TEXTOS DEL MOVIMIENTO OBRERO
León Trotsky:
EL PACIFISMO, SIRVIENTE DEL IMPERIALISMO

Publicamos a continuación un remarcable artículo de combate contra el pacifismo que fue escrito por Trotsky en la corriente del verano de 1917, manifiestamente cuando Rusia todavía estaba dirigida por el gobierno provisional de Kerenski y compañía, el cual aún estaba comprometido en la guerra.
Este artículo presenta para nosotros un doble interés :

enseguida, porque resulta ser de candente actualidad, ahora que las manifestaciones masivas, las consignas y declaraciones pacifistas no dejan de hacer eco a los ruidos de botas y cañones que se multiplican por todo el planeta; ahora que la burguesía internacional, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001, oculta cada vez menos sus intenciones de lanzarse a un nuevo enfrentamiento militar generalizado y que se prepara para ello activamente.
En su toma de posición, Trotsky subraya de entrada que, en los momentos en que la guerra se plantea para el capitalismo, hay un desarrollo sustancial del pacifismo; pero no analiza este fenómeno como una reacción sana y sincera de la sociedad contra aquélla, sino, por el contrario, como "una hipocresía específica" que se manifiesta -como se ha podido ver estos últimos años respecto a Afganistán y más claramente aún respecto a Irak- mediante la multiplicación de " resoluciones y manifiestos inofensivos" elaborados por múltiples instancias políticas, culturales y religiosas de la burguesía.
Si, en general, esta ideología "provee de una salida al ciudadano pequeñoburgués temeroso de los eventos que conmocionan al mundo", Trotsky muestra que se plantea únicamente en interés de la clase dominante. Incluso va más lejos al demostrar que se trata de un arma ideológica y política importante de la cual se sirve:

Evidentemente, el punto de vista de los marxistas sobre el pacifismo puede conducirlos solamente a un tipo de intervención: un combate abierto, determinado, sin ambigüedad ni desidia contra esta ideología y contra quienes la sostienen. Tender a tratarla ante todo como una "ilusión", tal como lo hace cada vez más la CCI "oficial", es abrir la puerta al oportunismo que trata a la clase obrera como una masa de "ciudadanos pequeñoburgueses" amedrentados a quienes la burguesía les proporciona "una salida" con el fin de consolarlos; es olvidar que, como lo dice tan claramente Trotsky, "el pacifismo tiene el mismo linaje que la democracia" y se basa como ésta en la concepción típicamente burguesa según la cual "las buenas voluntades pueden cambiar las cosas" (¿es imaginable una organización que se diga "comunista" actualmente que defienda la idea según la cual la "democracia" es solamente una simple ilusión?); eso es tender a debilitar la conciencia obrera y sobre todo su capacidad de respuesta contra la guerra que no se sitúa de ningún modo en el terreno de un combate ideológico individual (el cual es el terreno de la pequeñaburguesía) sino únicamente en el terreno de un combate histórico de clase.

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León Trotsky :
EL PACIFISMO, SIRVIENTE DEL IMPERIALISMO

Nunca hubo tantos pacifistas en el mundo como ahora, cuando en todos los países los hombres se matan entre sí. Cada época histórica tiene no solamente su propia técnica y su propia forma política, sino también una hipocresía específica. Hubo un tiempo en que los pueblos se destruían unos a otros en nombre de las enseñanzas del cristianismo del amor a la humanidad. Ahora solamente los gobiernos retrógradas apelan a Cristo. Las naciones progresistas se degüellan entre sí en nombre del pacifismo. Wilson arrastra a los Estados Unidos a la guerra en nombre de la Liga de las Naciones y la paz perpetua. Kerensky y Tseretelli claman por una ofensiva para obtener una rápida paz.
A nuestra época le hace falta la sátira indignada de un Juvenal. De cualquier modo, incluso las más agudas armas satíricas están en peligro de mostrarse impotentes e ilusorias en comparación con la infamia triunfante y la estupidez rastrera; dos elementos que fueron desencadenados por la guerra.
