Primera toma de posición sobre la Resolución sobre la situación internacional propuesta para la Conferencia extraordinaria de 30-31 de marzo de 2002

Es hasta el viernes 29 de marzo, en vísperas de la Conferencia, que los miembros parisinos de nuestra fracción recibieron el proyecto de resolución sobre la situación internacional, acompañada de la carta del SI que les prohibía la participación en esta misma conferencia. Aún determinados a considerar nuestro combate de fracción situándolo en el interior de la CCI, decidimos poner éste en la orden del día de la reunión que tuvo nuestra fracción durante el fin de semana mismo del 30 de marzo. El texto que sigue es la primera parte de un trabajo de síntesis elaborado a partir de esta discusión. La segunda parte aparecerá en un próximo número del boletín de la fracción.
No podemos reproducir aquí el proyecto de resolución para la conferencia. Los lectores exteriores a la CCI pueden solicitárnoslo a nuestro apartado postal o a nuestro e-mail. Evidentemente, no sabemos cuáles han sido las eventuales enmiendas a la resolución que pudieron haber sido adoptadas para la conferencia. Pero podemos pensar que esta resolución será publicada en la Revista Internacional de la CCI.

La resolución sobre la situación internacional propuesta para la Conferencia del 30-31 de marzo es una resolución particularmente centrista, pero de un centrismo grosero que oculta muy mal las contradicciones que contiene. Por ello, se puede, en cierto sentido, saludarla finalmente, en la medida en que “lo falso es un momento de la verdad”. Es decir, que puede ser útil a la CCI para comprender que existe en sus orientaciones actuales cierta cantidad de problemas serios no resueltos que conducen a afirmaciones contradictorias y sobre todo que la aceleración actual de la historia real, de la realidad concreta, no le permite ya actualmente continuar ignorándolos. Ésta le revela cada día un poco más el carácter insoportable de esas contradicciones y la necesidad de confrontarlas al fin seriamente.
Armados de nuestro incurable optimismo, estamos convencidos de que esta realidad concreta, incluido el movimiento de nuestra clase, obliga actualmente a la CCI, tengan o no conciencia inmediatamente de ello la mayoría de sus militantes, a reexaminar seriamente estos problemas y contradicciones. Dicho esto, lo falso no será efectivamente "un momento de la verdad” más que con la expresa condición de que exista una voluntad de hacer tal examen, sin ostracismo y especialmente sin temer hacernos esta autocrítica implacable que, como decía Rosa Luxemburg, es vital para la clase obrera. Es por ello que, lo que no quiere, y desgraciadamente no querrá probablemente, hacer la CCI formal tal como se ha vuelto actualmente, corresponde a nuestra fracción –que pretende (así es) constituir la verdadera CCI, la continuidad de sus adquisiciones y de su método- asumirlo. De hecho, lo asume desde ahora.

Nuestra fracción ha tenido ya la ocasión en nuestros boletines anteriores de subrayar la inquietante tendencia existente desde hace cierto tiempo en la CCI de hacer de la “descomposición” el alfa y el omega de toda la realidad que se desarrolla ante nuestros ojos (no solamente del mundo que nos entorna, sino también de nuestra propia actividad). Presente desde hace mucho tiempo en nuestro seno y ya identificada –mucho antes del estallido de la crisis actual- por algunos camaradas (incluidos no miembros actualmente de nuestra fracción), esta visión política ha terminado ahora por volverse preponderante en la CCI. Lo ha hecho en efecto con el favor del golpe de Estado de la facción liquidacionista en mayo último, es decir desde el momento en que ningún contrapeso podía ya oponerse en el marco normal de la vida de la organización. Nuestra fracción h mostrado especialmente cómo esta tendencia política, que se caracteriza por el hecho de que teoriza la impotencia, y por consiguiente la renuncia al combate, ha revelado particularmente su fracaso ante los acontecimientos del 11 de septiembre y en adelante: fracaso en aprehender la situación, impotencia para actuar en su seno en un sentido revolucionario.
La resolución nos da no solamente la ocasión para volver sobre la cuestión, sino incluso para continuar nuestra reflexión e ir más lejos en este trabajo crítico. Y especialmente de constatar que nosotros (y este “nosotros” designa aquí a la CCI como un todo del que aún somos parte activa como fracción y como militantes individuales) no hemos sabido medir suficientemente en el pasado nuestras propias debilidades e insuficiencias, nuestro propio centrismo ante la tendencia de “desmoralización e impotencia” en nuestro seno, finalmente y más generalmente nuestras propias carencias de método en la aprehensión de la situación, de sus perspectivas y de nuestras tareas en su seno.
La autocrítica implacable que el desarrollo real de la historia exige que la CCI se haga a sí misma actualmente, lo exige también de nosotros, e incluso más aún, de nosotros como fracción interna de la CCI. Porque, como todas las fracciones de la historia del movimiento obrero, no podríamos pretender defender las adquisiciones programáticas de la CCI actualmente pisoteadas por su política actual, sin llevar a cabo al mismo tiempo el trabajo de balance crítico que permita comprender cómo ha llegado la CCI a ello.

