Publicamos
a continuación un remarcable artículo de combate contra
el pacifismo que fue escrito por Trotsky en la corriente del verano
de 1917, manifiestamente cuando Rusia todavía estaba dirigida
por el gobierno provisional de Kerenski y compañía, el
cual aún estaba comprometido en la guerra.
Este artículo
presenta para nosotros un doble interés :
primero, porque expresa la posición defendida por el movimiento revolucionario, especialmente desde la primera guerra mundial, acerca de la cuestión del pacifismo, en este caso bajo la pluma de uno de sus más ilustres representantes. No es inútil que las generaciones actuales de revolucionarios se inspiren de la claridad y determinación de quienes les han precedido en el combate contra la guerra y contra ese tipo de ideología que tiene como único sentido y función desarmar a la clase obrera;
enseguida,
porque resulta ser de candente actualidad, ahora que las
manifestaciones masivas, las consignas y declaraciones pacifistas no
dejan de hacer eco a los ruidos de botas y cañones que se
multiplican por todo el planeta; ahora que la burguesía
internacional, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001,
oculta cada vez menos sus intenciones de lanzarse a un nuevo
enfrentamiento militar generalizado y que se prepara para ello
activamente.
En su toma de posición, Trotsky subraya de
entrada que, en los momentos en que la guerra se plantea para el
capitalismo, hay un desarrollo sustancial del pacifismo; pero no
analiza este fenómeno como una reacción sana y sincera
de la sociedad contra aquélla, sino, por el contrario, como
"una hipocresía específica" que se
manifiesta -como se ha podido ver estos últimos años
respecto a Afganistán y más claramente aún
respecto a Irak- mediante la multiplicación de "
resoluciones y manifiestos inofensivos" elaborados por
múltiples instancias políticas, culturales y religiosas
de la burguesía.
Si, en general, esta ideología
"provee de una salida al ciudadano pequeñoburgués
temeroso de los eventos que conmocionan al mundo", Trotsky
muestra que se plantea únicamente en interés de la
clase dominante. Incluso va más lejos al demostrar que se
trata de un arma ideológica y política importante
de la cual se sirve:
como justificación para la guerra: "Las naciones 'progresistas' se degüellan mutuamente en nombre del pacifismo.";
como "sirviente del imperialismo": "Y así, el pacifismo tuvo su papel asignado en el mecanismo de la guerra, tal como el gas venenoso, y la creciente pila de bonos de guerra.";
en fin, como un veneno específicamente destinado a la clase obrera con el fin de "conquistar este descontento indefinido, y transformarlo en cooperación patriótica" antes de "controlar a las masas mediante métodos militaristas".
Evidentemente, el punto de vista de los marxistas sobre el pacifismo puede conducirlos solamente a un tipo de intervención: un combate abierto, determinado, sin ambigüedad ni desidia contra esta ideología y contra quienes la sostienen. Tender a tratarla ante todo como una "ilusión", tal como lo hace cada vez más la CCI "oficial", es abrir la puerta al oportunismo que trata a la clase obrera como una masa de "ciudadanos pequeñoburgueses" amedrentados a quienes la burguesía les proporciona "una salida" con el fin de consolarlos; es olvidar que, como lo dice tan claramente Trotsky, "el pacifismo tiene el mismo linaje que la democracia" y se basa como ésta en la concepción típicamente burguesa según la cual "las buenas voluntades pueden cambiar las cosas" (¿es imaginable una organización que se diga "comunista" actualmente que defienda la idea según la cual la "democracia" es solamente una simple ilusión?); eso es tender a debilitar la conciencia obrera y sobre todo su capacidad de respuesta contra la guerra que no se sitúa de ningún modo en el terreno de un combate ideológico individual (el cual es el terreno de la pequeñaburguesía) sino únicamente en el terreno de un combate histórico de clase.
***
Nunca
hubo tantos pacifistas en el mundo como ahora, cuando en todos los
países los hombres se matan entre sí. Cada época
histórica tiene no solamente su propia técnica y su
propia forma política, sino también una hipocresía
específica. Hubo un tiempo en que los pueblos se destruían
unos a otros en nombre de las enseñanzas del cristianismo del
amor a la humanidad. Ahora solamente los gobiernos retrógradas
apelan a Cristo. Las naciones progresistas se degüellan entre sí
en nombre del pacifismo. Wilson arrastra a los Estados Unidos a la
guerra en nombre de la Liga de las Naciones y la paz perpetua.
Kerensky y Tseretelli claman por una ofensiva para obtener una rápida
paz.