El pacifismo es del mismo linaje histórico que la democracia. La burguesía hizo un gran intento histórico para ordenar todas las relaciones humanas en concordancia con la razón, para reemplazar la tradición ciega y estúpida por las instituciones de pensamiento crítico. Los gremios con sus restricciones de producción, las instituciones políticas con sus privilegios, el absolutismo monárquico – todas estas eran reliquias tradicionales de la edad media. La democracia burguesa demandaba igualdad legal para la libre competencia, y el parlamentarismo como el medio para gobernar los asuntos públicos. Buscó también regular las relaciones nacionales del mismo modo. Pero en este punto se encontró con la guerra, es decir, con un método para resolver los problemas que es una completa negación de la "razón". Así que comenzó a aconsejar a los poetas, filósofos, moralistas y hombres de negocios, que sería mucho más útil para ellos introducir la paz perpetua. Estos son los argumentos lógicos del pacifismo.
El defecto heredado del pacifismo, si embargo, era el mal fundamental que caracteriza a la democracia burguesa. Su crítica toca solamente la superficie del fenómeno social, no se atreve a cortar profundo hasta los hechos económicos subyacientes. El realismo capitalista, sin embargo, maneja la idea de una paz eterna basada en la armonía de la razón, quizás más piadosamente que la idea de libertad, igualdad y fraternidad. El capitalismo, desarrolló la técnica sobre una base racional, pero fracasó en la regulación racional de las condiciones económicas. Preparó armas para la mutua exterminación que nunca habrían soñado los " bárbaros " de la época medieval.
La rápida intensificación de las condiciones internacionales, y el incesante crecimiento del militarismo, le quitaron todo basamento al pacifismo. Pero al mismo tiempo, estas mismas fuerzas le dieron al pacifismo una nueva vida ante nuestros ojos, una vida tan diferente de la anterior como un rojo ocaso difiere de un rosado amanecer.
La década que precedió a la guerra fue el periodo llamado de "la paz armada". Todo este periodo no fue en realidad otra cosa que una guerra ininterrumpida, una guerra sostenida en los dominios coloniales.
Esta guerra se llevó a cabo sobre los territorios de los pueblos atrasados y débiles; condujo a la participación de África, Polinesia y Asia, y preparó el camino para la actual guerra. Pero, como no había ocurrido ninguna guerra europea desde 1871, si bien habían ocurrido muchos pequeños pero agudos conflictos, la opinión común entre la pequeñaburguesía había sido empujada sistemáticamente a ver el crecimiento cada vez mayor del ejército como una garantía de paz, la cual gradualmente cosecharía sus frutos en un nuevo derecho internacional. En cuanto a los gobiernos capitalistas y los grandes negocios, naturalmente no tenían nada que objetar a esta interpretación "pacifista" del militarismo. Entretanto los conflictos mundiales se preparaban y la catástrofe mundial se avecinaba.
Teórica y políticamente, el pacifismo tiene las misma base que la doctrina de la armonía social entre los intereses de las diferentes clases.
La oposición entre Estados nacionales capitalistas tiene la misma base económica que la lucha de clases. Si aceptáramos la posibilidad de una gradual atenuación de la lucha de clases, entonces tendríamos que asumir también la gradual atenuación y regulación de los conflictos nacionales.
El guardián de la ideología democrática, con todas sus tradiciones e ilusiones, era la pequeñaburguesía. Durante la segunda mitad del siglo diecinueve, se había transformado internamente por completo, pero no había desaparecido de la escena. A la vez que el desarrollo de la técnica capitalista había minado permanentemente el papel económico de la pequeñaburguesía, el sufragio universal y el servicio militar obligatorio le dieron, gracias a su fuerza numérica, la apariencia de un factor político. Donde el pequeño patrono no había sido aplastado por el gran capital, estaba completamente subyugado por el sistema de crédito. Solamente les restaba a los representantes del gran capital subyugar a la pequeñaburguesía también en el plano político, sirviéndose de todas sus teorías y prejuicios y dándoles un valor ficticio. Esta es la explicación del fenómeno que se observó en los últimos diez años anteriores a la guerra, cuando el imperialismo reaccionario crecía tan terroríficamente, mientras al mismo tiempo la florida ilusión de una democracia burguesa, con todo su reformismo y pacifismo se establecía. El gran capital subyugó a la pequeñaburguesía a sus fines imperialistas por medio de sus propios prejuicios.