I. ¿La guerra? ¿Cuál guerra?

Más de la mitad de la resolución está orientada alrededor de un eje principal y único: la demostración de que “una tercera guerra mundial no está a la orden del día en un futuro próximo”.
¿Por qué tal eje? ¿Tenemos necesidad de tranquilizarnos sobre este punto? ¿Es verdaderamente todo lo que necesitamos para asumir nuestras tareas? Y sobre todo ¿En qué nos permite esta demostración verdaderamente “comprende4r lo que este periodo contiene de nuevo y aprehender así la perspectiva real que se abre actualmente” (punto 2)? Desafortunadamente la perspectiva de la resolución no nos convence y especialmente no nos esclarece apenas sobre “la perspectiva real que se abre actualmente”. Nos parece por el contrario que esa es más bien una manera de evitar plantearse las verdaderas cuestiones, en extremo candentes, que plantea a la clase obrera y su vanguardia la evidente política de “correr hacia el precipicio” de la guerra si no de todas las grandes potencias, al menos de la primera de ellas, y sobre todo de eliminar la cuestión de nuestras responsabilidades ante tal situación.
El primer punto de la resolución se dedica en la práctica a justificar la elección de este ángulo de ataque. A pesar de que comenzaba bien, es decir partiendo de las cuestiones reales (y no imaginarias) planteadas por la situación. En efecto, afirma muy justamente que “desde el 11 de septiembre, la guerra arroja su sombra sobre la Tierra entera”. En apoyo de esta constatación terriblemente justa, son citadas la “guerra contra el terrorismo” lanzado por los EUA no solamente en Afganistán sino en todas las direcciones del mundo, el violento impulso a los presupuestos militares de Estados Unidos y la brutal caída en la guerra total de los conflictos indo-pakistaní y sobre todo israelí-palestino.
Por desgracia, aquí se detiene abruptamente la constatación de la realidad de la guerra que desde ahora está en vías de imponer al mundo la mayor potencia imperialista y de la dimensión planetaria (“la Tierra entera”) de ésta. Porque inmediatamente la resolución “parte a la guerra” pero no para lidiar con esta realidad ante nosotros, sino para lidiar con una “idea”, que se presenta de este modo:
“En el periodo que siguió inmediatamente al 11 de septiembre ha habido muchas discusiones (?) sobre la posibilidad de una tercera guerra mundial. Este término fue utilizado a cada paso en los medios y se asoció en general a la idea de un 'choque de civilizaciones', de un conflicto entre el Occidente moderno y el Islam fanático (...) Incluso hubo ecos de esta idea en algunas partes del Medio político proletario...”

La resolución se lanza de este modo en una especie de “polémica” contra quienes, medios de difusión burgueses o grupos del MPP confundidos (¡extraña manera de ponerlos en el mismo saco, además sobre una cuestión tan fundamental en términos de frontera de clase como la guerra imperialista!), en su discurso evocan –o pudieran eventualmente evocar- una tercera guerra mundial. Al hacer esto:
1) El verdadero significado de la propaganda burguesa desde el 11 de septiembre se pierde totalmente de vista, o en todo caso se minimiza terriblemente. Sin embargo, es esencial para los revolucionarios identificar y denunciar en las campañas sobre el “choque de civilizaciones”, sobre “el conflicto entre el occidente moderno y el Islam fanático” o sobre “la amenaza terrorista”, uno de los aspectos más concretos de esta “guerra que ha arrojado su sombra sobre la Tierra entera”: es decir la dimensión ideológica de una política de guerra deseada y orquestada por la clase dominante, la cual siempre tiene necesidad, para llevarla a cabo, de crear en las poblaciones y entre los proletarios “la embriaguez apropiada para la bestialidad de sus actos”. En lugar de esto, la resolución ve en esta propaganda un “machaqueo mediático sobre la tercera guerra mundial” el cual los revolucionarios deberían “refutar”: “Otras partes del medio, como el BIPR, más aptas para reconocer que lo que se oculta detrás de la campaña americana contra el Islam reside en el conflicto interimperialista entre los Estados Unidos y sus principales rivales (...) están sin embargo mal situadas para refutar el machaqueo mediático sobre la tercera guerra mundial”.
Dicho de otra manera, no se trataría de denunciar, detrás de esta propaganda, las verdaderas razones de la guerra (lo que hacen efectivamente Il Partito y el BIPR, quienes asumen así su responsabilidad de comunistas e internacionalistas), sino de reprochar a esta propaganda el que insinúe la posibilidad de una tercera guerra mundial. En breve, se le reprocha, ni más ni menos de ¡“exagerar” la gravedad de la situación actual!
Sin embargo esta propaganda es algo muy REAL, es solamente la dimensión ideológica de la “carrera hacia el precipicio” guerrera, y con esto es un componente de la política militarista burguesa tan real y concreta como los son los bombardeos en Afganistán, el incremento de los presupuestos militares y las carnicerías en el Cercano Oriente. Más aún, ésta constituye la dimensión de la guerra que, por excelencia, golpea actualmente y concierne directamente a los proletarios de los países centrales porque acomete directamente sobre sus conciencias. Y es sobre este terreno que podemos –y debemos- actualmente actuar como revolucionarios y llevar a cabo el combate contra la guerra, con nuestras débiles fuerzas actuales. En lugar de esto, la resolución dice ¿la guerra? ¿cuál guerra?. ¡Como si todo esto no fuera más que falsos semblantes y como si nuestra tarea fuera, no el combatir sobre un terreno de clase contra la guerra, sino el de tranquilizar a los proletarios contra un “machaqueo ideológico” que agitaría una amenaza sin fundamentos para causarle temor! Se encuentra por lo demás, un poco más lejos en la resolución, la constatación de que “la guerra americana en Afganistán ha suscitado una inquietud considerable en la población europea” (punto 5). ¿Esta inquietud es artificial, “fabricada”, o bien ésta justificada y fundamentada?.
