Continuamos la publicación de nuestra crítica al proyecto de resolución sobre la situación internacional propuesta para la Conferencia de la CC del 30 de marzo-1 abril (). Como lo hemos indicado en la primera parte de este texto (aparecido en el nº 9 del boletín de la fracción), este trabajo no pretende aportar respuestas acabadas, sino más bien plantear algunas cuestiones que no pueden ignorarse o evitarse. Estas cuestiones no "caen del cielo". Pensamos que es la brutal aceleración de los acontecimientos, tanto internos como en el plano e la situación mundial, lo que ha arrojado una luz cruda sobre cuestiones que hasta el presente la CCI y nosotros en su interior, no veíamos todavía claramente. En efecto, los principales acontecimientos de la situación mundial de los 8 últimos meses constituyen una puesta a prueba para los revolucionarios y para su capacidad de orientarse en medio de esta tormenta. En los primeros boletines de la fracción aparecen nuestras tomas de posición sobre los acontecimientos del 11 de septiembre y la huída hacia delante al militarismo, así como sobre los acontecimientos de Argentina. Por su parte, la CCI "oficial" actual ha tomado posición sobre estos mismos acontecimientos que, según nosotros, marcan a la vez una grave subestimación de la maduración en profundidad de las condiciones objetivas de la lucha de clases, tanto en el plano de la crisis económica como del militarismo, y una tendencia creciente al "indiferentismo" ante las luchas reales actuales del proletariado; subestimación e indiferentismo que hemos agrupado bajo el término de "renuncia teorizada al combate". Es esta crítica del contenido práctico e inmediatamente sensible de la intervención actual de la CCI la base del texto que sigue, intervención actual que no dudamos (véase la última parte de este texto) en calificar como oportunismo.
Sin embargo, más allá de la constatación sobre las posiciones tomadas por nuestra organización, el presente texto comienza a plantear problemas de método cuyas raíces existían ya en la CCI mucho antes de los acontecimientos mundiales actuales y que estos hicieron más abiertamente visibles. En este sentido, era inevitable que el trabajo de reflexión de nuestra fracción pasara por esta etapa "crítica", como pasaje obligado para el restablecimiento del marco teórica capaz de armarnos frente a los acontecimientos actuales y futuros. No se trata de "arrojar por la borda" todo lo que ha dicho la CCI, lo que no es nuestro objetivo, ni nuestro método, sino por el contrario retomando paciente y metódicamente las cuestiones reales y necesarias a partir de las cuales la CCI ha sido conducida particularmente- ha hablar del periodo actual como de una "fase de descomposición del capitalismo". Nos corresponde por tanto apropiarnos de lo que esta tesis tenga de justo y necesario contra la deriva y la interpretación idealista que de hecho cada vez más la CCI actual, incluido lo que se ha vuelto con los años, en tanto que "respuesta a todo" de nuestra organización ante no importa qué acontecimiento del mundo o de su vida interna. Porque es precisamente esta lectura esquemática, si no es que dogmática, del mundo real a través del único prisma de la "descomposición" ignorando las adquisiciones precedentes de la CCI y del marxismo, lo que muestra ahora su insuficiencia, frente a la aceleración de la historia.
Estamos por tanto plenamente conscientes de los límites de la presente toma de posición, cuya forma podrá ser vista como muy polémica (tanto más por cuanto se pronuncia sobre el texto de la resolución) en detrimento de una exposición desarrollada de las posiciones generales de la fracción sobre la situación mundial actual, que vamos a continuar elaborando como continuación de nuestras contribuciones precedentes (véanse boletines 4, 5 y 6). Se trata todavía de un material "en bruto", del resultado provisional de una sola discusión de la fracción sobre la resolución con ocasión de la Conferencia. Es por tanto solamente como "momento" de una discusión, que tiene su sitio en nuestro boletín, que deseamos ahora abrir a los debates en el seno del medio político proletario. Si logra favorecer la reflexión en su seno, entre los militantes de la CCI como entre otros grupos y entre los contactos no organizados del medio, habrá cumplido su tarea.
***
En los tres primeros capítulos del presente texto, hemos tratado esencialmente de la cuestión de la guerra imperialista. Hemos puesto en evidencia, cómo en nombre de un combate contra "la idea" de la "tercera guerra mundial en un futuro próximo", la resolución revelaba un rechazo a llevar a cabo un combate determinado contra la guerra real actual. Hemos también abordado los problemas de método planteados por la manera de abordar la cuestión de los bloques imperialista en el periodo actual. Finalmente hemos subrayado cómo la resolución, en nombre de la descomposición como causa de todas las cosas, terminaba por perder de vista las determinaciones de la guerra imperialista que encontraban sus causas, hoy como ayer, en las contradicciones fundamentales del modo de producción capitalista: crisis económica y competencia entre potencias imperialistas. Queremos ahora abordar la cuestión de la lucha de clases y su relación con la maduración objetiva de esas mismas contradicciones fundamentales, así como, ligado a lo que precede, la de las perspectivas, de la dinámica del periodo actual.
IV ¿Qué "curso histórico"?
Es también con el rasero de la cruzada contra
"la idea de una tercera guerra mundial en un futuro próximo que la cuestión de la relación de fuerzas entre las clases se plantea en la resolución
En tanto que el punto 4 termina con la afirmación de que
"... la clase obrera no está derrotada y no quiere marchar sometida tras los criterios de guerra de su enemigo de clase", el punto 5 se empalma al anunciar
"La enorme demostración de patriotismo en los Estados Unidos luego del ataque del 11 de septiembre hace necesario volver a examinar este fundamento central de nuestra comprensión de la situación mundial".
De entrada, abramos aquí un paréntesis: el anuncio de una
"vuelta a examinar", a la luz de los acontecimientos del 11 de septiembre, de lo que llamamos "el curso histórico a los enfrentamientos decisivos entre las clases" no puede sino llamar nuestra atención. En efecto, 11 de septiembre o no, existe desde hace algunos años en nuestro interior una tendencia cada vez más afirmada a presentar la dinámica del periodo actual como el de un "curso creciente a la descomposición", que "arruina cada día un poco más la posibilidad de la transformación revolucionaria del capitalismo por el proletariado", afirmaciones que contradicen sin cesar, pero sin decirlo jamás claramente, la perspectiva de los enfrentamientos entre las clases en la cual la CCI ha inscrito hasta el prese4nte su actividad. La existencia de esta contradicción teórica en nuestro seno ha creado, desde hace mucho tiempo, un cierto malestar entre los militantes de nuestra organización, así como en el círculo de nuestros simpatizantes. No es por nada que el antiguo SI había previsto poner la cuestión del curso histórico en el centro de los debates del 14º congreso de la CCI hace un año. Era ya entonces urgente intentar clarificar esta cuestión y permitir que, si existían dudas en nuestra organización concernientes a la perspectiva de enfrentamientos decisivos, se expresaran claramente. Ante la tendencia política que, en el seno de la CCI, hacía ya de la "descomposición" el alfa y omega de toda la situación que nos entorna (e incluso de la vida interna), se volvía urgente que nuestra organización clarificara las cosas: ¿Cuál es la perspectiva de la situación? ¿Curso a los enfrentamientos de clase o bien curso a la descomposición que determina una impotencia creciente del proletariado para responder a la aceleración de la historia? Desgraciadamente, gracias al complot montado contra este mismo antiguo SI, por la que llamamos facción liquidacionistas (facción que está al frente de esta tendencia política se puede llamar "desmoralización e impotencia"), el 14º congreso fue literalmente saboteado y se volvió incapaz de cumplir su tarea. ()
Pero, como se verá, la resolución no "reexamina" gran cosa y evita cuidadosamente plantear el problema de la contradicción entre la afirmación respecto al curso histórico a los enfrentamientos de clase y la que le contradice en nombre de la descomposición. Salvo que el centrismo que atraviesa toda la resolución, como todo centrismo, buscando quedarse con el chivo y la col, solamente hace triunfar el oportunismo. Pero terminemos el paréntesis para retomar el hilo de la resolución.
