas de mayo-junio 2003. Asimismo, también a excepción de la CCI actual, han sabido reconocer el significado histórico de la lucha obrera en Argentina del invierno 2001, así como sus límites.

En fin, vemos que la dinámica de reanudación internacional de las luchas se confirma particularmente en Europa. Las huelgas obreras en Gran Bretaña, en el correo en particular, que vieron un resurgimiento de "huelgas salvajes", se colocan completamente en este proceso. Aquí también, estas luchas plantean la cuestión de la intervención y la responsabilidad de los revolucionarios.

Todas estas cuestiones vuelven al primer plano. Deben ser presentadas, debatidas, confrontadas. Las diferentes posiciones y concepciones sobre el tema deben confrontarse públicamente. Es el camino militante para poder "compartir" las experiencias militantes y para la clarificación política, a fin de que las pequeñas fuerzas comunistas sean lo más eficaces posible, tanto a nivel histórico como inmediato, en las luchas obreras por venir y en particular en el combate por su dirección política.

Para nosotros, es una dimensión particular, pero no menos importante, del combate y del proceso de constitución del futuro partido mundial del proletariado.

La fracción. Noviembre 2003.


NOTAS:

1 Los documentos que T. dirige al BIPR son firmados A.

2 "Lo que tenemos ahora es una fracción interna de la CCI que ha asumido la lucha de los trabajadores franceses como suya [que se ha] convertido en un agente de intervención en el proceso real de los acontecimientos" (boletín 21)

3 Esta última frase forma parte de un párrafo que no está presente en la versión española del libro colocada en el sitio Internet del marxist.org. Pero sí existe en la versión francesa publicada por las Editions du Seuil, 1950.

4 La versión francesa del libro utiliza el término "predicado" en vez de "reflexión". ¿ No es en el "predicado estratégico" de "proletarios (...) dominados todavía por un sentimiento de impotencia y de resignación" (suplemento de Revolution internationale, 23 de mayo 2003) y de esquemas - "De manera inevitable, esta experiencia va a dejar profundas marcas y el sabor amargo de la derrota entre decenas de miles de proletarios. También esto es inevitable" (ídem) - que se ha refugiado la CCI actual negando de antemano a la lucha de mayo-junio 2003 cualquier potencialidad, y cualquier combate ?

5 El suplemento de RI fue difundido y vendido masivamente. Sin embargo, si bien su venta fue un gran éxito, su contenido encontró poco, por no decir ningún eco concreto, ninguna "retroalimentación". Por ejemplo, no produjo una participación mayor en las reuniones públicas, ni siquiera nuevos contactos significativos, desde diciembre 1995. Aún en los lugares donde los militantes revolucionarios, al menos los de la CCI que intervenían, son activos y conocidos, su intervención sobre las orientaciones y sobre el manejo de la lucha no encontró eco real, concreto, práctico. Y menos aún fue retomado por minorías de trabajadores, a pesar de la simpatía política y de la confianza política que les podían tener desde mucho tiempo atrás.

6 Para ver nuestro análisis y nuestra intervención en las huelgas de mayo-junio, véase nuestros boletines 19 y20.

7 La CFDT es el sindicato que tradicionalmente "firma los acuerdos" nacionales para que sean legales, y la CGT, el mayor sindicato de origen estalinista y todavía con la mayor fuerza "militante" en las empresas, se presenta de "lucha". Así se hace un juego permanente sobre la búsqueda de la "unidad" sindical, o de la desunión sindical según los momentos y las necesidades, que logra a menudo desviar las luchas y confundir a los obreros.

8 Se ha reproducido en varias ocasiones en París. Desde la manifestación del 1º de mayo, dos o trescientos profesores hacen una hilera de dos filas en medio de las cuales tiene que pasar la manifestación, y entonces gritan consignas llamando a (sector) "¡ público-privado, huelga general !". Luego, el 13, 19, 25, 27 de mayo, el 3 y 10 de junio, fueron 1,000, 2,000, 3,000 trabajadores, según los casos que así se juntaban de manera sistemática... En provincia, el mismo tipo de oposición y de enfrentamientos políticos también tuvieron lugar.

9 Expresión francesa que puede significar en castellano "dirección asumida" en el sentido amplio, o sea organización y participación activa de todos para luchar por el desarrollo de la lucha.

10 Una vez más cabe recordar que durante estos días, el BIPR y el PCInt-Le Prolétaire difundieron, cada uno, un volante llamando a los trabajadores a tomar en manos la lucha contra los sabotajes sindicales. Por nuestra parte, desde el fin de abril, y en particular ya en la manifestación del 1º de mayo, difundimos nuestro volante llamando a la unidad de todos los sectores (véase nuestro boletín 19).