De un extremo al otro, la resolución queda ambigua sobre este punto. Así, el “mal proceso” que hace la resolución a la propaganda burguesa en el punto 1 –y su esquiva del verdadero proceso que hay que hacerle- parece atenuarse a pesar de todo en el punto 5, donde se lee: “En los Estados Unidos, la atmósfera de chovinismo ha sumergido a todas las clases sociales y ha sido hábilmente utilizado (?) por la clase dominante, no solamente para desencadenar a plazo corto su 'guerra contra el terrorismo' sino para desarrollar una política a más largo plazo (subrayado por nosotros) con miras a eliminar el pretendido (¿por qué 'pretendido'?) 'síndrome de Vietnam' es decir, la reticencia de la clase obrera americana para sacrificarse directamente en las aventuras imperialistas...” Sin embargo, no solamente parece decir que “la atmósfera de chovinismo” sería un fenómeno contingente del que la clase dominante se contentaría con “utilizar hábilmente” (¡en tanto que se trata de una política voluntaria por su parte!), sino que, enseguida, se reconocen los “avances ideológicos del capitalismo americano” solamente para evacuarlos inmediatamente, clamando que “sin embargo, no representan un derrota histórica para la clase obrera”. Habría que pensar que la única cuestión que nos interesa es saber si la clase obrera está “ya derrotada” o bien “no derrotada todavía” y no colocarnos nosotros mismo como protagonistas de un combate que está ante nosotros, que no está ganado ni perdido de antemano y que se nos impone, como es impuesto a nuestra clase por la ofensiva extremadamente concreta que lleva a cabo la clase dominante contra ella.
Se nos dirá todavía que se encuentra en el punto 6 la idea de que “una tercera guerra mundial no está al orden de día en el futuro próximo, pero esto no es una fuente de consolación. Los acontecimientos del 11 de septiembre han engendrado un fuerte sentimiento de que un Apocalipsis es inminente”. ¡Qué revelador! Los revolucionarios no están ni para “inquietar” ni para “consolar” (dos formas simétricas de resignación ante el estado de cosas existente) sino para colocarse en la vanguardia de la lucha proletaria contra el orden capitalista. Lo que tienen que hacer particularmente, es por tanto ver en la aceleración actual de la historia, incluida y particularmente la guerra, un MOTIVO DE LUCHA, DE TOMA DE CONCIENCIA Y DE RADICALIZACIÓN para nuestra clase y de colocarse en la vanguardia de este movimiento. Volveremos en la segunda parte de este texto sobre este punto 6 completo, pero por desgracia hay que constatar ya que la resolución solamente teoriza la renuncia a esta tarea de vanguardia.

2) No contenta con evitar enfrentar de manera revolucionaria a la propaganda burguesa, la resolución, en busca de molinos de viento qué combatir, la emprende contra el medio político proletario. Es así como las tomas de posición del medio son caricaturizadas para las necesidades de la cruzada contra “la idea de la guerra mundial”. Así, el volante del PCI (Il Partito) que denuncia en las justificaciones ideológicas actuales alrededor de las “cruzadas religiosas”, el mismo tipo de falsa propaganda que fue necesaria en las dos guerras mundiales, es citado para intentar ridiculizar a los bordiguistas y ¡acusarlos de “hacer el eco” a las “ideas de los medios”! Se hace escándalo por una palabra, por una fórmula que, debido a que hace el paralelo con las dos primeras guerras mundiales, habla de la “tercera”, sin preocuparse por saber lo que el PCI (quien ciertamente remarca, como todo el mundo, que los GI americanos no se aprestan a desembarcar en Normandía mañana temprano) quiere decir con esa fórmula, e ignorando todo lo que este paralelo tiene de profundamente justo desde el punto de vista de la denuncia de la propaganda burguesa actual. En cuanto a los análisis del BIPR, son francamente deformados, se le atribuye “una tendencia a pensar (subrayado por nosotros) que los bloques imperialistas que amenazarían con una tercera guerra mundial están ya formados actualmente”, lo que es un puro proceso de intención, totalmente absurdo y también contradicho por una lectura seria de los escritos del BIPR. Se concede al BIPR su “aptitud para reconocer que lo que se oculta detrás de la campaña americana contra el Islam reside en el conflicto interimperialista entre los Estados Unidos y sus principales rivales” tan sólo para enseguida negarle mejor toda validez ¡juzgándolo “mal situado para refutar el machaqueo mediático sobre la 3ª guerra mundial”! De hecho, ¿nuestra resolución es verdaderamente clara por su parte de que es en la rivalidad entre los EUA y los Estados europeos donde reside la verdadera causa de la guerra actual? Más adelante se verá que, por el contrario, es de lo más confusa y contradictoria al respecto.