Francia fue el ejemplo clásico de este proceso de dos caras. Francia es un país de capital financiero apoyado sobre la base de una numerosa y generalmente conservadora pequeñaburguesía. Gracias a los empréstitos extranjeros, a las colonias, y a la alianza con Rusia e Inglaterra, el estrato superior de la población fue arrastrado tras los intereses y conflictos del mundo capitalista. Entretanto, el pequeñoburgués francés se mantuvo provinciano hasta la médula. Tiene un temor instintivo a la geografía, y a lo largo de toda su vida tuvo el mayor horror hacia la guerra, principalmente porque generalmente tiene solamente un hijo, a quien le heredará sus negocios y hacienda. Este pequeñoburgués envía a un burgués radical para que lo represente en el parlamento, para que el caballero le prometa que preservará la paz para él mediante la Liga de las Naciones por un lado y los cosacos rusos, quienes le cortarán la cabeza al káiser para él, por el otro lado. El diputado radical llega a París proveniente de su círculo de legisladores provincianos, no solamente lleno de deseos de paz, sino también con solamente nociones vagas acerca de la ubicación del Golfo Pérsico, y sin una clara idea de porqué y para quién es necesario el ferrocarril de Bagdad. De entre estos diputados "pacifistas radicales" sale un ministro radical, quien inmediatamente se encuentra enredado hasta las orejas en los entramados de todas las obligaciones diplomáticas y militares previamente tomadas por todos los variados intereses financieros de la bolsa francesa en Rusia, África y Asia. El ministro y el parlamento nunca dejan de entonar su fraseología pacifista, pero al mismo tiempo llevan a cabo automáticamente un política exterior que finalmente condujo a Francia a la guerra.
El pacifismo inglés y norteamericano, a pesar de toda la variedad de condiciones sociales e ideología (a pesar también de la carencia de cualquier ideología como en los Estados Unidos) lleva a cabo esencialmente el mismo trabajo: provee de una salida al ciudadano pequeñoburgués temeroso de los eventos que conmocionan el mundo, los que, después de todo, solamente pueden privarlo de los restos de su independencia; arrulla su vigilancia meditante inútiles nociones de desarme, derecho internacional y tribunales de arbitraje. Entonces, en un momento dado, le entregan en cuerpo y alma al imperialismo capitalista que ha movilizado ya todos los medios necesarios para su fin: es decir, conocimiento técnico, arte, religión, pacifismo burgués y "socialismo" patriótico.
"Estamos contra la guerra, nuestros diputados, nuestros ministros, todos estamos contra la guerra", grita el pequeñoburgués francés: "Sin embargo, debido a que nos han forzado a la guerra, y con el objetivo de realizar nuestros ideales pacifistas, debemos continuar la guerra hasta un final victorioso". Y el representante del pacifismo francés, Barón d´Estournel de Constant, consagra su filosofía pacifista con el solemne " jusqu´au bout!" ¡guerra hasta el fin!
Lo que el mercado accionario ingles requería por sobre todas las cosas para una conducción exitosa de la guerra, eran pacifistas como el liberal Asquith, y el demagogo radical Lloyd George. "Si estos hombres conducen la guerra" se dicen los ingleses, "entonces tenemos el derecho de nuestro lado". Y así, el pacifismo tuvo su papel asignado en el mecanismo de la guerra, tal como el gas venenoso, y la creciente pila de bonos de guerra.