11 La única movilización significativa de la CCI en París fue para la manifestación callejera del domingo 25 de mayo por el hecho de que los militantes, a pesar de que la mayoría podían, no estaban en huelga durante aquel periodo.

12 "Así, por ejemplo, desde el 13 de mayo, (...) nuestros compañeros han podido intervenir en dos ocasiones a pesar de la agresividad de la intersindical [o sea la unión formal de varios sindicatos a nivel local "para la lucha", nota del traductor al español] que presidía la asamblea general (y en particular un jefe local de la LCR [trotskista], representando el sindicato FSU, quien intentó cortarles la palabra con interrupciones del estilo "Resume", "empieza primero por meter tu escuela en huelga") (subrayado por nosotros)...

13¿Cuál ha sido la "orientación" dada?
"- Evidenciar la trampa que representaba la consigna de "huelga indefinida" con el riesgo de llevar al agotamiento y a la desmoralización"  [¡mientras los sindicatos se oponían a la "huelga indefinida"!];

- denunciar e "hasta las últimas consecuencias" ["jusqu'au-boutisme" o sea la huelga sin limite de tiempo; o el radicalismo] de los sindicatos y de los izquierdistas con acciones de comandos, estériles y minoritarias (tal como el bloqueo de los exámenes) que no sirven sino para reforzar la división entre huelguistas y no-huelguistas ;
- necesidad del reagruparse para evitar la confusión, para discutir lo más colectivamente posible del seguimiento o no de la huelga con miras a evitar la desmoralización y a prepararse a reanudar el combate más tarde mientras se mantienen nuestras fuerzas intactas ;
- necesidad de mantener regularmente asambleas generales, antes y después el trabajo [confirmación clara de que la CCI llamaba a abandonar la huelga], para empezar a sacar las lecciones de esta lucha, y a discutir de las razones por los obstáculos encontrados en este combate" (subrayado por nosotros). Esta reorientación, o sea en los hechos el llamamiento a retornar al trabajo, tuvo lugar según el artículo, ¡"muy rápidamente después del 22 de mayo!

14 Demos las gracias a Révolution internationale 341 de diciembre 2003 que confirma abiertamente nuestras afirmaciones en una polémica, escandalosa, llena de rabia y vacía de argumentos políticos serios, sin ninguna preocupación de cualquier clarificación política contra Le Prolétaire : "Para ajustar las cuentas, queremos recordar al PCI que nuestros militantes no han sido nada más silbados cuando llamaron a la reanudación del trabajo". (...) Por otra parte, nuestros compañeros efectivamente fueron "abucheados" por los sindicatos y los izquierdistas cuando llamaron a la reanudación del trabajo cuando apareció claramente que las fuerzas de encuadramiento capitalistas habían logrado sus maniobras con miras a aislar los trabajadores de la Educación Nacional. Si nuestros militantes les llamaron entonces a detener la huelga, es justamente porque las maniobras sindicales habían llevado aquella en un callejón sin salida. Continuar la huelga, con el bloqueo de los exámenes, no podía sino llevar al agotamiento de la combatividad de los trabajadores en lucha, conducirles a una derrota áspera y a la desmoralización".

15 Dada la imagen desastrosa que da la actual CCI de su vida interna, cabe precisar de pasada que aquella crítica había sido una crítica política y no une cuestionamiento del militante a nivel personal.

16 Está claro que no se trata de una regla absoluta que obligaría todos los militantes de la organización revolucionaria a hacer huelga cualquiera sea su profesión, su puesto de trabajo, su corporación, las condiciones particulares, y cualquiera sea la dinámica de la lucha tanto a nivel general como en su entorno inmediato. Pero, en cambio, cuando es posible, está claro que deben aprovechar toda ocasión de estar en lucha al lado del conjunto de la clase obrera. Esto no es por "postura revolucionaria" o "radical" sino para ser lo más eficaz y creíble posible en su papel de "vanguardia" militante y política de la clase obrera, en el combate por la "dirección" política de las luchas. Está claro que el comportamiento de Poncio Pilatos "de lavarse las manos" del porvenir del combate obrero - es exactamente lo que expresa el retorno al trabajo por los militantes después haber llamado sin éxito a reanudar el trabajo- es catastrófico para la credibilidad política de las minorías revolucionarias y para los militantes que lo adoptaron. Y es muy destructor también para la convicción y determinación política de esos últimos.

17 Véase nuestro informe de actividades para el congreso internacional de la CCI, boletín 16.

18 No se trata de confundirla con la disciplina de los partidos degenerados, la cual no está basada sobre la convicción política sino sobre la disciplina en nombre del "patriotismo de partido", o sea una disciplina militar y burguesa.

Boletín Comunista Nº 22 - Fracción interna de la CCI