Después de haber establecido que la clase dominante americana lleva a cabo una
"política con miras a eliminar (...) la reticencia de la clase obrera americana a sacrificarse directamente por las aventuras imperialistas de los Estados Unidos" la resolución constata que
"seguramente el capitalismo americano ha hecho avances ideológicos importantes a este respecto tal como ha utilizado los acontecimientos para reforzar su aparato de vigilancia y represión (un éxito que ha encontrado eco en Europa también). Sin embargo, esto no representa una derrota histórica mundial para la clase obrera". (Punto 5).
Antes que otra cosa queremos decir que para nosotros está claro que no vivimos actualmente una "derrota histórica mundial" de la clase obrera. ¿Pero decir esto es suficiente para aprehender la dinámica de la situación?
¿Es suficiente, como lo hace el punto 5, con enumerar "razones" consideradas como pruebas que la clase "no está derrotada" y demostrar así que no estamos hoy en 1914, en tanto que los fenómenos presentes no son los de una guerra mundial que oponga a Europa contra Estados Unidos? ¿Es suficiente tranquilizarse con esta "no derrota" y concluir implícitamente que los acontecimientos actuales no cambian nada la situación y por tanto no tienen implicaciones para nuestra clase y su vanguardia?
Desdichadamente no, porque, al hacerlo, el punto 5 evito sobre todo poner sobre la mesa las únicas cuestiones que se plantean en términos de "curso histórico" y de la relación entre la guerra y la lucha de clases: Sí o no,
la dinámica de la situación
incluidos sus desarrollos militaristas actuales confirman
la perspectiva a enfrentamientos de clase? Y, especialmente, ¿la guerra se vuelve actualmente, sí o no, una condición real, concreta y
determinante en la confrontación entre las dos clases antagónicas de la sociedad?
Al evitar esta cuestión, y contentarse con buscar pruebas de que "la clase obrera se mueve todavía", la resolución se queda en su postura de partida: la lucha contra "la idea de la guerra mundial" más que la lucha concreta contra la guerra concreta. Por ello es incapaz de comprender la situación como una dinámica, un movimiento, es decir en términos de combate cuyo resultado no está ganado o perdido de antemano.
V Detrás de la minimización de la ofensiva política lanzada contra la clase obrera
En primer lugar, las razones dadas como prueba de la no
"derrota histórica mundial" consisten en buena parte en atenuar el reconocimiento de que sin embargo ha tenido
"éxito" la ofensiva política de la clase dominante americana. Enseguida y sobre todo, terminan por
negar la existencia de este ataque
en tanto que ataque de la burguesía contra el proletariado, que se vuelve necesario por la violencia de sus propias contradicciones imperialistas, es decir como un momento de la lucha de clases,
a la cual el proletariado estará y está ya obligado a responder.
De entrada, se nos dice
"la relación de fuerza (¿sin s?)
entre las clases solo puede determinarse en el ámbito internacional y sobre todo examinando el estado de la partida entre burguesía y proletariado en el corazón de los países europeos". Cierto. Pero, continúa,
"a este nivel (
) no ha habido un desbordamiento (?) de patriotismo comparable al que tuvo lugar en los Estados Unidos". ¡Qué tranquilizador!
pero no muy convincente: después de todo, si en lugar del World Trade Center (o luego de éste), la City de Londres y Notre Dame de París hubieran sido bombardeados por aviones de línea suicidas, no se ve porqué la burguesía europea se privase de orquestar los mismos "desbordamientos de patriotismo" que en los Estados Unidos.
Enseguida, un segundo argumento supuestamente distingue la situación en los Estados Unidos de la de Europa:
"por el contrario, la guerra americana en Afganistán ha suscitado una inquietud considerable en la población europea, lo que se refleja parcialmente en la amplitud del movimiento anti guerra en este continente". Esto es perfectamente cierto, pero ello no cambia en nada la realidad de la propaganda militaristas ni el avance real del militarismo en los campos de batalla. Por lo demás no habido menos "inquietud" en los Estados Unidos, comenzando por la suscitada por los atentados del 11 de septiembre mismos. La clase dominante monta con gusto el caballo de la lucha contra el militarismo
de los otros, trátese del que arma el brazo de Al Qaeda, visto desde la perspectiva americana, o de la crítica del militarismo de EU visto desde la perspectiva europea. No cambia en nada el triunfo de este militarismo. Lo que en cambio es importante reconocer, como lo hace a justo título la resolución, es que "este movimiento anti guerra" no está nutrido solamente por
"la reticencia europea a alinearse tras la campaña de guerra americana", sino que
"también es un medio de impedir toda oposición de clase a la guerra capitalista". Prueba que el proletariado está eminentemente concernido por lo que pasa y que la burguesía debe absolutamente ocupar este terreno para obstaculizar el desarrollo de una respuesta de clase en las conciencias obreras.
Más lejos, al final del punto 5, se nos explica que la burguesía "se ablanda" a causa del
"peso en negativo del proletariado sobre el desarrollo de la guerra". La prueba sería
"la manera en que la clase dominante presenta sus grandes operaciones militares" : "Ya sea en el Golfo nos explica-
en Kosovo, en Afganistán, la función real de estas guerras es sistemáticamente ocultada al proletariado no solamente al nivel de los objetivos reales de la guerra (al respecto, el capitalismo oculta siempre sus objetivos detrás de bellas frases Ah, por lo menos se ve que el autor se da cuenta de que el argumento no se sostiene, porque los verdaderos objetivos estaban igualmente "ocultos" en 1914 o en 1939, ante una clase obrera real y objetivamente derrotada-
sino incluso al nivel de saber quién es realmente el enemigo". Dicho de otro modo, el hecho de que se oculte a los proletarios la verdad de la confrontación entre las grandes potencias oculta detrás de "la guerra contra el terrorismo", este hecho supuestamente atenúa la realidad de la ofensiva antiobrera que constituye la unión sagrada que se desencadena actualmente en los Estados Unidos. Por otra parte, ni siquiera este argumento se sostiene, porque Bush ha dicho "quién es el enemigo": cuando declaró en un discurso
"¡el que no está con nosotros está contra nosotros!" no ha hecho más que designar como enemigo potencial a todo Estado extranjero que no apoyara la política de EU. He aquí pues otro argumento más francamente no convincente, que sólo aparece para minimizar lo que pasa realmente.