En los Estados Unidos el pacifismo de la pequeñaburguesía se mostró en su verdadero papel, como sirviente del imperialismo, de un modo aún menos disfrazado. Allí, como en todas partes, eran los bancos y monopolios los que realmente conducían la política. Incluso antes de la guerra, debido al extraordinario desarrollo de la industria y del comercio de exportación, los Estados Unidos se habían estado moviendo resueltamente en dirección de los intereses mundiales y del imperialismo. Pero la guerra europea aceleró este desarrollo imperialista a un ritmo febril. Mientras que mucha gente piadosa (incluyendo a Kautsky) esperaba que los horrores de la carnicería en Europa llenara a la burguesía americana de horror hacia el militarismo, la verdadera influencia de los acontecimientos en Europa siguió una línea no psicológica, sino materialista, y condujo a los resultados contrarios. Las exportaciones de los Estados Unidos, que en 1913 totalizaron 2,466 millones de dólares, alcanzaron en 1916 el increíble cifra de 5.48 billones de dólares. Naturalmente, la parte del león de este comercio de exportación fue asignada a la industria de municiones. Entonces vino la repentina amenaza de un cese del comercio de exportación hacia los países de la Entente, al iniciarse la guerra submarina irrestricta. En 1915 la Entente había importado bienes norteamericanos hasta por 35 mil millones, mientras Alemania y Austria-Hungría habían importado apenas alrededor de 15 millones. Así que, no solamente se marcaba un disminución en las gigantescas ganancias, sino que el conjunto de la industria americana, el cual se basaba en la industria de guerra, estaba amenazado ahora por una severa crisis. Es en estas cifras que debemos buscar la clave de la división de "simpatías" en América. Así que los capitalistas demandaron al Estado: "Fuiste tú quien inició este desarrollo de la industria de guerra bajo la bandera del pacifismo, así que te corresponde ahora encontrar para nosotros un nuevo mercado". Si el Estado no estaba en una posición de prometer la "libertad de los mares" (en otras palabras, la libertad para estrujar capital de sangre humana) entonces debería abrir un nuevo mercado para las amenazadas industrias de guerra, en Estados Unidos mismos. Así que los requerimiento de la matanza europea produjeron una repentina, una catastrófica militarización de los Estados Unidos.
Este negocio tendía a levantar la oposición de las grandes masas del pueblo. Conquistar este descontento indefinido, y transformarlo en cooperación patriótica era la tarea más importante de la política doméstica de los EUA. Y fue por una extraña ironía del destino que el pacifismo oficial de Wilson, así como el pacifismo de "oposición" de Bryan, suministraron las armas más poderosas para el logro de esta tarea, es decir, el control de las masas mediante métodos militaristas.
Bryan se apresuró a expresar en voz alta el disgusto natural de los granjeros, y de toda la pequeñaburguesía hacia el imperialismo, el militarismo y el aumento en los impuestos. Pero a la vez que enviaba carretadas de peticiones y diputaciones a sus colegas pacifistas, quienes ocupaban los más altos puestos en el gobierno, Bryan también hacía todos los esfuerzos para desviar la dirección revolucionaria de este movimiento.
"Si llega la guerra", por ejemplo telegrafiaba Bryan a un mitin antiguerra que se llevaba a cabo en Chicago en febrero, "entonces, por supuesto, apoyaremos al gobierno, pero hasta ese momento es nuestro más sagrado deber hacer todo lo que esté en nuestras manos para salvar al pueblo de los horrores de la guerra". En estas pocas palabras se condensa todo el programa del pacifismo pequeñoburgués. "Todo lo que esté en nuestras manos para evitar la guerra", significa proporcionar una salida a la oposición de las masas mediante manifiestos inofensivos, en los que se le da una garantía al gobierno de que, si la guerra llega, esta oposición pacifista no le pondrá ningún obstáculo a ella.
Por supuesto, eso era todo lo que requería el pacifismo oficial personificado por Wilson, quien ya había dado suficientes pruebas a los capitalistas que estaban fabricando la guerra, de que estaba "listo para pelear". Incluso para Mr. Bryan fue suficiente esta declaración, luego de la cual dejó alegremente de lado su ruidosa oposición a la guerra; simplemente con un propósito, el de declarar la guerra. Como Mr. Wilson, Mr. Bryan se pasó apresuradamente al otro lado del gobierno. Y no sólo la pequeñaburguesía, sino también la gran masa del pueblo, se dijo a sí misma: "Si nuestro gobierno, encabezado por un pacifista de tal reputación mundial como Wilson, puede declarar la guerra, y Bryan mismo puede apoyar al gobierno en la cuestión de la guerra, entonces con toda seguridad deber tratarse de una guerra justa y necesaria." Esto explica porque el piadoso pacifismo estilo cuáquero, al cual se entregaron los demagogos que conducen el gobierno, es tan altamente valorado por el mercado de valores y los líderes de la industria de guerra.
Nuestro propio pacifismo socialrrevolucionario, menchevique, a pesar de la diferencia en las condiciones externas, jugó a su propia manera exactamente el mismo papel. La resolución sobre la guerra, que fue adoptada por una mayoría de los Consejos de obreros y soldados de toda Rusia, se fundó no solamente en los prejuicios pacifistas comúnes, sino también en las características de una guerra imperialista. El congreso declaró que la "primera y más importante tarea de la democracia revolucionaria" era el rápido final de la guerra. Pero todas estas declaraciones están dirigidas hacia un solo fin: en la medida en que los esfuerzos internacionales de la democracia han fracasado en poner un fin a la guerra, la democracia revolucionaria rusa demanda con toda su fuerza que el ejército rojo debe prepararse para pelear ya sea en defensa o atacando.