II. ¿La actual ausencia de bloques militares constituidos es un “obstáculo para la guerra mundial”? ¿O bien solamente un momento particular en el proceso real de la guerra imperialista, incluido en la dimensión mundial de este proceso?

El punto 4 plantea la cuestión de la ausencia de bloques militares actualmente, siempre con el objetivo explícito de hacer un argumento contra “la idea de una tercera guerra mundial en un futuro próximo”. De hecho, este punto revela serios problemas de método.
Tres explicaciones, puestas al mismo nivel, se dan al hecho de que no se haya visto, desde 1989, la reconstitución de una bipolarización del mundo en dos bloques. Éstas no son verdaderamente nuevas, y es verdad que la CCI las ha planteado en numerosas ocasiones anteriormente. Sin embargo, y justamente porque la aceleración de la historia nos obliga a una mayor exigencia de rigor, nos parece importante actualmente reexaminarlas atentamente: Una cosa salta a los ojos, (y la “guerra al mundo” declarada abiertamente por los EUA actualmente no es ciertamente ajena al hecho de que nos sea más evidente ahora que ayer): entre estas tres “razones”, la segunda es fundamental. Constituye LA clave –ineludible por el momento- que caracteriza las relaciones de fuerza imperialistas actuales. Entonces, debemos inmediatamente plantearnos la cuestión siguiente: ¿qué aportan a la demostración las otras dos “causas” destacadas? ¿Nos permiten realmente comprender mejor el carácter “nuevo” de la situación? ¿Son éstas las que hacen del periodo actual algo verdaderamente inédito? ¿Qué nos muestra la historia sobre este plano?

1) Comencemos por la “tercera razón” que se nos proporciona: “la formación de bloques imperialistas requiere también de una justificación ideológica, sobre todo con el fin de hacer marchar a la clase obrera. Tal ideología no existe actualmente”. Y se precisa más lejos: “el problema para América y sus principales rivales, es que comparten la misma ideología 'democrática', así como la ideología relacionada según la cual son aliados más que rivales”. Dicho de otro modo, cualquiera que sea la realidad bien material de las “tensiones crecientes entre los Estados Unidos y sus principales rivales” (evocadas unas líneas más arriba en el segundo inciso del mismo punto 4), he aquí que ella ¡estaría obstaculizada por la “idea”! Y especialmente ¡“la idea de que son aliados más que rivales” sería más fuerte que la rivalidad misma! He aquí una bella concesión a la visión burguesa que explica la historia por la ideología mientras que por el contrario, para un marxista, la historia de las relaciones materiales es la que da nacimiento a las superestructuras ideológicas. Por otra parte, como lo reconoce la resolución misma un poco más adelante, la propaganda anti-EU está ya en marcha en Europa como reflejo ideológico de la oposición de intereses entre los Estados europeos y Washington. No hay una “dificultad particular” para las burguesías europeas, su única “dificultad” no es otra que el hecho de que los Estados europeos no tienen actualmente –todavía- los medios militares de una política abiertamente antiamericana y es por ello que no tienen, por el momento, interés inmediatamente. Lo que no les impide hacer valer su oposición en los planos tanto de la diplomacia como de la propaganda y de la preparación de su “opinión pública”.
Además, esta insistencia sobre la “falta de cimiento ideológico” muestra que estamos un poco prisioneros en la CCI de un “esquema” que solamente ve la cuestión de la guerra mundial en los términos en que se planteaba a nuestra generación, nacida después de la segunda guerra mundial: el de un ajuste de cuentas generalizado entre los dos bloques militares que se cristalizaron durante la prolongación directa de del armisticio de 1945 y que fueron estables (al menos en lo que concierne a las zonas centrales del planeta) durante más de 40 años.
Evidentemente, para la historia burguesa oficial, el fundamento del “conflicto Este-Oeste” desde la segunda guerra mundial era el conflicto ideológico entre “comunismo” y “capitalismo”. Pero sabemos que esto era solamente la apariencia de las cosas y que la eficacia y “durabilidad” de esta justificación ideológica tenían causas históricas muy particulares y constituían el precio de la derrota de la oleada revolucionaria y de décadas de contrarrevolución estalinista. En verdad, toda la historia muestra que la forma que toma la justificación ideológica de las alianzas militares y de las guerras imperialistas es algo puramente contingente y variable, mientras que su causa real sigue siendo fundamentalmente la misma: los intereses capitalistas de los diferentes Estado que compiten entre ellos hasta el punto en que la contradicción no puede ya resolverse más que en el choque violento del enfrentamiento militar. Enseguida, la historia nos muestra igualmente que, ni la primera ni la segunda guerra mundial han tenido necesidad de pasar por la etapa de bloque duraderos, sólidamente cimentados ideológicamente y que se levanten el uno contra el otro durante décadas para estallar. En cambio los dos bloques, soviético y occidental, por muy “cimentados ideológicamente” que hubieran estado, arreglaron finalmente sus cuentas sin guerra mundial, sino a través de la sucesión de conflictos periféricos de la guerra “fría”, de la cual los Estados Unidos salieron vencedores y la URSS exangüe y hecha añicos. Razón de más para dudar del argumento según el cual habría que ver en la ausencia de “oposición ideológica” entre Europa y América un factor que hiciera imposible una tercera guerra mundial.