Finalmente se invoca que
"la burguesía es muy prudente sobre el hecho de movilizar un gran número de proletarios en estas guerras", lo que se apoya con la afirmación:
"aunque la burguesía americana haya logrado sin duda algunos éxitos significativos a este respecto, ha sido igualmente cuidadosa en minimizar las pérdidas americanas en Afganistán". ¿Ah sí? Mientras que, por el contrario, se sabe muy bien que toda la propaganda del Estado americano ha consistido en decir y repetir que hacía falta aceptar los muertos americanos, en tanto que la resolución misma acaba de decir que su objetivo es erradicar el
"síndrome de Vietnam, es decir la reticencia de la clase obrera americana a sacrificarse", he aquí que media página más lejos, la misma burguesía americana "prudentemente" habría cambiado de parecer y su política sería limitar las pérdidas americanas. No es el número de muertos americanos en esta guerra lo que es importante en la evaluación de la ofensiva antiobrera actual, sino el
cambio que constituye el llamado abierto a los sacrificios de vidas humanas de parte del Estado. Este cambio de discurso y la embriaguez nacionalista que le justifica- es en sí mismo un violento ataque político contra la clase obrera, y esto, ¡incluso si ningún "body bag" regresara de Afganistán! ¿Por qué buscar atenuar así lo que sin embargo se acaba de decir?
VI
la negación del hecho de que coloca a la clase obrera ante la necesidad de responder
Para terminar este capítulo, hay por el contrario
dos hechos objetivos y testarudos, que cita la resolución en este mismo punto 5, pero de los que se cuida muy bien de revelar todo el significado fundamental, desde el punto de vista de la confrontación entre las clases presente y futura.
- el primero, es la constatación ya citada según la cual
"el capitalismo americano (
) ha utilizado estos acontecimientos para reforzar todo su aparato de vigilancia y represión (un acontecimiento que ha encontrado un eco también en Europa)".
- el segundo es la evocación del hecho de que durante las huelgas recientes en los Estados Unidos, los sectores obreros en huelga
"hayan sido denunciados como 'no patrióticos' porque defendían sus intereses de clase".
De este segundo hecho , la resolución no sabe decir otra cosa que la constatación de que
"incluso en los Estados Unidos la marea patriótica no ha invadido todo" ¡Cierto! Pero sobre todo habría que haber dicho que no solamente las luchas obreras existen
a pesar de la guerra, sino que están obligadas a existir
contra ella. Lo que es importante en estos acontecimientos, por limitados que sean, es que las luchas obreras más defensivas por los salarios o contra los despidos NO PUEDEN IGNORAR LA GUERRA. Dicho de otra manera se llega a una situación en que la clase obrera, para llevar a cabo la menor lucha de resistencia por los salarios está obligada a ponerse "fuera de la ley" ante la unión sagrada patriótica y a oponerse abierta y radicalmente a la política del Estado capitalista. Cualesquiera que sean los prejuicios nacionalistas que pesan por el memento en el cerebro de los proletarios, la necesidad de batirse por sus intereses de clase va a contradecirlos concretamente, ya sea a cuestionar estos prejuicios y al hacerlo a politizar su lucha y colocarlo en un punto de vista internacionalista, ya sea a renunciar a defenderse sobre su terreno de clase. Es esto lo que revelan, de manera todavía muy embrionaria, estos episodios de huelgas en los Estados Unidos luego del 11 de septiembre. Cierto que es todavía embrionaria, y se puede tener confianza en las fuerzas de encuadramiento burgués, sindicatos, partidos de izquierda e izquierdistas, que estarán encargados de convencer a los huelguistas que defensa de sus intereses de clase y defensa de la patria no son tan incompatibles, con el fin de contener la crítica proletaria de la unión sagrada en límites "soportables". Pero esto anuncia de qué está constituido el porvenir: de una tendencia a la politización de las luchas obreras, no por protesta moral contra la guerra, sino simplemente
por necesidad.
En cuanto al primer hecho ¡es inverosímil que una resolución de cuatro páginas apretadas no haya consagrado una palabra más que el mendrugo de frase citado más arriba! Estamos en vías de asistir, no solamente en los Estados Unidos sino en todos los países "democráticos" desarrollados a una política abierta de endurecimiento del Estado y de reforzamiento de todos sus medios de represión como nunca desde la segunda guerra mundial. Es un viraje particularmente significativo, menos en las medidas concretas que se toman (porque los medios oficiales de vigilancia del Estado que se ocultan tras la máscara democrática están ya extremadamente desarrollados), que en el hecho de que son tomadas abiertamente y de manera escandalosa, que se vuelven la "ley oficial". La campaña de seguridad en Francia desplegada con ocasión de la campaña electoral y que tuvo como blanco la "violencia urbana" se añade a las que, en todos los países, agitan con fuerza desde el 11de septiembre la "amenaza terrorista". Los discursos sobre las "libertades individuales", los "derechos del hombre" y la "ciudadanía" pasan a segundo plano en beneficio de los que llaman a "dar a la democracia los medios de defenderse" y justifican el aumento de la cantidad de agentes, gendarmes, medidas de excepción que autorizan a la policía y la justicia a controlar sin límite la vida privada y los bienes de cualquiera que pueda ser sospechoso de "terrorismo" o incluso de interrogarlos sin el recurso de un abogado, sin hablar de las campañas contra los "abusos" de los demandantes de asilo extranjeros, etc().
¿Cuál es el sentido de esta política? ¿Por qué el Estado burgués deja caer así la máscara democrática detrás de la cual oculta su dictadura, en beneficio de la cara de la represión abierta y del terror? Si no es porque la clase dominante sabe que la situación está cargada de trastornos sociales. Sabe que los diques de la ilusión democrática están gastados y no serán suficientes ya para mantener bajo control la miseria que el capitalismo en crisis engendra. Se prepara para enfrentarlos y para ello, le hace falta ya, instaurar la jurisprudencia que le permita reprimir eficazmente todo lo que pueda amenazar su dominación y preparar el terreno en la opinión pública. Ello constituye también un amplio ataque político contra el proletariado. Pero así como la huída hacia adelante a la guerra, solamente hace más clara la violencia de las contradicciones de clase. Constituye a su vez una de las condiciones de la politización de las luchas obreras.