A nuestra época le hace falta la sátira
indignada de un Juvenal. De cualquier modo, incluso las más
agudas armas satíricas están en peligro de mostrarse
impotentes e ilusorias en comparación con la infamia
triunfante y la estupidez rastrera; dos elementos que fueron
desencadenados por la guerra.
El pacifismo es del mismo linaje
histórico que la democracia. La burguesía hizo un gran
intento histórico para ordenar todas las relaciones humanas en
concordancia con la razón, para reemplazar la tradición
ciega y estúpida por las instituciones de pensamiento crítico.
Los gremios con sus restricciones de producción, las
instituciones políticas con sus privilegios, el absolutismo
monárquico – todas estas eran reliquias tradicionales de
la edad media. La democracia burguesa demandaba igualdad legal para
la libre competencia, y el parlamentarismo como el medio para
gobernar los asuntos públicos. Buscó también
regular las relaciones nacionales del mismo modo. Pero en este punto
se encontró con la guerra, es decir, con un método para
resolver los problemas que es una completa negación de la
"razón". Así que comenzó a aconsejar a
los poetas, filósofos, moralistas y hombres de negocios, que
sería mucho más útil para ellos introducir la
paz perpetua. Estos son los argumentos lógicos del pacifismo.
El defecto heredado del pacifismo, si embargo, era el mal
fundamental que caracteriza a la democracia burguesa. Su crítica
toca solamente la superficie del fenómeno social, no se atreve
a cortar profundo hasta los hechos económicos subyacientes. El
realismo capitalista, sin embargo, maneja la idea de una paz eterna
basada en la armonía de la razón, quizás más
piadosamente que la idea de libertad, igualdad y fraternidad. El
capitalismo, desarrolló la técnica sobre una base
racional, pero fracasó en la regulación racional de las
condiciones económicas. Preparó armas para la mutua
exterminación que nunca habrían soñado los "
bárbaros " de la época medieval.
La rápida
intensificación de las condiciones internacionales, y el
incesante crecimiento del militarismo, le quitaron todo basamento al
pacifismo. Pero al mismo tiempo, estas mismas fuerzas le dieron al
pacifismo una nueva vida ante nuestros ojos, una vida tan diferente
de la anterior como un rojo ocaso difiere de un rosado amanecer.
La
década que precedió a la guerra fue el periodo llamado
de "la paz armada". Todo este periodo no fue en realidad
otra cosa que una guerra ininterrumpida, una guerra sostenida en los
dominios coloniales.
Esta guerra se llevó a cabo sobre los
territorios de los pueblos atrasados y débiles; condujo a la
participación de África, Polinesia y Asia, y preparó
el camino para la actual guerra. Pero, como no había ocurrido
ninguna guerra europea desde 1871, si bien habían ocurrido
muchos pequeños pero agudos conflictos, la opinión
común entre la pequeñaburguesía había
sido empujada sistemáticamente a ver el crecimiento cada vez
mayor del ejército como una garantía de paz, la cual
gradualmente cosecharía sus frutos en un nuevo derecho
internacional. En cuanto a los gobiernos capitalistas y los grandes
negocios, naturalmente no tenían nada que objetar a esta
interpretación "pacifista" del militarismo.
Entretanto los conflictos mundiales se preparaban y la catástrofe
mundial se avecinaba.
Teórica y políticamente, el
pacifismo tiene las misma base que la doctrina de la armonía
social entre los intereses de las diferentes clases.
La oposición
entre Estados nacionales capitalistas tiene la misma base económica
que la lucha de clases. Si aceptáramos la posibilidad de una
gradual atenuación de la lucha de clases, entonces tendríamos
que asumir también la gradual atenuación y regulación
de los conflictos nacionales.
El guardián de la ideología
democrática, con todas sus tradiciones e ilusiones, era la
pequeñaburguesía. Durante la segunda mitad del siglo
diecinueve, se había transformado internamente por completo,
pero no había desaparecido de la escena. A la vez que el
desarrollo de la técnica capitalista había minado
permanentemente el papel económico de la pequeñaburguesía,
el sufragio universal y el servicio militar obligatorio le dieron,
gracias a su fuerza numérica, la apariencia de un factor
político. Donde el pequeño patrono no había sido
aplastado por el gran capital, estaba completamente subyugado por el
sistema de crédito. Solamente les restaba a los representantes
del gran capital subyugar a la pequeñaburguesía también
en el plano político, sirviéndose de todas sus teorías
y prejuicios y dándoles un valor ficticio. Esta es la
explicación del fenómeno que se observó en los
últimos diez años anteriores a la guerra, cuando el
imperialismo reaccionario crecía tan terroríficamente,
mientras al mismo tiempo la florida ilusión de una democracia
burguesa, con todo su reformismo y pacifismo se establecía. El
gran capital subyugó a la pequeñaburguesía a sus
fines imperialistas por medio de sus propios prejuicios.
