Algunas observaciones sobre la última reunión pública de la CCI en París (21 de septiembre del 2002), “el capitalismo es la guerra”

En primer lugar, la CCI nos ha impedido de nuevo tomar la palabra en la reunión, confirmando así a la vez su deriva oportunista y sectaria. Ante las críticas políticas planteadas por algunos asistentes sobre la posición presentada por la CCI, el presidium les ha reprochado no haber presentado ningún análisis alternativo. Entonces hemos dicho –a pesar de la prohibición de tomar la palabra- que la fracción tenía un análisis alternativo que proponer. A lo que el presidium ha respondido ¡Tú no nos importas!.
El lector puede juzgar en este número del Boletín el interés de nuestra crítica a la posición de la CCI sobre el tema de esta reunión (ver nuestra crítica a la Revista Internacional 110). Tenemos la debilidad de creer que nuestra crítica podría ser un aporte al debate y la confrontación de posiciones con miras a su clarificación. Este ha sido siempre el método y la concepción de la CCI. Actualmente les da la espalda.

En segundo lugar, remarcamos en cada nueva reunión las dificultades crecientes de la CCI para presentar una posición coherente sobre los nuevos acontecimientos. Y sobre todo, constatamos que son los... simpatizantes quienes plantean y avanzan las posiciones más justas. Mientras que las intervenciones de los miembros de la CCI eran incapaces de captar la gravedad de la situación inmediata (el peligro de guerra imperialista en Irak, la nueva situación abierta con el 11 de septiembre), los simpatizantes subrayaban su inquietud frente a la situación de guerra y frente al ataque político e ideológico que sufre la clase obrera, en particular en los países centrales del capitalismo. Y bien anclados todavía con frecuencia en las posiciones “tradicionales” de la CCI, tendían a insistir en la responsabilidad de las grandes potencias imperialistas en la agravación de los conflictos en el mundo y los retos políticos e históricos de esta situación. Mientras que la CCI hace predominar cada vez más “el cada uno para sí” y el “caos” como fatalidades en su explicación de la dinámica de guerra. Es decir, que no ve la dinámica del juego imperialista, ni el combate ideológico y político que actualmente se impone a la clase obrera mundial. Y tiende cada vez más a volverle la espalda...