No es por nada que la resolución no ha revelado todo el significado de estos dos últimos fenómenos, igual que se rehúsa a establecer las consecuencias de la constatación del hecho que las campañas pacifistas son "un medio de impedir toda oposición de clase a la guerra capitalista". La resolución no quiere realmente demostrar que la perspectiva que dibuja la situación es la de confrontaciones de clase decisivas. Quiere precisamente demostrar lo inverso: el curso a la descomposición y por tanto a la pérdida progresiva de toda posibilidad para el proletariado de derrumbar al capitalismo. Toda la demostración del punto 5 sobre "la clase no derrotada" se hace, como los que le preceden, para llevar al punto 6 de la resolución.
VII El "jinete del apocalipsis" o la negación de la lucha de clases en general y de los enfrentamientos de clases por venir en particular
He aquí lo que nos dice este famoso punto 6:
"La perspectiva anunciada por el marxismo desde el siglo XIX sigue siendo socialismo o barbarie, pero la forma concreta que toma la amenaza de la barbarie es diferente de la que se esperaban los revolucionarios del siglo XX, la de la destrucción de la civilización por una única guerra imperialista. La entrada del capitalismo en la fase final de su declive, la fase de descomposición, está condicionada por la incapacidad de la clase dominante de "resolver" su crisis histórica mediante otra guerra mundial, pero conlleva peligros nuevos y más insidiosos, lo de un descenso más gradual en el caos y la autodestrucción. En tal escenario, la guerra imperialista, o más bien una espiral de guerras imperialistas, sería todavía el principal jinete del apocalipsis, pero este cabalgaría en medio de hambres, enfermedades, desastres ecológicos a escala planetaria y disolución de todos los lazos sociales".
Este pasaje revela que la demostración de la tesis:
"una guerra mundial no está al orden del día en un futuro próximo" no tenía otro objetivo que el de reducir todavía más los fenómenos del mundo real a la categoría "descomposición". Y especialmente a llevar al lector al terreno de un "escenario" donde las determinaciones fundamentales de la historia, es decir las contradicciones objetivas del capitalismo: crisis económica, competencia capitalista y contradicciones entre las clases, han desaparecido brutalmente. Y donde, de nuevo, la guerra imperialista misma no es considerada como una política de la clase dominante, desarrollada en respuesta a estas contradicciones y esto a todo lo largo del siglo XX, sino únicamente en tanto que "amenaza", "apocalipsis", "fin del mundo" o "destrucción de la civilización". (Además de que es particularmente falso y reductor caracterizar la actitud de los revolucionarios del siglo XX ante la guerra imperialista resumiéndola a esgrimir la "amenaza" de "destrucción de la civilización mediante una única guerra imperialista", como si no fuera contra la guerra imperialista real y concreta que se batieron defendiendo un internacionalismo proletario intransigente, y esto, no solamente entre las dos guerras mundiales sino ante todos los conflictos imperialistas que no han cesado desde entonces).
Vuelto "jinete del apocalipsis", la "espiral de las guerras imperialistas" actual quedaría por tanto en adelante por la sola fuerza de este encanto cuya influencia mística no se le escapará a nadie- emancipada de toda relación con el movimiento de las contradicciones reales y fundamentales del modo de producción capitalista. Al igual que quedarían emancipados todos los horrores llamados a "cabalgar" a su lado: hambres, enfermedades, desastres ecológicos
¡ni la evolución de la crisis económica, ni la de la lucha de clase tendrían de ahora en adelante la menor relación con tal proceso!
Y es lo que se confirma con lo que sigue inmediatamente:
"A diferencia de la guerra imperialista mundial, para que tal escenario pueda llegar a su conclusión, no sería necesario para el capital embarcar y derrotar a los batallones centrales de la clase obrera: estamos ya confrontados al peligro de que la clase obrera pueda ser sumergida trozo por trozo por todo el proceso de descomposición, y perder poco a poco la capacidad de actuar como una fuerza consciente antagonista al capital y a la pesadilla que éste inflinge a la humanidad."
La implacable lógica formal del razonamiento deducido de la idea de que "la clase obrera no está derrotada" es aterrorizante. Consiste en esto:
1
er tiempo : la
"clase obrera no derrotada" implica
"la incapacidad de la clase dominante para resolver su crisis histórica mediante una nueva guerra mundial";
2º tiempo: esta imposibilidad a su vez da curso libre al
"escenario de la descomposición" con todos sus feroces
"jinetes";
3
er tiempo: este
"escenario" mismo sigue un curso independiente de la evolución futura de la relación de fuerzas entre las clases, ya que podría
"llegar a su conclusión" (¿qué conclusión si no es el
"fin del mundo"?) sin que la clase dominante tenga necesidad de embarcar ni derrotar a la clase obrera de los países centrales.
En resumen, la clase obrera no está derrotada, por ello
¡es impotente ante el curso de los acontecimientos! ¡Formidable!
En esta tesis la historia es inmóvil y comenzando por las clases sociales mismas. La historia no es por tanto ya, como lo muestra el marxismo, la historia de la lucha de clases. De ahora en adelante sigue otro "escenario". A esto conduce la reducción de la realidad a algunas categorías fijas y autónomas. En el mundo del pensamiento puro todo es posible, incluso cambiar el curso de la historia con la sola fuerza de la manipulación lógica de estas categorías, simplemente porque, olvidando que éstas son siempre solamente una creación más o menos arbitraria del pensamiento, se da a estas categorías una fuerza autónoma, independiente de la evolución del mundo real tal como se desarrolla ante nuestros ojos.
Es una lástima, pero hay que llamar un gato a un gato: si "el fin de la humanidad" llega, ello querrá decir, por lo menos ¡que la clase obrera está derrotada! Y cuando se anuncia que
"tal escenario puede llegar sin que el capital haya derrotado a la clase obrera", lo que en verdad se dice es que la clase obrera podría muy bien
¡ser derrotada sin combatir! Dicho de otro modo, que la perspectiva contenida en la situación actual ¡YA NO ES la de enfrentamientos radicales y decisivos entre las clases!
Todo este punto 6 está, de principio a fin, animado de una renuncia completa al combate, no solamente en la conclusión lógica a la que llega, sino incluso en el vocabulario que emplea. Luego de haber comenzado diciendo que la ausencia de guerra mundial en un futuro próximo
"no es una fuente de consuelo", la continuación del desarrollo opone por tanto a la palabra
"consuelo", los contrarios sucesivos siguientes:
"sentimiento de un apocalipsis inminente", "fin del mundo (que) se aproxima", "amenaza", "peligros", "insidioso", "jinete del apocalipsis" y de nuevo
"peligro". "Consolar", "tranquilizar" como en el punto 5 o por el contrario "inquietar" como en este punto 6, tal es la falsa alternativa en la cual se debate la resolución, como si nuestra tarea fuera elegir entre optimismo y pesimismo, como hacen los intelectuales burgueses al disputar sobre la naturaleza "intrínsecamente buena" o "intrínsecamente mala" del "Hombre" y cuyo discurso, en uno como en otro caso solo sirve para convocar a los explotados a
resignarse al orden capitalista existente.