2) Examinemos ahora la “primera explicación”. Se dice que “este factor (el cada uno para sí) se afirma principalmente a causa de la necesidad imperativa de las grandes potencias del antiguo bloque occidental de liberarse de la dominación americana; pero también juega contra la posibilidad de que se forme un nuevo bloque que tuviera una cohesión contra los EUA”. En verdad, el problema con la fórmula “cada cual por su lado” es que, mientras que al inicio se trataba solamente de una fórmula que describía algunos fenómenos constatables desde 1989, ahora se ha vuelto en nuestro lenguaje un “factor”, dicho de otro modo, una categoría autónoma que constituye LA “causa misteriosa” de esos fenómenos. Además, hemos terminado por olvidar que el “cada cual por su lado”, (si se comprende en el sentido de las motivaciones de la política capitalista), es en verdad una constante del capitalismo, el cual es por esencia dominado por la competencia entre capitales privados y entre Estados-naciones concurrentes. Ningún bloque, alianza o reagrupamiento de fuerzas imperialistas en la historia ha sido motivado por razones altruistas, sino por ese “cada uno para sí”, es decir que siempre han constituido, en determinadas circunstancias, la mejor –o la menos mala- manera para cada Estado imperialista de defender SUS PROPIOS intereses.
Ha habido en la CCI una inversión del sentido (que probablemente se nos ha impuesto insensiblemente, sin que tomáramos claramente conciencia). Mientras que los fenómenos de “cada uno para sí” son SOLAMENTE la manifestación de la ausencia de bloques en un momento dado, se les ha vuelta una causa, ¡e incluso LA causa!. En verdad, el concepto de “la desaparición de los bloques” por una parte y el del “cada cual por su lado” para caracterizar a los años 90 por la otra, designan la misma realidad objetiva: la constatación de que cada potencia imperialista, grande o pequeña, juega su propia carta –incluso si se opone a la de sus aliados antiguos o potenciales. Este hecho no es ni la “causa” de la ausencia actual de bloques, ni siquiera la “consecuencia” de la desaparición del bloque de EU: no es otra cosa que esta desaparición misma, como consecuencia del hundimiento del bloque de la URSS.
Cuando hace ya más de diez años, el hundimiento del imperio estalinista tuvo lugar, teníamos razón de decir que éste entrañaría el estallido del bloque occidental al poner sobre la mesa el conjunto de conflictos por todas partes que dividían ya a los diferentes Estados imperialistas pero que se mantenían hasta entonces más o menos contenidos por la necesaria disciplina frente al enemigo común. Pero igualmente teníamos entonces razón de decir que es en el desarrollo de esos conflictos “liberados” de las antiguas estructuras, que se haría el proceso –inscrito en la naturaleza guerrera del capitalismo decadente- hacia nuevas alianzas imperialistas y hacia una nueva bipolarización del mundo.
Es por ello que, mientras que es una perogrullada decir que “el cada uno para sí” no hace más que “expresar la necesidad de las potencias del antiguo bloque occidental de liberarse de la dominación americana”, decir, en cambio, que ese mismo “cada uno para sí” (pasando brutalmente del esta de 'manifestación de una necesidad' al de 'causa') obstaculizaría a su vez la creación de una alianza imperialista antiEU es un absurdo. Porque en verdad, lo que nos muestra, de manera particularmente cruda, la situación actual, es exactamente lo contrario: para cada potencia europea, asiática u otra, cualquiera que sea la conciencia que tenga actualmente, y tenga o no los medios materiales de manera inmediata, no hay más que un medio, más que una vía para poder defender eficazmente sus intereses particulares contra la poderosa dominación americana: aliarse con los otros para formar un bloque anti-EU.
Este proceso es evidentemente contradictorio, como toda realidad en movimiento –lo que deberíamos saber si es que no hemos olvidado el marxismo y el carácter dialéctico de todo movimiento real. Exige que cada Estado asuma que sus rivalidades con las otras potencias vecinas (por ejemplo entre las potencias europeas) pasen a segundo plano en relación con las que tiene con EUA, pero todos los procesos de formación de bloques en la historia han sido así: momentos de “resolución” de ciertas contradicciones para dar nacimiento a nuevas contradicciones, ¡las que oponen a los bloques y alianzas nuevamente formadas! Pero realmente no hay nada nuevo aquí.