La revisión de los viejos tratados internacionales vuelven al congreso ruso dependiente de los acuerdos voluntarios con la diplomacia de la Entente, y no está en la naturaleza de estos diplomáticos liquidar el carácter imperialista de la guerra, incluso si pudieran. Los "esfuerzos internacionales de la democracia" dejan al congreso y sus líderes dependientes de la voluntad de los patriotas socialdemócratas, quienes están atados a sus gobiernos imperialistas. Y esta misma mayoría del congreso, que primero se metió en un callejón sin salida con este asunto del "final más rápido posible de la guerra", ha arribado, en lo que concierne a la política práctica, a una conclusión definitiva: la ofensiva. Un "pacifismo" que reagrupa a la pequeñaburguesía y nos conduce al apoyo de la ofensiva será naturalmente calurosamente recibida, no solamente por los rusos, sino también por el imperialismo de la Entente.
Miliukov, por ejemplo, dice: "En nombre de nuestra lealtad hacia los aliados y nuestros viejos tratados (imperialistas), la ofensiva debe inevitablemente iniciarse."
 Kerensky y Tseretelli dicen: "Aunque nuestros viejos tratados no han sido revisados todavía, la ofensiva es inevitable."
Los argumentos varían, pero la política es la misma. Y no podría ser de otro modo, desde que Kerensky u Tseretelli están inextricablemente ligados en el gobierno con el partido de Miliukov.
El pacifismo patriótico, socialdemócrata, de Dan, como el pacifismo cuáquero de Bryan, están por igual, cuando llegamos a los hechos reales, al servicio de los imperialistas.
Es por esta razón que la más importante tarea de la diplomacia rusa no consiste en persuadir a la diplomacia de la Entente que revise una cosa u otra, o que abrogue tal otra, sino en convencerla de que la revolución rusa es absolutamente confiable, y se le puede tener toda confianza.
El embajador ruso, Bachmatiev, en su discurso al congreso de los Estados Unidos de junio 10, también caracterizó la actividad del gobierno provisional desde este punto de vista:
"Todos estos acontecimientos", dijo, "nos muestran que el poder y la importancia del gobierno provisional están creciendo cada día, y entre más crecen más capacidad tendrá el gobierno para expulsar a todos los elementos desintegrantes, ya sea que provengan de la reacción o de la agitación de la extrema izquierda. El gobierno provisional ha decidido tomar todas las medidas posibles para lograr este fin, incluso si tiene que recurrir a la fuerza, aunque no deja de esforzarse por una solución pacífica a sus problemas.
No hay que dudar ni por un momento de que el "honor nacional" de nuestros patriotas socialdemócratas se mantuvo imperturbable mientras el embajador de la "democracia revolucionaria" probaba ardientemente a la plutocracia americana que el gobierno ruso estaba listo para regar la sangre del proletariado ruso en nombre de la ley y el orden. Entendiendo que el elemento más importante de la ley y el orden es el apoyo leal al capitalismo de la Entente.
Y mientras Herr Bachmatiev se hallaba con el sombrero en la mano, dirigiéndose humildemente a las hienas de la bolsa de valores americana, Messieurs Tseretelli y Kerensky estaban malquistando a la "democracia revolucionaria", asegurando que era imposible combatir la "anarquía de la izquierda" sin utilizar la fuerza, y amenazaban con desarmar a los obreros de Petrogrado y al regimiento que les apoyaba. Podemos ver ahora cómo estas amenazas fueron lanzadas en el momento preciso: eran la mejor garantía para el préstamo de EUA a Rusia.
"Vea usted", Herr Bachmatiev podría haber dicho a Mr. Wilson, "nuestro pacifismo revolucionario no se diferencia ni por lo ancho de un pelo del pacifismo de su bolsa de valores. Y si ellos le pueden creer a Mr. Bryan, ¿por qué no habrían de creerle a Herr Tseretelli?

Fuente: Communist International, n° 5. Traducido por nosotros del inglés.

Fracción interna de la CCI - Boletín 20