Por nuestra parte, pensamos, al contrario de la resolución, que si hay una perspectiva contenida en la situación actual, no es la de que
"la clase obrera pierde poco a poco la capacidad de actuar como una fuerza consciente antagonista al capital", sino por el contrario
¡que gana esta capacidad! Porque, hay que ser claro, "antagonista del capital", la clase obrera lo es por definición y desde que existe, por su posición objetiva en las relaciones de explotación capitalista. Lo que en cambio no tiene permanentemente, sino solamente en momentos particulares de la historia, es la
"capacidad de actuar como una fuerza consciente", consciente justamente del carácter irreducible de su antagonismo al capital y actuante en consecuencia. Y es únicamente con la condición de que la clase obrera
desarrolle esta "capacidad de actuar como una fuerza consciente" que el derrumbe del capitalismo es posible. Ello quiere decir que esta capacidad no es algo ya "adquirido" de lo que tendría el riesgo de "perder poco a poco", sino algo en perspectiva ante nosotros. Más precisamente por el desarrollo de una parte de esta "conciencia en la clase" (de la que hablamos en el debate de 1984, para los que están en la CCI que no han olvidado todo) de la que una serie de experiencias de enfrentamientos decisivos determina el desarrollo en las masas, y de otra parte por el hecho de que su movimiento da nacimiento a un Partido Proletario Internacional digno de este nombre.
Esta "fuerza consciente" de la clase obrera, existe por supuesto actualmente, pero está en lo esencial- concentrada en las pequeñas minorías revolucionarias que constituyen el "medio político proletario" y en las franjas también minúsculas del proletariado que aquéllas influyen más o menos. Su capacidad de actuar es en lo inmediato irrisoria. Pero si "apostamos" a la perspectiva de que el proletariado internacional gane efectivamente esta "capacidad de actuar como fuerza consciente", no es porque nuestra fracción quisiera oponer su "optimismo" al "pesimismo" de la resolución, sino por dos razones:
- La primera es que es el capital mismo el que está en vías desde ahora de reunir las condiciones para que se desarrollen, en los países más decisivos, combates de clase que serán, por necesidad, obligados a ser más determinados y más radicales que en el pasado. El proceso de agravación de la explotación capitalista, especialmente contra los proletarios de los grandes países desarrollados está en vías de conocer una aceleración violenta que obrará en el sentido de minar las bases de un gran número de ilusiones reformistas y corporativistas que las oleadas de luchas de los años 70-80 no lograron superar. Al mismo tiempo, esta violencia económica está en vías de acompañarse de una violencia política abierta del Estado burgués, lo que muestra la huída hacia adelante hacia la guerra, así como el endurecimiento del discurso y de los medios represivos estatales. Esta dimensión de la violencia política del capital participa más que todo a la maduración de las condiciones objetivas de la lucha de clases, a la revelación del reto político, y por consiguiente también de toda la dificultad, de los combates de clase.
- La segunda es que se confirma una maduración en profundidad en la emergencia de minorías en búsqueda de verdaderas posiciones de clase, en tanto que, al mismo tiempo, un movimiento de discusiones, de debate, de clarificación esta en vías de operarse en el medio político proletario existente. Incluso tenemos el atrevimiento de pensar que nuestra fracción() es una manifestación positiva de esta necesidad y de esta maduración. Estos signos muestran que existe la posibilidad existe para que la clase obrera de nacimiento a una verdadera vanguardia política capaz de jugar un papel cada vez más importante en las luchas futuras y de influir en su curso, sentando con esto las bases para la constitución del partido internacional. Muestran que la conciencia no solamente de esta posibilidad sino de esta
necesidad está en vías de abrirse paso.
VIII Luego de haber opuesto a la guerra real, la abstracción de la guerra mundial, se opone a las luchas actuales de la clase la abstracción de sus "luchas futuras"
Es en la cuarta página de la resolución que se encuentra finalmente un punto 11 que se esfuerza por plantear las cosas (especialmente la crisis, la guerra y la lucha de clases) en sus verdaderas relaciones. Se lee especialmente que:
"En el periodo que viene, la clase obrera y sobre todo la clase obrera de los principales países capitalistas será confrontada a una aceleración de la situación mundial a todos los niveles. En particular, aparecerá en la práctica el lazo profundo que existe entre crisis económica y aumento de la barbarie capitalista (
) el atolladero mortal en el cual se encuentra la economía mundial hace aumentar la presión hacia soluciones militares; el aumento vertiginoso de los presupuestos militares llama a nuevos sacrificios por parte de la clase obrera (
). Al mismo tiempo, la necesidad de justificar estos ataques tendrá como resultado nuevos ataques ideológicos contra la conciencia de la clase obrera. Los trabajadores no tendrán pues ninguna otra elección en su lucha por defender sus condiciones de vida que la de comprender el lazo entre crisis y guerra, que la de reconocer las implicaciones históricas y políticas que éste tiene para su combate."
Por desgracia, en lugar de tener una resolución construida sólidamente alrededor de esta postura, con la preocupación de concretarla en sus diferentes aspectos, tal como se desarrollan ante nuestros ojos actualmente, este punto cae al final del texto "como un cabello en la sopa" y se queda en generalidades como una profesión de fe, mientras que por el contrario todos los aspectos concretos de la situación han sido previamente colocados en otro marco de comprensión, independiente de éste: el marco de la descomposición. No es por casualidad, además, que las afirmaciones del punto 11 sean tan resueltamente conjugadas
en futuro, en oposición al un presente en el cual parece que no se osa "sumergirse" y en el cual encarnizadamente sólo se quiere ver la "descomposición". ¿No estamos ya en vías de vivir una "aceleración de la situación mundial a todos los niveles"? ¿Por qué enviar al futuro la "aparición" del lazo "profundo" entre crisis y guerra? ¿Es por tanto algo "enterrado" en el porvenir o por el contrario algo ya terriblemente visible, justamente en esta simultaneidad de la crisis y la guerra como no la hemos conocido desde los años 30? ¿Y no nos corresponde, a los revolucionarios, revelarlo sin piedad desde ahora en nuestra propaganda con el fin de expandir en nuestra clase la crítica revolucionaria del capitalismo (y no solamente una indignación moral contra "la barbarie" que no tiene gran cosa que envidiar a los editoriales de la prensa burguesa)? En cuanto a los ataques ideológicos contra la conciencia de la clase proletaria con miras a justificar tanto una como la otra (la guerra y los sacrificios exigidos a la clase obrera), ¿hay que recordar nuevamente hasta qué punto están desde ahora terriblemente presentes?