En efecto, como no quedar embargado al releer las siguientes líneas, redactadas en 1915 y que ahora tienen ya casi 90 años: Estos acontecimientos, que se sucedieron uno tras otro, crearon nuevos antagonismos fuera de Europa: entre Italia y Francia en África del Norte, entre Francia e Inglaterra en Egipto, entre Inglaterra y Rusia en Asia Central, entre Rusia y Japón en Asia Oriental, entre Japón e Inglaterra en China, entre los Estados Unidos y Japón en el Océano Pacífico –un mar en movimiento, un flujo y reflujo de oposiciones agudas y de alianzas pasajeras, de tensiones y vuelta a la calma, en medio del cual una guerra parcial amenazaba con estallar a intervalos regulares entre las potencias europeas, pero que cada vez se difería de nuevo. Desde entonces, era claro para todo el mundo:
1º. Que esta guerra de todos los Estados capitalistas, unos contra otros, sobre los hombros de los pueblos de Asia y África, guerra que se mantenía sofocada pero que incubaba sordamente, debía conducir tarde o temprano a un ajuste de cuentas general, que el viento sembrado en África y Asia debía un día abatirse de retorno sobre Europa bajo la forma de una terrible tempestad, tanto más por cuanto lo que pasaba en Asia y África tenía como consecuencia una intensificación del armamentismo en Europa.
2º. Que la guerra mundial estallaría finalmente tan pronto como las oposiciones parciales y cambiantes entre los Estados imperialistas encontrara un eje central, una oposición fuerte y preponderante alrededor de la cual pudieran condensarse temporalmente todas ellas. Esta situación se produjo cuando el imperialismo alemán hizo su aparición.”
(Folleto de Junius. Cap III, los subrayados son nuestros).

Así que “la guerra de todos los Estados capitalistas, unos contra otros” no es un fenómeno “inédito” de la historia, que sería propio de la fase actual del capitalismo. Así que ésta no constituye tampoco un “freno” a la guerra mundial sino que, por el contrario, es un momento que “debe conducir tarde o temprano a un ajuste de cuentas general”, el cual sólo puede estallar en el momento en que “las oposiciones parciales y cambiantes entre los Estados imperialistas encuentren un eje central, una oposición fuerte y preponderante alrededor de la cual puedan condensarse temporalmente todas ellas”.
Si hay un factor que se opone a tal proceso actualmente, no es que las diferencias de intereses entre Francia y Alemania por ejemplo sean, en lo absoluto, “demasiado fuertes”, o que ese misterioso “cada uno para sí” bloquearía los progresos; es lo que se dice en el segundo punto: la ENORME SUPERIORIDAD MILITAR AMERICANA. Es únicamente en relación con esta superioridad militar aplastante de los EUA, que puede tener un sentido evocar el peso de las divergencias que existen entre Francia, Alemania e Inglaterra, y no de manera “absoluta” o “definitiva”. Ante tal superioridad, una alianza militar de Europa que estuviera abiertamente dirigida contra los EUA (por ejemplo aportando un apoyo militar abierto a las partes antiamericanas en los campos de batallas del Cercano y Medio Oriente) no tendría, de manera inmediata, ninguna oportunidad de hacerle contrapeso. Sería ir al suicidio garantizado y esto lo saben bien todas las potencias, tanto como los Estados Unidos. Tal es el elemento que da a la situación su carácter inédito. Y esta realidad ineludible no es sin embargo más que un momento de un proceso, el cual no se trata de predecir si se realizará o no, sino solamente de reconocer, claramente y sin dar vueltas, de que está en marcha.
Porque el elemento que está en contradicción (contradicción dialéctica) con la tendencia a la formación de un bloque militar europeo es en realidad el mismo que le da nacimiento y lo nutre. En efecto, más los EUA se afirman como única potencia contra todas las demás, más lo hacen sobre el terreno de la violencia militarista, y más empujan a éstas a dar nacimiento a una fuerza unida opuesta a la suya y que pueda responder sobre el mismo terreno, es decir, a una alianza militar antiEUA. Al afirmarse un interés, entre más fuerte y violentamente, más empuja al desarrollo de su contrario: en este caso un bloque europeo que se refuerce sobre el plano político e imperialista y sobre todo ARMÁNDOSE. Por otra parte es lamentable que, respecto a la carrera armamentista, la resolución se quede en la sola constatación del aumento de los presupuesto militares de EU, porque sobre este plano podemos ver ya elementos que muestran que Europa está obligada a responder con un avance en el terreno de la defensa europea: avión de transporte europeo, satélites de información, GPS europeo...
Hay que reconocer sin embargo en la resolución un destello de lucidez en cuanto a este proceso real. En efecto, se lee en el punto 10: “Toda esta situación encierra la potencialidad de un desarrollo en espiral fuera de control, forzando a los Estados Unidos a intervenir cada vez más para imponer su autoridad pero multiplicando las fuerzas que están listas para batirse impugnando esta autoridad. Esto no es menos cierto cuando se trata de los principales rivales de los Estados Unidos. La 'guerra contra el terrorismo' ha tenido ya como resultado una terrible agravación de las tensiones entre los Estados Unidos y sus aliados europeos”. Y un poco más adelante: “Podemos ver en todo esto una nueva manifestación de la tendencia a la formación de bloques imperialistas alrededor de América y Europa”. Hace falta por tanto esperar hasta el punto 10 para que la cosa fuera dicha, pero.. tan sólo para añadir enseguida: Por las razones dada más arriba, las contratendencias están en progreso”. ¡Y zaz! He aquí que la categoría “cada uno por su lado” vuelve a la carga y, por la sola fuerza de su invocación, destruye el esfuerzo de comprensión materialista dialéctica que aparecía tímidamente.

III. Los fundamentos de la carrera actual hacia la guerra: ¿crisis y competencia entre Estados capitalistas o bien “descomposición” y “caos”?