Francia
fue el ejemplo clásico de este proceso de dos caras. Francia
es un país de capital financiero apoyado sobre la base de una
numerosa y generalmente conservadora pequeñaburguesía.
Gracias a los empréstitos extranjeros, a las colonias, y a la
alianza con Rusia e Inglaterra, el estrato superior de la población
fue arrastrado tras los intereses y conflictos del mundo capitalista.
Entretanto, el pequeñoburgués francés se mantuvo
provinciano hasta la médula. Tiene un temor instintivo a la
geografía, y a lo largo de toda su vida tuvo el mayor horror
hacia la guerra, principalmente porque generalmente tiene solamente
un hijo, a quien le heredará sus negocios y hacienda. Este
pequeñoburgués envía a un burgués radical
para que lo represente en el parlamento, para que el caballero le
prometa que preservará la paz para él mediante la Liga
de las Naciones por un lado y los cosacos rusos, quienes le cortarán
la cabeza al káiser para él, por el otro lado. El
diputado radical llega a París proveniente de su círculo
de legisladores provincianos, no solamente lleno de deseos de paz,
sino también con solamente nociones vagas acerca de la
ubicación del Golfo Pérsico, y sin una clara idea de
porqué y para quién es necesario el ferrocarril de
Bagdad. De entre estos diputados "pacifistas radicales"
sale un ministro radical, quien inmediatamente se encuentra enredado
hasta las orejas en los entramados de todas las obligaciones
diplomáticas y militares previamente tomadas por todos los
variados intereses financieros de la bolsa francesa en Rusia, África
y Asia. El ministro y el parlamento nunca dejan de entonar su
fraseología pacifista, pero al mismo tiempo llevan a cabo
automáticamente un política exterior que finalmente
condujo a Francia a la guerra.
El pacifismo inglés y
norteamericano, a pesar de toda la variedad de condiciones sociales e
ideología (a pesar también de la carencia de cualquier
ideología como en los Estados Unidos) lleva a cabo
esencialmente el mismo trabajo: provee de una salida al ciudadano
pequeñoburgués temeroso de los eventos que conmocionan
el mundo, los que, después de todo, solamente pueden privarlo
de los restos de su independencia; arrulla su vigilancia meditante
inútiles nociones de desarme, derecho internacional y
tribunales de arbitraje. Entonces, en un momento dado, le entregan en
cuerpo y alma al imperialismo capitalista que ha movilizado ya todos
los medios necesarios para su fin: es decir, conocimiento técnico,
arte, religión, pacifismo burgués y "socialismo"
patriótico.
"Estamos contra la guerra, nuestros
diputados, nuestros ministros, todos estamos contra la guerra",
grita el pequeñoburgués francés: "Sin
embargo, debido a que nos han forzado a la guerra, y con el objetivo
de realizar nuestros ideales pacifistas, debemos continuar la guerra
hasta un final victorioso". Y el representante del pacifismo
francés, Barón d´Estournel de Constant, consagra
su filosofía pacifista con el solemne " jusqu´au
bout!" ¡guerra hasta el fin!
Lo que el mercado
accionario ingles requería por sobre todas las cosas para una
conducción exitosa de la guerra, eran pacifistas como el
liberal Asquith, y el demagogo radical Lloyd George. "Si estos
hombres conducen la guerra" se dicen los ingleses, "entonces
tenemos el derecho de nuestro lado". Y así, el pacifismo
tuvo su papel asignado en el mecanismo de la guerra, tal como el gas
venenoso, y la creciente pila de bonos de guerra.
En los Estados
Unidos el pacifismo de la pequeñaburguesía se mostró
en su verdadero papel, como sirviente del imperialismo, de un modo
aún menos disfrazado. Allí, como en todas partes, eran
los bancos y monopolios los que realmente conducían la
política. Incluso antes de la guerra, debido al extraordinario
desarrollo de la industria y del comercio de exportación, los
Estados Unidos se habían estado moviendo resueltamente en
dirección de los intereses mundiales y del imperialismo. Pero
la guerra europea aceleró este desarrollo imperialista a un
ritmo febril. Mientras que mucha gente piadosa (incluyendo a Kautsky)
esperaba que los horrores de la carnicería en Europa llenara a
la burguesía americana de horror hacia el militarismo, la
verdadera influencia de los acontecimientos en Europa siguió
una línea no psicológica, sino materialista, y condujo
a los resultados contrarios. Las exportaciones de los Estados Unidos,
que en 1913 totalizaron 2,466 millones de dólares, alcanzaron
en 1916 el increíble cifra de 5.48 billones de dólares.