N el punto 12, seguimos en el futuro:
"Los revolucionarios pueden tener confianza en el hecho de que el curso a enfrentamientos de clase sigue abierto y que tienen un papel vital que jugar en la futura politización de las luchas obreras". El papel de los revolucionarios, es por tanto "para el futuro". ¿Es que no tienen sin embargo desde ya una responsabilidad enorme ante las minorías susceptibles de alcanzar actualmente, si quieren mañana estar a la altura de influenciar la "politización de las luchas"? En cuanto a lo demás, gracias por este llamado platónico a la "confianza" en el curso histórico, del que toda la resolución sin embargo acaba de desgastar y minar las bases, al describirnos con mucho detalle otro "escenario" ¡donde la lucha de clases está completamente ausente!
Por lo demás, el empleo del presente retoma inmediatamente sus derechos para añadir enseguida:
"Pero no están para consolar a la clase (¡nuevamente!).
El mayor peligro (¡¡nuevamente!!)
para el proletariado en el periodo venidero, es la erosión de su identidad de clase con el avance pernicioso (¡¡¡nuevamente!!!)
de la descomposición a todos los niveles". ("Consolar" o "inquietar", ¡es una manía!). He aquí, en todo caso cómo es finalmente al "escenario" del punto 6 más que a la perspectiva trazada en el punto 11, que se decide a darle la última palabra.
Pero continuemos:
"Si este proceso continúa sin freno, la clase obrera será incapaz de tener una influencia decisiva sobre los trastrocamientos políticos y sociales que se preparan inexorablemente debido a la profundización de la crisis económica mundial y de la deriva al militarismo. Los últimos acontecimientos en Argentina nos dan un cuadro claro de este peligro". ¡¡Hay que verlo!!.
IX El caso de Argentina
El caso de Argentina ilustra en efecto la postura totalmente derrotista a donde es arrastrada nuestra organización. Juzguemos: la prueba del
"avance pernicioso de la descomposición" sería que
"la clase obrera es incapaz de afirmarse como fuerza autónoma" en Argentina. Sí, es verdad, la clase obrera en Argentina no se ha afirmado como fuerza
política autónoma en un movimiento que ha arrastrado igual (e inevitablemente) a la calle a la pequeña burguesía arruinada por la crisis y que efectivamente ha sido
confrontada a la necesidad de distinguirse del terreno nacionalista y reformista en el cual, evidentemente, la burguesía, sus izquierdistas y sus demócratas al servicio han buscado encerrarle (). Cada uno puede hacer esta "fotografía" del movimiento. La cuestión es saber en qué "película" se coloca esta fotografía. () Porque ¿qué habría que haber esperado según la línea que es ahora la de la CCI? ¿a la emergencia de consejos obreros? ¿a una insurrección proletaria que derivara en un llamado a la extensión mundial de la revolución? La resolución se "asombra" de que este movimiento
"ha permitido a la burguesía tener todas las posibilidades de manipular la situación en su favor". ¿Es que por casualidad la profesión de fe sobre la "futura politización de las luchas" de la resolución significa que esperemos el día D en que el proletariado se levante en armas y ya no deje a la burguesía ninguna
"posibilidad de manipular la situación", y le prohíba especialmente apoyarse sobre las capas no proletarias pequeño burguesas en revuelta para encerrar el movimiento sobre un terreno nacionalista? ¿Es que, dado que no estamos allí, hay que considerar las manifestaciones de nuestra clase como pruebas de los "peligros perniciosos de la descomposición"? ¿Es que por casualidad "la lucha de clases" (que desgraciadamente, y puede ser significativo, tenemos tendencia en la CCI a escribir "lucha de clase" sin 's' al igual que se encuentra cada vez más frecuentemente en los escritos de la CCI "relación de fuerza", igualmente sin 's'), es solamente cuando la clase obrera no encuentra la oposición de ninguna otra clase ante ella? ¡No! Lo que muestra precisamente la "fotografía" de Argentina, es que la clase obrera ESTÁ EN VÍAS DE HACER LA EXPERIENCIA, POR NECESIDAD, DE LA POLITIZACIÓN DE SUS LUCHAS. En experiencias como los acontecimientos de Argentina, el proletariado está comprometido en un combate político contra
todos los programas burgueses, un combate político en el cual los proletarios mismos no tienen de entrada una conciencia clara (en general saben solamente lo que ya no quieren), pero es precisamente en tales combates que esta conciencia se desarrolla al mismo tiempo que la crítica y el rechazo a las respuestas burguesas a la crisis social. Pero es un proceso, que demanda todo un arco de experiencias y de luchas, todavía delante de nosotros, del que Argentina 2001 es solamente uno de los momentos. En cuanto a la capacidad de las masas obreras para oponer a todos los programas burgueses su propio programa político (el cual, hay que recordar, no es otro que la revolución proletaria internacional, ¿a menos que la CCI actual vea otro?) hasta el punto que la pequeña burguesía y las otras clases puedan alinearse detrás de éste en lugar de detrás de las consignas nacionales de "salvar a Argentina", ello sólo puede ser el producto de otra relación de fuerzas, la marca de una situación revolucionaria. Es por ello que, en tanto que no estemos allí, el movimiento sólo puede recaer dejando, en apariencia, como única ganancia los discursos nacionalistas de la clase dominante. Pero es solamente la apariencia de las cosas y solamente los inmediatistas se contentan con juzgar perentoriamente que "el movimiento no ofrece ninguna perspectiva". Podemos estar ciertos que, por mil pequeños canales, las lecciones de esta experiencia están en vías de ser trazadas en las filas proletarias, en tanto que sabemos que lejos de haber arreglado lo que sea, la violencia de la crisis continúa haciendo estragos y lanzará a la lucha de nuevo a un proletariado más advertido y determinado. Es por ello que, al contrario de la afirmación idealista con la que termina el punto 12:
"los recientes acontecimientos no deben confundirse con esas potencialidades futuras" (del proletariado argentino)", son por el contrario la expresión más real.
Una vez más, lo que muestra precisamente Argentina, no es que la clase obrera está
"en vías de perder poco a poco la capacidad de actuar como una fuerza consciente antagónica al capital" (punto 6 ya citado), sino
por el contrario que está en vías de ganarla.