La resolución dedica un punto (el 3) a la crisis económica. También éste tiene como eje la famosa cuestión de la “no tercera guerra mundial en el futuro próximo”. Lo que la lleva de entrada a contradecirse un poco, pero enseguida, a revelar, puede ser que a pesar de ella misma, el aspecto central de la situación actual y especialmente de la carrera hacia la guerra. Se encuentran sucesivamente las afirmaciones siguientes:
  1. De entrada que incluso si “las condiciones requeridas para una tercera guerra mundial no existen en el futuro próximo”, sin embargo, “no es el caso en el ámbito de la crisis económica mundial”. Dicho de otro modo, en el ámbito de la crisis, las condiciones de la guerra mundial se hallan reunidas. Idea que se retoma más lejos, al inicio del punto 4 bajo la forma “al nivel de la sola crisis económica, el capitalismo habría podido ir a la guerra durante los años 80”.
  2. que “Finalmente, (...) la (segunda) guerra mundial, a pesar del costo de muerte (...) y de destrucción (...), pudo aún producir un beneficio aparente (...): un largo periodo de reconstrucción”, en tanto que “una tercera guerra mundial significaría la destrucción de la humanidad, ni más ni menos”.
  3. que “contrariamente a los años 30, el ataque de la crisis no ha tenido como resultado inmediato una política de 'cada uno para sí' en el ámbito económico, parapetándose cada país detrás de las barreras proteccionistas. Esta reacción había sin duda acelerado el curso hacia la guerra en esa época”.
  4. que “la burguesía proclama frecuentemente que ha sacado las lecciones de los años 30 y que no permitirá ya nunca que una guerra comercial degenere directamente en guerra mundial entre las mayores potencias” y que “hay una chispa de verdad en esta afirmación, en la medida en que la estrategia del 'management' internacional de la economía ha sido mantenida a pesar de todas las rivalidades nacional-imperialistas entre las grandes potencias”.
  5. que “Sin embargo, (...) el horizonte se obscurece y el futuro de la economía mundial se vuelve cada día más incierto, lo que solamente puede agudizar las rivalidades imperialistas”.
  6. Y especialmente que “la posición extremadamente agresiva que los Estados Unidos han adoptado en el presente está ligada ciertamente a sus dificultades económicas (subrayado por nosotros). Los Estados Unidos, con su economía en mal estado estarán cada vez más obligados a recurrir a la fuerza militar para mantener su dominación sobre el mercado mundial”. Y que finalmente “la gestión burguesa 'global' de la crisis económica es por tanto extremadamente frágil y será minada crecientemente por las rivalidades a la vez económica y estratégico-militares”.
Destaca de las ideas 1 a la 4 que, aunque se piense que la crisis es desde hace mucho tiempo suficientemente grave como para impulsar a los principales Estados capitalistas hacia la guerra mundial, a fin de cuentas, eso no es tan cierto porque: Pasemos por alto la cuestión de saber si la burguesía de los países centrales se preocupa verdaderamente del riesgo de destrucción de la humanidad contenida en una nueva guerra mundial. Pasemos por alto igualmente lo extraño de que la categoría “cada uno para sí” aplicada al “terreno económico” y a los años 30 es considerada aquí como un “factor de guerra mundial”, en tanto que se vuelve en el punto 4 un “obstáculo para ésta” cuando se aplica al “terreno imperialista” y al periodo actual (véase más arriba).
Lo que en cambio es importante en este punto 3 y que nos parece completamente justo, es la constatación implícita de que los estragos de la crisis, en efecto, hasta el presente no han alcanzado el nivel en que no dejen a las principales potencias del mundo otra salida, otra política, que un ajuste de cuentas generalizado. Nos parece importante hacer esta constatación actualmente, porque especialmente permite sacar la cuestión del lazo entre crisis y guerra del dominio abstracto y estático en el cual tenemos tendencia a aislarlo en la CCI y que expresa la fórmula algo simplificadora “al nivel de la sola crisis económica, el capitalismo habría podido ir a la guerra durante los años 80”.
Esta constatación es justa, en la medida en que precisamente es dinámica y concreta y especialmente porque quiere decir: Aquí, este inicio de clarividencia se detendrá, tal como se detiene aquí toda consideración sobre la crisis y sobre las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista como motor de la historia presente y por venir.