Naturalmente, la parte del león de este comercio de
exportación fue asignada a la industria de municiones.
Entonces vino la repentina amenaza de un cese del comercio de
exportación hacia los países de la Entente, al
iniciarse la guerra submarina irrestricta. En 1915 la Entente había
importado bienes norteamericanos hasta por 35 mil millones, mientras
Alemania y Austria-Hungría habían importado apenas
alrededor de 15 millones. Así que, no solamente se marcaba un
disminución en las gigantescas ganancias, sino que el conjunto
de la industria americana, el cual se basaba en la industria de
guerra, estaba amenazado ahora por una severa crisis. Es en estas
cifras que debemos buscar la clave de la división de
"simpatías" en América. Así que los
capitalistas demandaron al Estado: "Fuiste tú quien
inició este desarrollo de la industria de guerra bajo la
bandera del pacifismo, así que te corresponde ahora encontrar
para nosotros un nuevo mercado". Si el Estado no estaba en una
posición de prometer la "libertad de los mares" (en
otras palabras, la libertad para estrujar capital de sangre humana)
entonces debería abrir un nuevo mercado para las amenazadas
industrias de guerra, en Estados Unidos mismos. Así que los
requerimiento de la matanza europea produjeron una repentina, una
catastrófica militarización de los Estados Unidos.
Este
negocio tendía a levantar la oposición de las grandes
masas del pueblo. Conquistar este descontento indefinido, y
transformarlo en cooperación patriótica era la tarea
más importante de la política doméstica de los
EUA. Y fue por una extraña ironía del destino que el
pacifismo oficial de Wilson, así como el pacifismo de
"oposición" de Bryan, suministraron las armas más
poderosas para el logro de esta tarea, es decir, el control de las
masas mediante métodos militaristas.
Bryan se apresuró
a expresar en voz alta el disgusto natural de los granjeros, y de
toda la pequeñaburguesía hacia el imperialismo, el
militarismo y el aumento en los impuestos. Pero a la vez que enviaba
carretadas de peticiones y diputaciones a sus colegas pacifistas,
quienes ocupaban los más altos puestos en el gobierno, Bryan
también hacía todos los esfuerzos para desviar la
dirección revolucionaria de este movimiento.
"Si llega
la guerra", por ejemplo telegrafiaba Bryan a un mitin antiguerra
que se llevaba a cabo en Chicago en febrero, "entonces, por
supuesto, apoyaremos al gobierno, pero hasta ese momento es nuestro
más sagrado deber hacer todo lo que esté en nuestras
manos para salvar al pueblo de los horrores de la guerra". En
estas pocas palabras se condensa todo el programa del pacifismo
pequeñoburgués. "Todo lo que esté en
nuestras manos para evitar la guerra", significa proporcionar
una salida a la oposición de las masas mediante manifiestos
inofensivos, en los que se le da una garantía al gobierno de
que, si la guerra llega, esta oposición pacifista no le pondrá
ningún obstáculo a ella.
Por supuesto, eso era todo
lo que requería el pacifismo oficial personificado por Wilson,
quien ya había dado suficientes pruebas a los capitalistas que
estaban fabricando la guerra, de que estaba "listo para pelear".
Incluso para Mr. Bryan fue suficiente esta declaración, luego
de la cual dejó alegremente de lado su ruidosa oposición
a la guerra; simplemente con un propósito, el de declarar la
guerra. Como Mr. Wilson, Mr. Bryan se pasó apresuradamente al
otro lado del gobierno. Y no sólo la pequeñaburguesía,
sino también la gran masa del pueblo, se dijo a sí
misma: "Si nuestro gobierno, encabezado por un pacifista de tal
reputación mundial como Wilson, puede declarar la guerra, y
Bryan mismo puede apoyar al gobierno en la cuestión de la
guerra, entonces con toda seguridad deber tratarse de una guerra
justa y necesaria." Esto explica porque el piadoso pacifismo
estilo cuáquero, al cual se entregaron los demagogos que
conducen el gobierno, es tan altamente valorado por el mercado de
valores y los líderes de la industria de guerra.