Finalmente, en tanto que Argentina muestra
a la vez esta necesidad de politización como una necesidad impuesta a la clase obrera por la aceleración de la crisis económica y política de la clase dominante y
a la vez la amplitud de las dificultades de la tarea, la resolución se desvía y nuevamente opone un "futuro" ideal a este presente que nos interpela y nos llama a asumir HOY nuestras responsabilidades. Pero asumirlas era de entrada trazar de los acontecimientos de Argentina verdaderas lecciones para los proletarios de los otros países y especialmente de los grandes países desarrollados en lugar del desprecio increíble que la CCI les ha servido. Enseguida, era afirmar toda nuestra solidaridad y la del proletariado mundial con los proletarios argentinos. Y, en fin, asumir concretamente esta solidaridad real, yendo a buscar contactos, tratando de encontrar los elementos de vanguardia, que ciertamente, actualmente, con su débil voz, tratan de orientarse sobre un terreno proletario internacionalista ante los acontecimientos. Existen forzosamente, porque tal crisis económica, política y social implica que la clase obrera tienda a hacer surgir pequeñas minorías de vanguardia que se colocan sobre un terreno resueltamente obrero. Además, sabemos que existe tal tradición política en el proletariado argentino y que, especialmente en los años 80, han existido grupos en búsqueda de las posiciones de la Izquierda Comunista. Nos corresponde encontrarlos, renovar los contactos con estos elementos. Si la CCI hubiera estado a la altura, considerando que además tiene secciones en el continente americano, desde hace mucho tiempo habría buscado enviar una "expedición" a Argentina (como fue capaz de hacerlo en otras ocasiones, en los años 80, cuando después de los acontecimientos de Polonia por ejemplo buscamos activamente contactos en Europa Oriental). ¡En lugar de esto los órganos centrales actuales de la CCI envía "expediciones" contra sus propios militantes al continente americano!
X Errores de método que no son neutros
Como se ha visto, la resolución propuesta pone en evidencia serios problemas de método. Pero no solamente. Aparece cada vez más claramente que estos errores de método no son neutros y, especialmente, que están todos al servicio de renuncias y concesiones a la ideología dominante.
1) La cruzada contra "el materialismo vulgar" esconde el abandono del materialismo y la crítica marxista del capitalismo
Existe en la CCI una molesta tendencia a poner las cosas en cajones cerrados. Tal es la manera en que algunos textos, intervenciones e incluso la última resolución trata la cuestión de la relación entre la crisis y la guerra o, en general, de la relación entre lo económico y lo político, y especialmente entre las contradicciones económicas y las contradicciones imperialistas. De la preocupación justa de
distinguir dos aspectos de una realidad, se llega a considerarlos como totalmente
separados, es decir como si evolucionaran en dos esferas totalmente independientes. Y, especialmente, parece que se ha adquirido el hábito desde hace algún tiempo en la CCI de calificar como "materialismo vulgar" toda tentativa de recordar que es solamente en las relaciones económicas que se puede hallar en última instancia la clave de la comprensión de los fenómenos superestructurales que son el Estado, la guerra, la política imperialista, etc.
Porque, si bien es perfectamente justo decir por ejemplo que no hay una relación
mecánica, inmediata entre la crisis y la guerra, como lo recuerda por lo demás la resolución cuando dice:
"la intensificación de la crisis y los ataques contra las condiciones de vida de la clase obrera no coinciden mecánicamente con el desarrollo de las guerras y las tensiones imperialistas" (punto 11), y también que la política económica y comercial de una parte y la política imperialista, diplomática, militar de los Estados capitalistas por la otra
no son idénticas, también es perfectamente antimarxista pretender que ¡no habría ninguna relación entre ellas! Así, se ha tendido en la CCI a separar abstractamente "lo económico" y lo "estratégico". Olvidando que la palabra "estrategia" quiere decir esencialmente esto: una estrategia es una política construida a largo plazo, que persigue un objetivo determinado teniendo en cuenta el hecho que las condiciones de la realización de este objetivo no están inmediatamente reunidas y que se trata por tanto de actuar para reunirlas. La política imperialista sigue en general una estrategia, porque para "continuar la política por los medios de la guerra", todavía falta tener los medios, todavía falta asegurarse de que el riesgo que constituye un compromiso militar sea conducido en las mejores o en las menos malas- condiciones posibles. Es por ello que la "estrategia imperialista" no sigue mecánica e inmediatamente los azares de la bolsa o de las cifras de crecimiento (). Pero ello no impide que esté por supuesto al servicio de los intereses del capital nacional y de la defensa de éste ante los estragos de la crisis. Defensa que es, en primer lugar, la de sus ganancias, de sus mercados, de sus fuentes de aprovisionamiento, etc., y
enseguida de todos los medios políticos, diplomáticos y de coerción sobre sus zonas de influencia que sirven para garantizar su perennidad y
nada más.
La vacilación para decir esto claramente, justificada en nombre del temor de caer en el "materialismo vulgar" tiene serias implicaciones. Especialmente la de embotar siempre el filo de la crítica del capital. Dicho de otra manera, de privarnos de armas indispensables para su derrocamiento.
Más generalmente, y es particularmente chocante en esta resolución, las relaciones entre crisis, guerra y clase obrera solamente se consideran como entidades abstractas, fijas y estáticas. La guerra no se pone en relación con la crisis mas que cuando se habla de la abstracción "guerra mundial", pero sobre todo no en sus expresiones reales y concretas. La clase obrera no se considera como "freno a la guerra" a su vez más que como abstracción "clase obrera no derrotada" de lo que ya hablamos (esta abstracción de la que se termina por hacer responsable de las dificultades de la clase obrera concreta, es decir de los proletarios, seres humanos de carne y hueso actualmente). Las "potencialidades de la clase obrera" mismas son vistas como abstracciones: no se trata del movimiento real que se sucede ante nuestros ojos, sino de una fuerza absoluta, en la que "la autonomía de clase" y la "conciencia" estarían ya dadas de una vez por todas, pero que serían invisibles y esperarían solamente la ocasión para "manifestarse", como aparecen las manifestaciones de dios a los creyentes los días de fiesta. La crisis misma, en fin, no es captada en su movimiento real, su evolución concreta, también se vuelve una abstracción inmóvil: algo que desde los años 80 está "suficientemente desarrollada" para dar lugar ya sea a la guerra mundial, ya sea a la revolución. Sin embargo, ¿no hemos señalado nosotros mismos la "lentitud de la crisis", fórmula que revela claramente que su proceso todavía no está "acabado"? ¿No hemos señalado nosotros mismos cómo hasta el presente la burguesía ha encontrado los medios de diferir en el espacio (hacia la periferia) y en el tiempo (endeudamiento, etc.), los efectos de sus contradicciones económicas sobre las grandes metrópolis? Pero actualmente en lugar de sacar las consecuencias sobre el plano de la lucha de clases y de ver en los hechos de que no hubo ni la guerra mundial, ni movimientos insurreccionales en los años 80 un signo de que el proceso de la crisis no había alcanzado todavía el nivel que precipita a la sociedad en una o la otra de estas salidas, la CCI tiende a preferir explicar todo mediante el "tercero en discordia" de la descomposición. Al hacerlo, desgraciadamente al mismo tiempo ha dejado de interesarse en la evolución de la crisis real y concreta y de continuar un trabajo serio de elaboración de sus resortes, en nombre del concepto abstracto "crisis ya ampliamente grave".