La continuación de la resolución, en efecto, no cesa de introducir todo tipo de consideraciones que tienen en común la idea de que la guerra actual (la que se desarrolla ante nuestros ojos) está nutrida por otra dinámica diferente a la de la crisis. Algunos ejemplos: * En el punto 4, se descubre con sorpresa que Bin Laden es un “señor de guerras imperialistas” que “busca jugar un papel mundial” al “desafiar la política americana” y que esto es una “nueva confirmación” de la “fuerza de la tendencia al cada uno para sí”. ¡Por lo visto el autor de la resolución cree verdaderamente en el mito del “enemigo público nº1” fabricado para las necesidades del militarismo de EU! ¿La guerra contra el terrorismo y la lucha contra el “señor de la guerra” Bin Laden serían finalmente las razones de ser del militarismo americano? En todo caso, a esto conduce la tesis de la “fuerza misteriosa del cada uno para sí”: a reproducir simplemente la propaganda burguesa y a aportar su grano de arena a la ideología dominante ¡Es más que inquietante! * Los puntos 6 y 7 conducen a la idea de que la guerra imperialista de la época actual sería en el fondo de naturaleza diferente, debido a la “fase de descomposición” y sería parte de “peligros nuevos y más insidiosos, los de un descenso gradual en el caos y la autodestrucción”. “En tal escenario”, se nos dice también, “la guerra imperialista (...) sería aún el principal jinete del Apocalipsis, pero cabalgaría en medio de hambres, enfermedades, desastres ecológicos a escala planetaria y de la disolución de todos los lazos sociales.” ¡Aquí toda relación con la crisis y las contradicciones económicas del capitalismo ha desaparecido brutalmente! La crisis misma y su cortejo de miseria social aparentemente no forman parte de la “decoración” en la cual cabalga ese “jinete”. ¡Y menos aún, por supuesto, la lucha de clases! Volveremos más adelante sobre este punto 6 (y sobre el hecho de que es desgraciadamente la CCI la que está actualmente comprometida en una “insidiosa” deriva: la de la renuncia teorizada a todo combate de clase). Digamos ya que la lógica del razonamiento consiste en negar que sean las contradicciones económicas del sistema las que le empujan desde ahora a la guerra, en provecho de la idea de que las guerras actuales, al tomar “otra forma” diferente al enfrentamiento directo entre las grandes potencias, seguirían debido a esto una “lógica de caos” incontrolable. No están ya determinadas por la crisis y la política de los Estados capitalistas para defender sus intereses ante ella, sino por la “descomposición”, impulsada a su vez (como el “cada uno por su lado”) como una fuerza misteriosa que determina el curso de los acontecimientos. * En el punto 9, se encuentra igualmente el pasaje siguiente: “Si bien la 'guerra contra el terrorismo' revela la necesidad imperativa para los EUA de crear un orden mundial que estaría enteramente y para siempre alineado sobre sus intereses militares y económicos, ella no puede escapar al destino de todas las otras guerras de la época: ser un factor suplementario de la agravación del caos mundial, a un nivel mucho más elevado esta vez que las guerras precedentes”. Este pasaje introduce la idea de que los Estados Unidos tendrían la loable intención de luchar contra el caos, pero que, desgraciadamente, su acción lo agrava. Sin darse cuenta probablemente, el autor de la resolución llega a decir algo que no es muy diferente de toda la propaganda que se escucha en Europa: “los EUA tienen razón de declarar la guerra al terrorismo, pero lo hacen de tal forma que no hacen sino nutrirlo”. El error del razonamiento viene de que se imagina que los Estados Unidos “quieren crear un orden mundial”; pero, aún precisando que lo quieren “alineado sobre sus intereses”, ello no cambia en nada el hecho de que los Estados Unidos se ríen de las categorías morales de “orden” y “desorden”. ¡Decir que “en Afganistán, la intervención de los Estados Unidos no ha hecho nada para estabilizar al país” es un dulce eufemismo! ¿Se imagina entonces que ese era su objetivo? Y lo mismo con respecto al Cercano Oriente del que se nos dice que “su apoyo a la política ultra agresiva de Israel ante la Autoridad palestina ha contribuido finalmente a enterrar el proceso de paz de Oslo”, ¡como si no se quisiera ver que son precisamente los Estados Unidos los que efectivamente han decidido enterrar el proceso de Oslo! ¿Y por qué? Porque, efectivamente, entre las grandes potencias capitalistas del mundo, son actualmente los Estados Unidos los más obligados a la solución militar debido a la intensificación de la competencia mundial y especialmente por el cuestionamiento de su posición económica dominante por las otras potencias, y particularmente Europa. ¡Es así cómo la resolución “descubre” que el militarismo provoca destrucciones y “desorden”, que la guerra es una política que no solamente tiene implicaciones concretas en términos de “caos” y de destrucciones provocadas por sus propios ejércitos sino una política que se expone igualmente a los estragos producidos por la respuesta de los otros protagonistas! ¿Y se imagina que se trata de un fenómeno nuevo, explicable solamente por la “descomposición”? No solamente la historia de las guerras del siglo XX muestra ello, sino que es verdad ya en todas las guerras de la historia. En el siglo XX, la terrible potencia de fuego y sobre todo la estrecha interdependencia geoestratégica de todas las regiones del mundo solamente ha dado al fenómeno un carácter más extenso, violento y destructor, pero no ha esperado a la “fase de descomposición” para ser verdad. Y sobre todo, hoy como ayer, ¡ello no cambia estrictamente nada las CAUSAS de la guerra que residen aún en la crisis y en las relaciones de producción capitalistas! En la continuación de este texto, abordaremos la cuestión del “curso histórico”, dicho de otro modo, las perspectivas de la situación actual. Volveremos sobre las implicaciones para los revolucionarios de la actual aceleración de la historia que representa una confirmación –más clara que nunca- de la perspectiva de enfrentamientos de clase decisivos. Abordaremos igualmente algunas conclusiones provisionales sobre la naturaleza oportunista de la deriva en la cual está metida nuestra organización.