Nuestro
propio pacifismo socialrrevolucionario, menchevique, a pesar de la
diferencia en las condiciones externas, jugó a su propia
manera exactamente el mismo papel. La resolución sobre la
guerra, que fue adoptada por una mayoría de los Consejos de
obreros y soldados de toda Rusia, se fundó no solamente en los
prejuicios pacifistas comúnes, sino también en las
características de una guerra imperialista. El congreso
declaró que la "primera y más importante tarea de
la democracia revolucionaria" era el rápido final de la
guerra. Pero todas estas declaraciones están dirigidas hacia
un solo fin: en la medida en que los esfuerzos internacionales de la
democracia han fracasado en poner un fin a la guerra, la democracia
revolucionaria rusa demanda con toda su fuerza que el ejército
rojo debe prepararse para pelear ya sea en defensa o atacando.
La
revisión de los viejos tratados internacionales vuelven al
congreso ruso dependiente de los acuerdos voluntarios con la
diplomacia de la Entente, y no está en la naturaleza de estos
diplomáticos liquidar el carácter imperialista de la
guerra, incluso si pudieran. Los "esfuerzos internacionales de
la democracia" dejan al congreso y sus líderes
dependientes de la voluntad de los patriotas socialdemócratas,
quienes están atados a sus gobiernos imperialistas. Y esta
misma mayoría del congreso, que primero se metió en un
callejón sin salida con este asunto del "final más
rápido posible de la guerra", ha arribado, en lo que
concierne a la política práctica, a una conclusión
definitiva: la ofensiva. Un "pacifismo" que reagrupa a la
pequeñaburguesía y nos conduce al apoyo de la ofensiva
será naturalmente calurosamente recibida, no solamente por los
rusos, sino también por el imperialismo de la
Entente.
Miliukov, por ejemplo, dice: "En nombre de nuestra
lealtad hacia los aliados y nuestros viejos tratados (imperialistas),
la ofensiva debe inevitablemente iniciarse."
Kerensky y
Tseretelli dicen: "Aunque nuestros viejos tratados no han sido
revisados todavía, la ofensiva es inevitable."
Los
argumentos varían, pero la política es la misma. Y no
podría ser de otro modo, desde que Kerensky u Tseretelli están
inextricablemente ligados en el gobierno con el partido de
Miliukov.
El pacifismo patriótico, socialdemócrata,
de Dan, como el pacifismo cuáquero de Bryan, están por
igual, cuando llegamos a los hechos reales, al servicio de los
imperialistas.
Es por esta razón que la más
importante tarea de la diplomacia rusa no consiste en persuadir a la
diplomacia de la Entente que revise una cosa u otra, o que abrogue
tal otra, sino en convencerla de que la revolución rusa es
absolutamente confiable, y se le puede tener toda confianza.
El
embajador ruso, Bachmatiev, en su discurso al congreso de los Estados
Unidos de junio 10, también caracterizó la actividad
del gobierno provisional desde este punto de vista:
"Todos
estos acontecimientos", dijo, "nos muestran que el poder y
la importancia del gobierno provisional están creciendo cada
día, y entre más crecen más capacidad tendrá
el gobierno para expulsar a todos los elementos desintegrantes, ya
sea que provengan de la reacción o de la agitación de
la extrema izquierda. El gobierno provisional ha decidido tomar todas
las medidas posibles para lograr este fin, incluso si tiene que
recurrir a la fuerza, aunque no deja de esforzarse por una solución
pacífica a sus problemas.
No hay que dudar ni por un
momento de que el "honor nacional" de nuestros patriotas
socialdemócratas se mantuvo imperturbable mientras el
embajador de la "democracia revolucionaria" probaba
ardientemente a la plutocracia americana que el gobierno ruso estaba
listo para regar la sangre del proletariado ruso en nombre de la ley
y el orden. Entendiendo que el elemento más importante de la
ley y el orden es el apoyo leal al capitalismo de la Entente.
Y
mientras Herr Bachmatiev se hallaba con el sombrero en la mano,
dirigiéndose humildemente a las hienas de la bolsa de valores
americana, Messieurs Tseretelli y Kerensky estaban malquistando a la
"democracia revolucionaria", asegurando que era imposible
combatir la "anarquía de la izquierda" sin utilizar
la fuerza, y amenazaban con desarmar a los obreros de Petrogrado y al
regimiento que les apoyaba. Podemos ver ahora cómo estas
amenazas fueron lanzadas en el momento preciso: eran la mejor
garantía para el préstamo de EUA a Rusia.
"Vea
usted", Herr Bachmatiev podría haber dicho a Mr. Wilson,
"nuestro pacifismo revolucionario no se diferencia ni por lo
ancho de un pelo del pacifismo de su bolsa de valores. Y si ellos le
pueden creer a Mr. Bryan, ¿por qué no habrían de
creerle a Herr Tseretelli?
Fuente: Communist International, n° 5. Traducido por nosotros del inglés.
Fracción interna de la CCI - Boletín 20