Estas tres categorías abstractas mantienen pues entre ellas las relaciones inmóviles que se les ha dado arbitrariamente de una vez por todas y constituyen una esfera de razonamiento aparte, fijada en la doctrina y totalmente independiente del movimiento real de la historia, la que, sin embargo, continúa. Esta última, que es la que sin embargo nos interesa, evoluciona en otra esfera, la cual escapa a toda determinación marxista: la guerra concreta, la lucha de clases concreta no están determinadas por la crisis concreta, son ya solamente "manifestaciones de la descomposición". Es muy práctico porque precisamente la CCI no tiene ninguna intención de meter las manos en "manifestaciones de la descomposición". Solo considera su actividad en la primera esfera, en esta esfera se pretende muy "revolucionaria", muy "radical" y muy "determinada", y efectivamente no es muy difícil llevar a cabo el combate en un mundo imaginario donde solamente se enfrentan obstáculos de papel: los que se han creado en la propia imaginación y excluyendo todos los que erigen en el mundo real. Desde este punto de vista, se vuelve evidente que no son unos análisis incorrectos los que conducen a la CCI actualmente a no estar a la altura de la situación, sino que es su propia renuncia a combatir la que esta en vías de teorizar.
2- El encerramiento sectario forma parte de la renuncia al combate proletario
Hemos visto al inicio de este texto cómo la resolución ataca a los grupos existentes del medio proletario. Esto es particularmente revelador de la dramática deriva en la cual nuestra organización se deja arrastrar. Ya, en el principio, frente a acontecimientos tan graves como los del 11 de septiembre, hasta ahora la CCI había defendido siempre una política activa de apertura ante todo el medio internacionalista. Siempre había considerado que, cualesquiera que fueren los matices de análisis y de interpretación, la cuestión de la guerra era un momento particularmente importante que hacía a la vez necesaria y posible la búsqueda de la discusión con los grupos internacionalistas existentes y de ser posible de acciones comunes. No solamente la CCI se ha rehusado categóricamente a la menor acción en este sentido ante los acontecimientos a partir del 11 de septiembre, sino que ha dado prueba de un sectarismo particularmente
activo consistente en destacar al máximo su "pequeña" diferencia, es decir los punto de desacuerdo con los grupos existentes (cosa que anteriormente había condenado en los otros grupos). Vemos aquí nuevamente una política de renuncia y abandono, y especialmente de abandono de la obra de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias que había sido, desde su nacimiento, el objetivo que se había dado la CCI.
Más aún, se compromete en una política totalmente destructiva consistente en deformar a sabiendas las posiciones defendidas por los otros grupos, en caricaturizarlos, calumniarlos, como para añadir a los desacuerdos existentes otros desacuerdos imaginarias y así justificar su sectarismo. Por lo visto la crítica de los grupos políticos de vanguardia auténtica de nuestra clase se ha vuelto su razón de ser. ¿Los "parásitos" son todavía los mismos?
3- Proletariado y pequeña burguesía
El pensamiento según el cual no hay que comprometerse en un combate más que si se está seguro de ganarlo de antemano es totalmente extraño al proletariado. Pertenece por el contrario típicamente a la pequeña burguesía, la que exige siempre garantías, simplemente porque ella tiene en la sociedad capitalista tal como existe, incluso en crisis abierta, incluso en vías de pauperizarla, todavía algo que perder y porque "vale más pájaro en mano que ciento volando" es su máxima de tendero. Ella tiene el riesgo de perder en la revolución proletaria sus miserables pequeños privilegios de "clase media" que forman su vanagloria y su orgullo de no pertenecer a la "masa anónima" de los desheredados sino a una clase intelectual que tiene, más que toda otra cosa sin duda todavía, ese sentimiento de superioridad que le confiere la ilusión de la "libertad de pensar" que le atraviesa. Cree con fuerza en su "pequeño libre pensamiento" el cual cree haber arrancado con la única potencia de su cerebro individual "por encima de las masas", sin ver que su "libre pensamiento" es solamente un reflejo alienado de la dominación burguesa. Cree, como la pequeña burguesía argentina en efecto, en su propio poder de reforma del mundo con la única potencia de sus ideas "demócratas" que se imagina capaz de poner freno a la violencia de la implacable lógica capitalista que, sin embargo la tritura a ella también, al mismo tiempo que tritura a los proletarios. Los proletarios tienen conciencia de ser triturados desde hace mucho tiempo, los pequeños burgueses se imaginan que escapan gracias a su "libertad de pensamiento". En realidad, y con esto, son solamente una masa de maniobra del capital.
4- Cierto, 2001 no es 1914. Y sin embargo
La CCI actual afirma con certeza que ningún peligro de guerra mundial se presenta en un futuro próximo y, al mismo tiempo nos explica que el proletariado "no puede hacer nada" contra la guerra, tal como se presenta concretamente ante nosotros, con el pretexto de que
"la forma concreta que toma la amenaza de la barbarie es diferente de la que se esperaban los revolucionarios del siglo XX, la de la destrucción de la civilización mediante una sola guerra imperialista". ¿No nos recuerda nada esto? ¿No fue la socialdemocracia minada por el oportunismo la que tuvo en otra ocasión el mismo discurso? Ella juraba por los grandes dioses que una guerra imperialista mundial nunca podría tener lugar porque la fuerza de la Internacional estaba allí para impedirla. En tanto que se tratara solamente de la idea abstracta de la guerra, los partidos socialdemócratas no tenían ningún problema para afirmar su internacionalismo proletario, pero cuando vino la guerra real, terriblemente concreta ¿qué hicieron? Pues decir que, ya que la guerra tomaba "otra forma" la forma de una "guerra de defensa nacional" o de una "lucha contra la reacción rusa"- había que resignarse por tanto a aceptarla como un hecho cumplido. La CCI no es la Segunda Internacional, afortunadamente, tampoco estamos en agosto de 1914, y la presión de la clase dominante sobre ella no es comparable a la que hizo votar los créditos de guerra a los diputados socialdemócratas, si bien su presente renuncia al combate concreto y determinado contra la guerra imperialista, por una parte continúa sin tropiezo cohabitando con la afirmación platónica de su internacionalismo de principio, y por otra parte no representaría para nuestra clase la misma trágica traición que la de los partidos de la Segunda Internacional. Esto solamente muestra cómo, una vez más, detrás de la elaboración de nuevas "teorías" que pretenden "enriquecer el marxismo", no anida otra cosa que el oportunismo y la capitulación ante la ideología burguesa.
5- La enfermedad de la CCI
No es de "clanismo" ni de "descomposición" que está enferma la CCI. Está enferma de una enfermedad más clásica y bien conocida, pero mucho más "grave": el oportunismo.
abril / mayo 2002.